Diario de Información y Análisis de Intereconomía

Adiós Pascual Tamburri, el mejor de todos

Ricardo Chamorro
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Querido Pascual, no sé cómo expresar mi profunda tristeza por tu perdida.

Has tenido que morir en primavera, dejándonos huérfanos de esperanza, una vez más. Pero todos tus escritos, tus trabajos, tus obras, tus consejos, tu profundo sentido de la patria, están presentes para darnos testimonio de tu brillantez.

El amor a Olite, a Navarra, a España y a la Europa eterna alumbrada por la luz de Roma, impregnan toda tu obra.

Tu lucha por preservar la identidad de Navarra de los falsificadores de la pistola o de la corbata, tu afán por la justicia, tu espiritualidad ignaciana, tu amor por lo sencillo, la libertad y lo rural, no te hicieron nada fácil tu vida profesional y pública, aun siendo una de las cabezas más brillantes de Navarra y de España, acreditado por tu esplendida trayectoria universitaria y de investigación. Enemigo del fariseísmo, el convencionalismo provinciano y la hipocresía política, lo tenias muy difícil.

Siempre guardare en mi recuerdo las subidas montañeras al San Donato, al Pico del Lobo, al Aneto, al Almanzor, cantando y en camaradería. Como diría tu paisano García Serrano, marchábamos de manera altiva, juvenil, tirando los pies por delante, sin respeto a las mil costumbres de este tiempo podrido.

Tampoco olvidare nuestras charlas frente a una botella de vino de Olite; como preparabas la pasta italiana, las exquisitas verduras de la rivera cocinadas por tu madre, los paseos por Olite, las cenas en Pamplona, la Plaza del Castillo, tus clases magistrales de historia y sociedad.

Como tú mismo nos decías “la muerte no es el final de nada; y la muerte, como el dolor y como tantas cosas buenas y malas, es parte de este don precioso que es la vida. No somos pura materia, y por eso para nosotros morir no es tan grave como para la gente de este mundo desquiciado”

Has muerto joven, con muchas cosas por hacer, y de manera inesperada, como lo hizo tu paisano Ángel María Pascual con quien tenias tantas cosas en común. Aquí en frente tengo el libro suyo que me regalaste editado por el Gobierno de Navarra

Te despido con un poema de Tolkien, a quien tanto venerabas:

Salido de la duda, libre de las tinieblas,

cantando al Sol galopó hacia el amanecer, desnudando la espada:

Encendió una nueva esperanza, y murió esperanzado;

fue más allá de la muerte, el miedo y el destino;

dejó atrás la ruina, y la vida, y entró en la larga gloria

Descansa en paz viejo amigo, te echaremos mucho de menos.

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