Diario de Información y Análisis de Intereconomía
VIOLENCIA COMPARABLE AL ISIS

Las niñas secuestradas por Boko Haram se convierten en suicidas

Hubo un tiempo en el que Occidente se movilizaba, bajo la campaña #BringBackOurGirls, contra el secuestro de niñas por parte del grupo islamista. Olvidadas por los focos mediáticos, muchas de ellas son utilizadas ahora en atentados suicidas. Esta es su historia.

 

Arturo García
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El último año y medio, la comunidad internacional permanece impávida ante las múltiples matanzas y atrocidades cometidas por el Estado Islámico tanto en Siria como en Irak. El gran foco mediático de Occidente siempre ha tenido Oriente Medio como uno de sus lugares predilectos y los yihadistas, con sus decapitaciones y aberraciones públicas, han contribuido a ello. Nigeria, sin embargo, es un país mucho más alejado de la Unión Europea y sus, incluso mayores, problemas con el terrorismo quedan fuera del radar de la información habitual.

En junio de 2014, las redes sociales se volcaban bajo el lema 'Bring back our girls' para exigir el regreso de más de doscientas niñas secuestras por los terroristas islámicos de Boko Haram. El compromiso de Occidente duró poco, pronto el mundo se olvidó de unas jóvenes que nunca fueron devueltas y nadie se preguntó quiénes eran aquellos terroristas.

Boko Haram nace a comienzos del siglo XXI al amparo de la yihad global proclamada por Bin Laden y Al Qaeda. No toma especial relevancia hasta 2009, cuando ejecuta cada vez más acciones violentas en el norte del país y comienza a creer que su objetivo, establecer un estado islámico bajo el amparo de la sharia, puede convertirse en una realidad. El norte de Nigeria es una zona musulmana y pobre, por lo que sus habitantes se convierten en el principal semillero del grupo terrorista.

En 2014, Boko Haram proclamó un califato en Borno, una región al noreste del país habitada por millones de personas, y eliminó cualquier atisbo de cultura occidental. Ahora la educación occidental está prohibida y la palabra de Alá impuesta a través de la violencia más radical y sádica. Nigeria es un conglomerado de lenguas y diversas culturas que se amontonan en apenas unos miles de kilómetros. El conflicto no se limita únicamente a musulmanes contra cristianos, pues los yihadistas no tienen problemas en atacar mezquitas pertenecientes a etnias diferentes.

Un secuestro masivo

El comienzo de 2014 no pudo ser más maquiavélico para la organización islamista. Los terroristas arrasaban con cada aldea que se encontraban a su paso y masacraban a los hombres mientras secuestraban a sus mujeres y niñas. Incluso Michelle Obama, la esposa del presidente estadounidense, se unió a la campaña que pedía su liberación y el nombre de Boko Haram copó, por primera vez en años, la escena mediática internacional.

El gran esfuerzo mediático de Occidente por frenar la violencia islamista no consiguió contagiar a las potencias mundiales para orquestar una campaña militar y frenar al grupo yihadista. Poco después, Boko Haram secuestraba a otras 90 niñas en un centro escolar al norte del país y la cifra rondaba ya las 600 personas. Algunas de ellas han podido ser liberadas, pero otras no han corrido la misma suerte: el ideario del grupo terrorista exigía encontrar un marido muyahidín o enfrentarse a Alá, que en la sharia es sinónimo de muerte.

A comienzos de 2016, el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, anunciaba la derrota de Boko Haram en Borno. Una verdad a medias: el ejército nigeriano ha logrado debilitar a la organización, incluso recuperando grandes franjas de terreno, pero el grupo terrorista parece estar todavía lejos de rendir sus armas. Las palabras del dirigente nigeriano no sentaron nada bien en la organización y al estilo del Estado Islámico, al que juraron fidelidad durante 2015, respondieron con una campaña utilizando a mujeres suicidas para matar a más de 55 personas.

Según The New York Times, una de las adolescentes se negó a inmolarse. Trató de convencer a sus compañeras, pero el temor de éstas hizo lo hizo imposible y fue abandonada en mitad del campo. La joven tenía pavor a Boko Haram, pero el miedo a matar a su padre pudo más. Finalmente fue encontrada por un grupo de voluntarios aliados con el Gobierno nigeriano.

Obligadas a perder su fe

Boko Haram tiene diversos planes para las secuestradas: algunas fueron ofrecidas al Gobierno, pero otras fueron compradas por los propios muyahidines como esclavas. A las más pequeñas, los terroristas les obligaban a perder su fe cristina y abrazar con fuerza el islam para posteriormente entrar de hecho en la organización. Hoy muchas de ellas visten el niqab y salen al fondo en los vídeos propagandísticos del grupo terrorista, incluso están dispuestas a cometer atentados en el nombre de Alá.

Según un testimonio recogido por The Guardian, Boko Haram utiliza también a esas niñas como verdugos. Los terroristas toman y someten las aldeas cristianas y quienes se encargan de quitarles la vida son las propias mujeres. Los datos de Human Rights Wacht no dejan lugar a las dudas: en 2014 fueron secuestradas más de 2.000 mujeres por los radicales islámicos nigerianos. Por suerte, muchas de ellas fueron liberadas, pero otras tantas corrieron peor destino o, tras meses de torturas, decidieron abrazar la sharia y unirse al grupo yihadista. Al igual que el Estado Islámico, Boko Haram ha montado un auténtico mercado de esclavas sexuales para sus muyahidines.

El estricto control del Gobierno nigeriano ha hecho retroceder a los radicales en varios frentes, por lo que han buscado alternativas a sus habituales atentados. Ahora Boko Haram obliga a niñas, en muchos casos de no más de diez años, a portar chalecos explosivos y accionarlos al paso de un convoy o frente a un control militar. Así se han perpetrado ya varios atentados con gran número de muertos y resultan especialmente eficaces para acabar con objetivos gubernamentales.

Al Jaezeera recogía la historia de una niña de 13 años que había sido entregada a los terroristas por la organización. Cuando fue enviada a morir, decidió acudir a la Policía en lugar de detonar la carga explosiva que portaba encima. Su testimonio sirvió para entender mejor la organización: las jóvenes son amenazadas con ser enterradas vivas si no cumplen con las órdenes. Por desgracia, los terroristas no tienen reparos en ejemplificar estas condenas en cualquier momento del día.

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