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RECONOCIÓ HABER COMETIDO 48 ASESINATOS

‘El Arropiero’, el mayor asesino en serie del siglo XX en España

Juan E. Pflüger
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Hay historias de delincuentes que no pueden entenderse sin el contrapunto del policía que lo detuvo y comprendió su forma de proceder. Este es el caso de Manuel Delgado Villegas 'El Arropiero', detenido en 1971 por Salvador Ortega, por entonces inspector de la Brigada Criminal de El Puerto (Cádiz) por su posible vinculación con dos asesinatos cometidos en esa localidad andaluza. Lo que parecía que iba a ser un caso de homicidio más acabó destapando al mayor asesino en serie del siglo XX en España.

Confesó haber matado a 48 personas, aunque la Policía sólo tuvo tiempo de vincularle con 22 crímenes y reconstruir siete antes de que la Audiencia Nacional decidiera sobreseer el caso por su estado psíquico y enviarle a una institución psiquiátrica.

'El Arropiero' cumple todos los tópicos: una infancia dura, un padre maltratador, un problema psicológico -llegó a calificársele de oligofrénico-... y una conclusión en los informes clínicos forenses: “Disfrutaba matando”.

Su detención fue, hasta cierto punto casual, como ha contado en varias ocasiones Salvador Ortega. Se recibió en la comisaría de El Puerto un aviso de desaparición de Antonia 'Toñi' Rodríguez Relinque, una joven discapacitada psíquica que frecuentaba zonas transitadas por camioneros a los que se ofrecía para realizar gratis servicios sexuales. Las primeras investigaciones de Ortega confirmaron que durante los últimos días se había visto a 'Toñi' con el 'Arropiero'. Unas semanas antes había desaparecido un joven de la localidad, Francisco Marín Ramírez, con fama de retraído y de ser homosexual. Ambos, 'Toñi' y Marín Ramírez, paraban por los mismos círculos y zonas que 'El Arropiero'.

 

Fue detenido para interrogarle, pero negó todos los hechos y dijo que no la había visto desde hacía tiempo y que, durante la tarde de su desaparición, él había estado en el cine viendo una película. El mismo Ortega ha declarado que le consideraron incapacitado e incapaz de tener relación con los crímenes. Las alertas saltaron cuando, al comprobar su coartada, en el cine donde dijo haber estado les confirmaron que no se había exhibido el título que Manuel Delgado había dicho ver.

Segundo interrogatorio y confesión

Detenido nuevamente, se le sometió a un interrogatorio de siete horas. Entonces lo contó todo. Los dos crímenes de El Puerto y un rosario de asesinatos que se habían producido en varias localidades de España, con macabras incursiones en Italia y Francia.

Manuel Delgado fue llevado al descampado donde dijo estar el cadáver de 'Toñi' y allí apareció, tapado por retamas y basura. Llevaba tres días muerta, pese a lo que el asesino no dudó en asegurar que había ido todas las noches a practicar sexo con ella. Ante los reproches de los agentes que le acompañaban se limitó a decir: “Así es mejor porque no habla”.

No sería la única afirmación de ese tipo con la que el criminal sorprendió a los investigadores del caso. El equipo, dirigido por el inspector Ortega, consiguió una confesión completa. Eran los primeros setenta, y la técnica policial no era todo lo depurada que es hoy en día. Pero el inspector asegura que él se encargó de que no se empleara la más mínima violencia con el detenido: “No convenía”. Optó por alimentar su ego, hacerle sentirse alguien importante, y acertó. La declaración salió completa.

Finalmente, los avances de Ortega en sus investigaciones llevaron a sus superiores a emprender una iniciativa, única hasta ahora en la investigación criminal en España: le propusieron recorrer los lugares en los que se habían producido todos los asesinatos para reconstruirlos junto al detenido y cuatro agentes.

En los casi tres años que duró la expedición lograron reconstruir siete de los veintidós asesinatos que la Policía relaciona con el asesino. Los otros 26 no fueron investigados tras la decisión de la Audiencia Nacional de internarle en el módulo psiquiátrico de la Cárcel de Carabanchel.

