Diario de Información y Análisis de Intereconomía

Agarrados por los pujoles

Va pareciendo que la corrupción del sistema ha llegado tan hondo que está poniendo en peligro incluso la unidad nacional.

EDITORIAL
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La vicepresidenta del Gobierno ha ido a Cataluña para negociar con el gobierno separatista de esa comunidad. La vicepresidenta ha dicho que se puede negociar todo menos la independencia. El separatismo ha dicho que habrá referéndum de independencia se quiera o no. Es inconcebible. Lo normal habría sido que la vicepresidenta dijera: “o se retira la reclamación separatista, o no hay nada que negociar”. Pero no. Ha sido al revés.

No, no es normal. Nada en el caso del separatismo catalán es normal. No es normal que una comunidad autónoma vulnere sistemáticamente la Constitución durante años y el Estado no reaccione. No es normal que una comunidad proclame institucionalmente su voluntad de romper la unidad nacional y el Estado no responda sino con pleitos en tribunales. No es normal que un gobierno autonómico desvíe masivamente sus fondos para un proyecto ilegal y el Estado siga dispuesto a financiarlo. No es normal que el clan político-familiar clave en el proceso separatista, los Pujol, reúna semejante colección de imputaciones delictivas y sin embargo ninguno de sus miembros haya pisado la cárcel.

Como nada de todo esto es normal, al ciudadano no le queda otra opción que pensar que aquí hay gato encerrado. Que nos están ocultando algo. Que nos falta conocer algún dato que pueda dar sentido al sinsentido. Y como la trayectoria del separatismo catalán ha sido la que ha sido, y la de nuestro “Estado de partidos” también la conocemos, no hay más remedio que pensar que estamos ante algún tipo de chantaje político por razones de índole económica. Ya advirtió Pujol en su comparecencia ante el Parlamento autonómico sobre los riesgos de aserrar ramas en los árboles para que caigan los nidos. Y va dando la impresión de que aquí hay “nidos” por todas partes, y algunos especialmente altos.

En resumidas cuentas, va pareciendo que la corrupción del sistema ha llegado tan hondo que está poniendo en peligro incluso la unidad nacional. ¿Es así? ¿No lo es? En todo caso, los ciudadanos españoles merecen saberlo.

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