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Dolores Ibárruri, ‘La Pasionaria’

La desmemoria sobre una agente de Stalin que depuró el PCE

Juan E. Pflüger
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Dolores Ibárruri, más conocida como “La Pasionaria”, disfruta del reconocimiento de tener decenas de calles con su nombre a lo largo y ancho de la geografía española. Con ella no hay memoria histórica que valga, a pesar de haber sido agente de Stalin, responsable de purgas dentro y fuera del Partido Comunista y de haber tenido intervenciones parlamentarias con amenazas de muerte más que claras a miembros de partidos políticos de la derecha.

Quizá el hecho más conocido, que ella siempre negó, fuese la amenaza José Calvo-Sotelo en el Congreso de los Diputados solamente unas horas antes de que el político conservador fuera asesinado por socialistas tras ser secuestrado en su casa. No importa, las placas de Avenida de Dolores Ibárruri o bustos como el que hay en el Parque Amézola de Bilbao la consideran como un ejemplo cívico.

El día 11 de julio de 1936, Calvo-Sotelo fue asesinado durante la madrugada siguiente, tras un duro discurso en el que el líder de Renovación Española criticaba al Gobierno del Frente Popular por no haber sido capaz de parar la ola de crímenes políticos cometidos por militantes de partidos de izquierdas con total impunidad, “La Pasionaria” dijo: “Has hablado por última vez”. Ella siempre lo negó y el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio, no dudó en borrar la amenaza del diario de sesiones. Pero hay un testimonio que deja claro que, pese a los intentos de ocultarlo, la líder comunista había pronunciado la condena de muerte de Calvo-Sotelo.

José Tarradellas, que fue el primer presidente de la generalidad de Cataluña tras la muerte de Franco, en una entrevista realizada por Pilar Urbano para la revista Época aseguraba: “Me acuerdo del día que Dolores Ibárruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de «has hablado por última vez», porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo".

Pero no es el único testimonio. Salvador de Madariaga, que era diputado republicano, asegura en su libro “España: ensayo de historia contemporánea” que amenazó al diputado conservador.

No es su única vinculación con la violencia. En 1938, en un mitin en Valencia, justificó la represión cometida en la retaguardia republicana diciendo que “Más vale condenar a cien inocentes a que se absuelva a un solo culpable”.

Además, tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, animó al asesinato de los miembros del POUM. Y toda su cúpula directiva fue asesinada, incluido Andrés Nin, quien murio en medio de una tortura en la que participaron agentes soviéticos con los que ella mantenía contactos, como demostró José María Zavala en su libro “En busca de Andreu Nin”.

 

Por si todo esto fuera poco, usó su posición política para castigar a quienes le “traicionaban” en su vida personal. Es el caso de Francisco Antón, amante de “La Pasionaria”, 17 años menor que ella que decidió, cuando ella tenía 50 años y él 37, abandonarla para comenzar una relación con una joven francesa a la que había conocido durante su estancia en Francia. Ella consiguió que fuera encarcelado, torturado, que confesase traiciones al partido y le obligó a trabajar durante dobles turnos para que no pudiera estar con su nueva pareja ni los hijos que tuvo con ésta. Finalmente, en 1953, le denunció por haber sido un agente doble y solamente le salvó la muerte de Stalin y la paralización de las depuraciones que el dictador comunista, protector de “La Pasionaria”, realizaba desde su llegada al poder.

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