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TRIBUNA

Franco vive

En apenas dos años, la izquierda ha trasladado su preocupación por los millones de niños famélicos que buscaban basura en los contenedores a luchar por desenterrar los restos mortales de Franco.

Franco vive en el corazón de millones de españoles. Y no me refiero a esos cuatro gatos que cada 20 de noviembre recuerdan la memoria del dictador en misas conmemorativas celebradas a lo largo de la geografía nacional.

Franco vive en la nostalgia de la extrema izquierda. Si los pijocomunistas politólogos disfrazados de representantes del pueblo necesitan recurrir a la figura de Franco para conseguir portadas en los medios de comunicación, es que la situación del país ya no es tan catastrófica y las encuestas internas de sus formaciones son muy negativas.

En apenas dos años, la izquierda ha trasladado su preocupación por los millones de niños famélicos que buscaban basura en los contenedores a luchar por desenterrar los restos mortales de un personaje que falleció hace casi 42 años. Es un paso muy importante, que ciudadanos que no vivieron el régimen franquista se sientan más preocupados por la memoria y los huesos de un sujeto que vivió en el siglo pasado que por la situación económica de 46 millones de ciudadanos no es casual. Con cuentas millonarias en los bancos, los abanderados del cambio acuden a la caspa del Valle de los Caídos para desviar la atención sobre las promesas de regeneración política del circo organizado en el ya lejano 15M.

Bien es cierto que miles de españoles siguen sin conocer la ubicación de los restos de sus familiares, pero es un grave problema que afecta a los dos bandos. La Ley de Memoria histórica está arrojando resultados sorprendentes. Una excavación en la Comunidad Valenciana para localizar los restos de dos represaliados republicanos finalizó con el descubrimiento de los huesos de 72 soldados de Franco asesinados por el bando rojo. La noticia fue ignorada por la mayoría de los periodistas, la realidad supera con creces la ficción manipulada de quienes pretenden ganar la Guerra Civil un siglo después.

El caso más significativo es el de García Lorca, mientras la Junta de Andalucía derrocha ingentes cantidades de dinero, su familia prefiere paralizar las excavaciones porque “no quieren saber cuantos tiros recibió Federico” y ven “con escepticismo e indignación la morbosa búsqueda de los restos del poeta”. Con mil historias sobre la muerte y posterior ubicación del cadáver, los políticos socialistas anteponen la politización de los trabajos a los expresos deseos de los descendientes.

España es un país de odio y rencor. Hasta que no superemos la Guerra Civil, no avanzaremos.

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