Diario de Información y Análisis de Intereconomía
'Han condenado a mi hija al fracaso'

La lucha de una madre sueca contra la inmersión en catalán

Una ciudadana sueca denuncia a La Gaceta la "incomprensible" situación de la Educación en Baleares: "Todo esto es de locos". Ha pedido “auxilio a Madrid”.

Rafael Núñez Huesca
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Los casos se multiplican, y ya no sólo en Cataluña. Una ciudadana sueca denuncia a La Gaceta la "incomprensible" situación de la Educación en Baleares: "Todo esto es de locos". Ha pedido “auxilio a Madrid”. Nadie hace nada.  

Lena Erikson (pide al redactor no publicar su nombre real) es una ciudadana sueca que, por los avatares de la vida, acabó viviendo en nuestro país. En concreto en la isla de Ibiza. Allí se estableció hace algunos años y hoy regenta un pequeño negocio.
Desde hace algunos años es mamá y ha sido desde entonces que ha descubierto con sorpresa la realidad educativa de las Islas Baleares: “¡No podemos elegir eduación en castellano para nuestros niños en la escuela pública!”.

Con la inocencia del extranjero, Erikson se ha topado con un modelo inédito en el mundo y que impide la escolarización en la lengua del Estado (en Baleares se dan dos horas y media de español a la semana, media hora más que en Cataluña). Es por eso que, ante la constatación de una situación que no alcanza a comprender, se rebeló. La Gaceta ha hablado con ella: “estamos obligados a estudiar todo en catalán, algo que si es complicado para otros españoles, imagínese para la comunidad europea”. Y denuncia el “fracaso escolar” que genera la situación. Un fracaso que también afecta a su propia hija: “los exámenes son exclusivamente en catalán, mi hija responde en castellano pero, aún conociendo las respuestas, le ponen un cero por no responder en catalán”. 

"Todo esto es de locos"

Se lamenta de que, siendo ella extranjera, muchos conceptos de Ciencias Sociales o Ciencias Naturales nunca los sabrá en castellano. Es por eso que las escuelas concertadas de la isla, por el momento parcielmente libres de las políticas del gobierno autonómico (sólo están obligadas a ofrcer el 50% de las materias en catalán), “están llenas hasta arriba”. Incluso el colegio privado (600 euros/mes) y la escuela inglesa (1.000 euros/mes) tienen largas listas de espera. Además, “no todos los padres podemos pagar ese dinero, yo no puedo”. 

La presión ambiental con el asunto ha llegado a un punto en el que, explica, incluso el turismo podría resentirse: “están destruyendo la fuente de ingresos del turismo con leyes radicales e incomprensibles, limitándolo todo con la cuestión lingüística”. 

Lena pidió “auxilio a Madrid”, mas nadie le ayudó. Sólo “después de centenares de llamadas” averiguó que existe una beca de, en el mejor de los casos 6.000 euros/año, para los padres que quieran escolarizar a sus hijos en español en colegios privados. Esto es, el Estado financia, vía becas, a los españoles que se empeñen en estudiar en español en España. Algo que para Lena es "de locos". 

Incluso las comunicaciones con los padres están exclusivamente en catalán, “salvo los recibos para pagar el material”, que también están en castellano. Es "el único documento bilingüe" que ha visto Erikson. Ella misma ha solicitido personalmente material en castellano, llegando a pedir favores a funcionarios, para poder ayudar a su hija con los deberes, para gestiones administrativas o información del comedor. Nunca nadie le prestó información en el idioma común. Después de mucho pensar ha llegado a la que considera la única explicación posible: “parece que los funcionarios del ámbito escolar odian todo que tiene que ver con el español”. Es por eso que la gente se guarda mucho de reclamar sus derechos lingüísticos: temen ser estigmatizados o, caso de ser funcionarios, perjudicar su carrera. 
Suelen ser extranjeros como Lena los que, desconocedores del ecosistema político generado por el nacionalismo, se atreven a denunciar este tipo de situaciones. La Gaceta ya denunció en su día el caso de unos padres argentinos a los que se les llegó incluso a invitar a marchar de Cataluña.

"Pedí si podían hablar en español y me dió la sensación de haber hecho algo malo..."

Las reuniones con los padres resultan esperpénticas. Son en catalán obligatoriamente, aunque, como es el caso de la clase de su hija, “la mitad de los padres no lo entiendan bien". “Sólo los catalanes y los ibicencos atienden, el resto nos sentimos humillados, permanecemos sentados sin comprender nada. No sabemos qué está ocurriendo con nuestros hijos”. 

Confiesa que en la primera reunión tuvo la desagradable sensación de que no querían que estuviera allí. Quizá porque, comprobando que más de la mitad de los padres eran extranjeros o del resto de España, pidió que se hablara en castellano. Al día siguiente, a primera hora de la mañana, la directora la citó. “Estaba muy enfadada , me dijo que yo no podía cambiar el reglamento de la escuela. Me dió la sensación de haber hecho algo malo, pero en aquél momento aún no comprendía qué era, yo sólo había aplicado el sentido común: si todos comprendemos el español y sólo algunos el catalán, ¿por qué no emplear el español?”. 

Clasismo lingüístico

Denuncia que se genera una suerte de clasismo idiomático: “se crea un elite de catalanoparlanetes que tienen más posibilidades de estar en “primer plano”, que pueden expresarse bien en el idioma, etc...”. Un clasismo del que son víctimas los padres pero, sobre todo, los niños que no tienen como lengua materna el catalán: “llegan a entenderlo, pero no se expresan bien, lo hacen con menos seguridad, y como están menos seguros hablan menos, y como hablan menos… es un circulo vicioso que acaba perjudicándoles”.  

Y habla de su experiencia personal a nivel internacional: “Yo he aprendido español, que era el idioma que creía que podría ser útil en España. Si vas a cualquier país de la Comunidad Europea no tienes que aprender más que un idioma”. Y advierte del rechazo que puede acabar generando la imposición del catalán: “Yo hablo idiomas, en otras circunstancias me habría interesado por la cultura y el idioma catalán, pero no así... no así”. 

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