Diario de Información y Análisis de Intereconomía
EL FRENTE NACIONAL SEÑALA SUS FALLAS

La incapacidad del Estado de Emergencia para controlar la seguridad en Francia

Arturo García
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Desde los atentados de París, el Gobierno socialista mantiene el nivel de alerta antiterrorista al máximo pero los incidentes se repiten. ¿Por qué? Éric Zemmour explica los motivos.

La seguridad es la principal preocupación de los franceses. Las encuestas así lo demuestran y todos los candidatos han centrado parte de su discurso en la idea de reforzar la protección. No obstante, como en el resto de debates ideológicos, hay una diferencia muy amplia entra las medidas propuestas por Le Pen y las del resto de contendientes. Desde el Frente Nacional siempre han apostado por aumentar de forma notable el presupuesto dedicado a Seguridad y Defensa.

Desde que el pasado 13 de noviembre de 2015 un grupo de yihadistas se aprovechara de la debilidad del espacio Schengen para asesinar a 130 personas, las autoridades francesas elevaron el nivel de alerta antiterrorista al máximo y decretaron el Estado de Emergencia. Los militares tomaron las calles y su presencia en los lugares más concurridos se hizo habitual. Según François Hollande, se habían puesto en marcha "los mecanismos necesarios" para evitar nuevos ataques.

El atentado en el paseo marítimo de Niza o el ataque en el aeropuerto de Orly demostraron las fallas del sistema y -aunque el Gobierno socialista y los medios globalistas fueron raudos en tachar a los terroristas como 'lobos solitarios'- su incapacidad para controlar la amenaza islamista que se cierne sobre el país.

Le Pen denunció la inoperancia de Hollande frente al islamismo y subrayó que sus medidas son "insuficientes". "Se trata de un Estado de Emergencia chapucero donde no se han articulado los mecanismos necesarios para controlar la situación", mantuvo la candidata del Frente Nacional, que mandó un mensaje de apoyo al presidente ruso, Vladimir Putin, tras el atentado terrorista de este lunes en el metro de San Petersburgo.

"De poco sirve desplegar a los militares si no seguimos uno de los principios vitales para luchar contra el terrorismo internacional: controlar las fronteras", explicó Le Pen, que hace meses denunció la connivencia de las autoridades francesas con las organizaciones islámicas. El fenómeno no es nuevo, pero la lucha de Hollande contra las mezquitas radicales y los imanes fundamentalistas que adoctrinan a los más jóvenes en los barrios de las grandes ciudades ha resultado ser un verdadero fracaso.

Le Pen criticó la distribución de los inmigrantes "sin controles previos" cuando estalló la polémica con el Reino Unido tras la llegada de los primeros “niños” procedentes de Calais. Según la convención de Dublín, los menores debían ser acogidos por el país donde se encuentran sus familiares, en ese caso Inglaterra. Sin embargo, el conflicto llegó cuando los recién llegados desembarcaron y no tenían aspecto, precisamente, de adolescentes.

“Es necesario reformar el derecho de asilo, pues se ha convertido en el nido de la inmigración ilegal a Europa”, subrayó Le Pen. “La ley actual de asilo tiene criterios excesivamente amplios y es el resultado de la transposición de tres directivas europeas. Además, la gran mayoría no son refugiados y no huyen de ninguna guerra”, sentenció.

'Hay que cerrar muchas mezquitas'

Durante su comparecencia, Le Pen aseguró que su primera medida será "cerrar las mezquitas radicales desde las que se propugna el odio hacia los franceses y la cultura europea". La candidata alternativa definió el actual Estado de Emergencia como un "fracaso" con un "enorme coste para los ciudadanos".

"Antes que cualquier cosa, los franceses quieren seguridad y poder vivir tranquilos. Yo elijo la seguridad de los ciudadanos cueste lo que cueste", concluyó Le Pen.

'La guerra civil está más cerca'

El periodista Éric Zemmour, uno de los mayores conocedores de la realidad del islam en Francia, lanzó una bomba en una intervención pública al asegurar que "la guerra civil está más cerca y las autoridades lo saben". Haciendo referencia a fuentes próximas al Estado Mayor francés, Zemmour desveló que efectivos de las Fuerzas de Seguridad francesas habrían recibido información de sus colegas israelíes para controlar este tipo de situaciones.

Zemmour explicó que, para entender la situación del país, el primer paso es entender que "islam e islamismo son lo mismo". "El discurso globalista inventó en Francia la palabra islamismo para hacer como con otras religiones (véase cristianismo) y equilibrar, pero en el siglo XX nadie hacía esta distinción".