GACETA.ES se ha puesto en contacto con el inspector Ortega, quizá la persona que mejor llegó a conocer a 'El Arropiero'. Los tres años de convivencia casi diaria le llevaron a ser una de las personas que más tiempo pasó con el mayor criminal en serie de la historia de España. De él destaca su capacidad para idear coartadas, como la ya contada de las entradas de cine. O las escapadas a Francia tras asesinar en Cataluña, llegando a conseguir hasta un certificado de la embajada española en París en el que se acreditaba que llevaba meses buscando trabajo en la capital gala, cuando había llegado unas pocas horas antes.

Durante el periplo con 'El Arropiero' demostró que necesitaba sentirse alguien importante, y repetía a los agentes encargados de su custodia: “Yo no soy un cualquiera, soy alguien importante”. Tenían que reirle las gracias, aunque fueran macabras, para garantizarse su colaboración. Durante todo el tiempo, en los traslados y en las visitas a los escenarios de los crímenes lo llevaban siempre suelto, no hubiera consentido colaborar llevando esposas. Rechazaba las negativas y no soportaba ninguna insinuación a sus fallos. Aseguraba que se había dejado detener.

Quería ser el asesino con más muertes a sus espaldas. Como recuerda el inspector Ortega, en uno de los viajes en coche, un Mercury, en la radio del coche estaban emitiendo un espacio informativo. Una de las noticias era la detención en México de un asesino en serie que había matado a 78 personas. 'El Arropiero' se dirigió a Ortega y le pidió que le dejara libre tres días, que prometía volver, pero que “ese cabrón mejicano no podía matar a más gente que un español”.

El inspector ha contado a este diario que solamente se acercó a visitarle en una ocasión después, cuando ya había sido trasladado de Carabanchel al centro de Fontcalent, pero no llegó a entrevistarse con Delgado porque lo vio en muy mal estado físico, y pensó que su reencuentro podría hacer más daño que bien en el centro psiquiátrico.

Un reguero de muertes

La brutalidad de los crímenes perpetrados por 'El Arropiero' quedó clara en las reconstrucciones realizadas por los policías durante el viaje de tres años que realizaron.

Su primer crimen documentado fue el asesinato de Adolfo Folch Muntaner en la playa de Llorach. El asesino se encontró a su víctima durmiendo recostada contra un muro, le destrozó la cabeza con una piedra y le robó la cartera, el reloj y el dinero. Era el 21 de enero de 1964.

Hubo que esperar tres años, al verano de 1967, para encontrar a su segunda víctima. Una joven estudiante francesa de 21 años, Margaret Helene Boudrier. La llevó a una masía abandonada en Ibiza, allí la golpeó en repetidas ocasiones para después acuchillarla y, una vez muerta, violarla.

En julio de 1968 'El Arropiero' se encontraba en Chinchón, allí se encontró con Venancio Hérnandez Castro, un agricultor de la localidad al que pidió dinero. Ante la negativa usó “el golpe del legionario” -un golpe seco con el canto de la mano en el cuello- para matarle y arrojarle al río Tajuña.

En 1969 cometió, al menos, dos asesinatos. El primero fue el del empresario Ramón Estrada Saldrich, en Barcelona. Se conocían desde hace tiempo. El verdugo le cobraba a su víctima por mantener relaciones sexuales. En una ocasión en la que se negó a pagarle más de lo normal le asesinó usando también “el golpe del legionario”. El segundo fue en Mataró, siete meses después, la víctima fue Anastasia Borrella Moreno, de 68 años. 'El Arropiero' se acercó a ella, según confesó. Porque “tenía apetencia de mujer” y le pidió mantener relaciones. Ella se negó y le amenazó con denunciarle. Él la mató y la arrojó a un canal seco, luego la violó y ocultó el cuerpo hasta que fue encontrado unos días después por unos niños que jugaban.

En 1978, la recién creada Audiencia Nacional asumió el caso y decretó la irresponsabilidad jurídica del delincuente y su ingreso en un centro psiquiátrico. Donde permaneció hasta pocos meses antes de morir de una afección pulmonar, provocada por su tabaquismo, en febrero de 1998.

Sobre 'El Arropiero' han corrido ríos de tinta, sobre todo desde que los médicos que le estudiaron descubrieron que era un caso de trisomía sexual XYY, una alteración que en aquellos años se identificaba con un retraso mental y un empleo irracional de la violencia.

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