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TRIBUNA

Qué hacer en España

Leí una vez a Steve Bannon que la razón de que “Breitbart News” subiera como la espuma nacía de la convicción de que en los EEUU no existía un partido conservador en funcionamiento. La cosa no es diferente en España, en la que no solo no hay un partido conservador en funcionamiento sino que tampoco existe un movimiento “conservador” en marcha. Lo que hay, bien mira a una Iglesia católica que no quiere saber nada fuera de lo que es el “centro-derecha” o bien mira con envidia modelos europeos que no tienen una trasposición directa en nuestro suelo. Ahora se ha añadido el fenómeno Donald Trump y su “derecha alternativa”, un fenómeno desconocido en España y típico de la evolución del contexto estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. En otra ocasión trataremos de este asunto.

Pero lo importante es saber qué puede hacerse en España, ahora que en todo el mundo parece haberse desatado una locura psicopática, en bases a puras invenciones en torno a la política de la actual administración norteamericana, aunque sobre lo que versan en realidad es sobre las ideas fuerza de la campaña de Trump: identidad, soberanía y nacionalismo económico. Por un lado es evidente, como ya hemos dicho en numerosas ocasiones, que el eje izquierda-derecha ha dejado de tener sentido.

El conflicto de nuestra época es entre globalistas e identitarios. De ahí que los que quieren conservar su país hayan elegido a Donald Trump para liderarlos, una vez éste ha expuesto al pueblo su mensaje, y de ahí también que las élites político financieras opten cerrilmente por inmigración de puertas abiertas, liberalismo económico a mansalva y, en suma, globalización pura y dura. ¿Existe una situación análoga en España? La respuesta es sí. Pese a que los conservadores españoles –el pueblo, no los políticos autodenominados “conservadores”- siguen horrorizándose por la degeneración y estulticia colectiva de la izquierda, no debe olvidarse que, con diferentes matices e intensidades, esa misma izquierda hace causa común con el liberalismo del centro-derecha en torno a los grandes temas de la globalización; es decir, inmigración irrestricta, liberalismo económico y lucha antinacional.

Por este motivo, no es importante si tal o cual personaje de la política actual, tal o cual personaje que nos gusta, dice en tal momento esto o aquello, si no qué es lo que se proponen en profundidad y a largo plazo. Steve Bannon, al que nombrábamos al principio de este artículo, sale en portada de la revista “Time” que le etiqueta como “el gran manipulador”. No es casualidad porque Bannon pasa por ser algo más que un “aparatchik” irredento del partido republicano: es un ideólogo que está en el gabinete de asesores del presidente porque su actividad es acerca de cómo funciona el mundo. Pocas cosas tienen más consecuencias que un ideólogo con poder de decisión y dispuesto a ejercer ese poder.

La razón es que en esos personajes es en los que puede descansar los motivos últimos de una política. Es necesario por tanto no apreciar esta o aquella puesta en escena, esta o aquella acción propagandística. La historia se resuelve a base de razones profundas y acciones de calado. Es imposible, por tanto, vivir eternamente del marketing y de la propaganda, a lo sumo puede hacerse durante la campaña electoral. Pero más tiempo no.

En el caso Trump, es evidente que las élites, pese a lo detestadas que son por parte del pueblo americano, no buscan primero el “impeachment” del presidente, sino hundirle ante el propio pueblo como hicieron con LJB Johnson con el asunto de Vietnam, con Nixon mediante el escándalo “Watergate” o estuvieron a punto de hacerle a Reagan con el caso “Irán-Contra”.

¿Existen también esas élites en España? Claro que sí. En los EEUU, su odio anti-Trump nace de que aún no son capaces de entender cómo han perdido la campaña de noviembre; en Europa –y en España- supongo que habrán tomado buena nota de qué ha pasado en América. La fuerza de Trump es lo acertado del diagnóstico de su país: “no hay nación si no hay fronteras seguras”, “producir en los EEUU tiene que resultar ventajoso”, “la élite dirigente trabaja contra el pueblo”, etc. Son ideas fuerza incontestables que los nuevos censores intentarán por todos los medios que se divulguen más.  Por supuesto, también tienen grandes errores, fundamentalmente en política exterior, como el desconocimiento de Oriente Medio (y su entendimiento en clave sionista), las “zonas de exclusión”, etc. Ya veremos si saben rectificar a tiempo.

¿Qué ideas se propondrían para el caso español y cómo se formularían? Nadie parece haberlo pensado. Un signo de inmadurez personal es cuando siempre se echa la culpa a otro de los propios problemas. Alternativamente, buscar la solución siempre en otros es también un signo de inmadurez.

La pena es que a estas alturas, cuando en nuestro país el horizonte se torna cada vez más lúgubre, parece que tampoco hay un grupo pensante con voluntad de acción. Esto es algo que no se improvisa y que no vale copiarlo. Es el origen que toda la acción y dice lo mejor que puede hacerse en cada momento. Se logra con esfuerzo y trabajando mucho, algo que casi nadie parece querer hacer. Entonces pueden llegar las ayudas pero el éxito lo has traído tú. Por desgracia parece como si la reflexión profunda fuera útil para montar una empresa o un negocio, para saber donde se quiere vivir y con quién o para saber en qué queremos trabajar, pero no para dirigir la historia de una nación. Con un poco de suerte e inteligencia, seremos capaces de escarmentar en cabeza ajena. Pero la hora de España está llegando. La cosa es muy seria. El que tenga oídos que escuche.

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