"Lo que nosotros llamamos islamista, ellos lo llaman el islam. Las suras del Corán hablan de degollar a cristianos y a judíos y el propio Mahoma degolló a muchos de ellos", recordó Zemmour, que denunció el plan de Hollande para "hacer que los ciudadanos distingan entre dos conceptos iguales".

Hizo referencia Zemmour al principio que ha imperado durante toda la legislatura socialista: más islam para frenar al islamismo. A finales de agosto, el Elíseo anunció la creación de una fundación y de varias asociaciones religiosas cuyo principal propósito era buscar financiación con la intención de seguir construyendo mezquitas y formando nuevos imanes. El objetivo del Gobierno de París pasaba por reorganizar las instituciones islámicas existentes en el país y evitar la radicalización de los más jóvenes. Lo que no aclaró -y sigue sin aclarar- Bernard Cazeneuve es la procedencia de los “nuevos fondos” en favor del islam.

El plan del Gobierno de Hollande recibió los aplausos de buena parte de la ciudadanía, pero muchos otros no tardaron en señalar sus fallas. Y es que resulta paradójico que las autoridades reconozcan lo que ocurre en las mezquitas nacionales y no tomen medidas directas para evitarlo. Si los procesos de radicalización son fomentados por determinados imanes, es incomprensible que las Fuerzas de Seguridad no actúen y ordenen su inmediata expulsión. Una muestra más de la tibieza del actual Ejecutivo con un problema que, desgraciadamente, se ha demostrado muy real durante los últimos dos años en el país.

Las medidas de Hollande estaban centradas en conseguir “un islam moderno” en Francia, alejado de las corrientes radicales financiadas por Arabia Saudí. Sin embargo, es cuestionable, además del método, que este proceso llegue a buen puerto cuando más del 70% de los imanes que actualmente operan en Francia son extranjeros y viven ajenos a los costumbres del país. Los barrios periféricos de las principales ciudades francesas cuentan con auténticos guetos, donde la sharia se impone sobre las leyes oficiales y el francés no es, ni mucho menos, la lengua predominante. Este fenómeno se agrava durante el Ramadán, cuando decenas de imanes se desplazan desde Marruecos y Argelia para atender las necesidades de los millones de musulmanes que viven en el país.

La realidad de los barrios de París

Zemmour puso de manifiesto un fenómeno que se viene repitiendo en los barrios periféricos de las grandes ciudades europeas: la creación de grandes barrios musulmanes donde la ley islámica ha sustituido al Estado. "Es necesario afrontar el problema en muchas zonas. Hay innumerables barrios donde las 'no-go zones' son habituales. Allí no se vive a la francesa, sino al estilo musulmán".

"¿El futuro de Francia pasa por lugares donde los hombres se visten con túnicas, las mujeres no tienen permitido salir de casa y las costumbres no tienen nada que ver con la tradición occidental?", se preguntó Zemmour, que denunció la connivencia de las autoridades con estos fenómenos: "Tras los disturbios de Trappes, la ley del burka integral no se aplica. Los policías creen que es mejor no hacerlo "para evitar incidentes".

La realidad de las 'no-go zones' fue desvelada por dos activistas de la llamada Brigada de las Madres, que denunciaron los hechos y grabaron las reacciones de los musulmanes con cámara oculta. Las imágenes no dejan lugar a dudas.


Société : quand les femmes sont indésirables dans les lieux publics

Cuando Madia y Aziza acceden a un establecimiento, los hombres se sorprenden. Las mujeres tienen prohibido "de facto" entrar en estos negocios y su presencia incomoda a muchos musulmanes que admiten sin ambages que "no deberían estar aquí".

"Esto no es París. Aquí tenemos una mentalidad diferente y seguimos las enseñanzas del islam", reconoce otro hombre, ajeno a la cámara que le está grabando. Cuando una de las activistas le pregunta si no estaría mejor viviendo en Arabia Saudí, el musulmán responde: "Francia es un paraíso para nosotros".

'El islam no es una religión'

Zemmour mantuvo que, a pesar del discurso mundialista, "conviene entender que el islam no es una religión". "El islam es una ley propia, un derecho y unas costumbres de vida", sentenció el periodista, que recordó la aplicación de la sharia en muchas regiones del país y rechazó las comparaciones con otras religiones: "No tienen absolutamente nada que ver".

Para Zemmour estamos ante "una colonización moderna". Según sus palabras, los recién llegados y los musulmanes que llevan décadas viviendo en el país llevan mucho tiempo "luchando para imponer sus creencias" y en los últimos años "lo están consiguiendo". Gracias a la Ley de 1905, que prevé la prohibición de portar símbolos religiosos y promueve la laicidad, la comunidad musulmana goza de unas impresionantes ventajas fiscales y la capacidad de recibir donaciones con una reducción del impuesto equivalente al 66% de la cantidad en cuestión.

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