Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Los partidos por un lado, los españoles por otro

El (endiablado) debate territorial: un análisis sociológico

Rafael Núñez Huesca
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Hay un colectivo muy importante, mayoritario en el PP y Ciudadanos, que permanece por completo ignorado: los ciudadanos partidarios de que el Estado recupere todas o algunas competencias. Y entre los socialistas hay más partidarios de recentralizar que del federalismo. En Cataluña los datos son muy otros. Y con este panorama se abrirá, dicen, el melón territorial.

De un tiempo a esta parte el Partido Popular parece dispuesto a embarcarse en una reforma constitucional cuyo aspecto más delicado y en el que existe menos consenso es el apartado territorial. El debate está orientado, en realidad, sólo sobre cuánto más hay que descentralizar: ¿Estado federal?, ¿confederal?, ¿autodeterminación para las regiones? Todo al objeto de dar satisfacción a los separatistas, un grupo político que por otra parte no se dará por satisfecho con nada excepto la secesión.

Políticos por la descentralización, ciudadanos por la centralización

Y a pesar de que el debate sobre el marco territorial está orientado únicamente hacia la descentralización, importantes bolsas de votantes de todos los partidos reclaman el proceso inverso: la recuperación de competencias por parte del Estado. Un colectivo de votantes que, sin embargo, permanece por completo ignorado. Sólo VOX, una fuerza por el momento extraparlamentaria, explicita en su programa electoral la supresión del modelo autonómico y su sustitución por un Estado unitario.

Se da, además, una circunstancia particular: El ańimo recentralizador repunta desde el desafío separatista catalán en el año 2012. Así las cosas, si bien el grado de apoyo al actual sistema autonómico superaba el 40% antes de que Artur Mas marcara la secesión como objetivo, los partidarios de la organización autonómica han descendido desde entonces. De hecho, durante la primera Diada abiertamente separatista, los partidarios del Estado autonómica eran ya el 29,4%, sólo cinco puntos menos que los partidarios de un Estado unitario.

En el CIS de octubre de 2016 el apoyo al Estado autonómico era del 37%, mientras que la supresión del autogobierno regional se mantiene como segunda opción con un 18% (los partidarios de recortar algunas competencias son el 9% de los españoles).

Cataluña, partidaria de la secesión desde el 2012

En Cataluña, a principios de 2010 la fórmula de la comunidad autónoma era la preferida por los catalanes, con un apoyo del 38,2% de los encuestados, seguido de ser un estado en una España federal, con el 29,5% y, como tercera opción, la independencia con un 19,5% de apoyo según el CIS catalán (CEO). El proceso alteró todos los parámetros sociológicos: sólo dos años después la secesión ya era la opción preferida por un 34% de los catalanes, los federalistas se mantenían en el 28% y los partidarios de mantener el status quo se desplomaban hasta el 25%. Y desde ese mes de junio de 2012 la secesión no ha abandonado el primer puesto. 

Es en octubre (unos días después de la primera Diada abiertamente independentista) de ese año inaugural del procés cuando el ánimo separatista da el salto más espectacular: diez puntos, del 34 al 44%. El momento álgido de la preferencia por la ruptura llegaba en noviembre de 2013, cuando éste alcanzaba su techo con el 48% de apoyos. Desde entonces se ha venido moviendo en torno al 40%. La última encuesta del CEO (noviembre de 2016) habla de un 36% de independentistas, un 29% de federalistas y un 26% de autonomistas. Sólo un 4% de los catalanes estarían dispuestos a ser “una región dentro de España”, una cifra casi cinco veces más baja que en el resto del país, donde un 18% se postula por un Estado unitario.

Los votantes del PP y Ciudadanos, por un Estado unitario (y muchos socialistas)

Es en estas diferencias Cataluña-resto de España donde se encuentra el principal desafío para la pretendida reforma constitucional, más teniendo en cuenta que el electorado de las dos fuerzas que sustentan el gobierno son partidarias de la recentralización: el 43,4% de los que apoyaron al PP y el 48,9% de los que optaron por Ciudadanos quieren reducir las competencias autonómicas o directamente suprimirlas (un 42,5% y un 34,6% respectivamente defienden el statu quo actual) según el barómetro del CIS del pasado mes de diciembre.

En el PSOE, el otro gran partido constitucionalista, un 43% de sus votantes quieren que las comunidades mantengan el grado de autonomía actual, aunque un importante 36% son partidarios de suprimir total (15’5%) o parcialmente (10’8%) las competencias autonómicas. Y sólo un 16% de los votantes socialistas están por el la postura oficial del partido: el federalismo. 
El caso de Podemos (el barómetro no incluye las confluencias catalana, valenciana y gallega) es el único partidario de abundar aún más en la descentralización comenzada en 1978: un 44,5% son  partidarios (incluyendo el 16% que apoyan el derecho a la secesión de las regiones), aunque un 29% mantendría el estado autonómico actual e incluso un 21,4% recortaría competencias o directamente suprimiría las autonomías (13,4%).

Así las cosas, el panorama para la reforma territorial se presenta extraordinariamente complejo. Por las diferentes sensibilidades entre catalanes y el resto de españoles y, sobre todo, por los antitéticos criterios territoriales entre las cúpulas de los partidos, partidarios todos de abundar en el proceso descentralizador, y sus bases, partidarios de recuperar competencias. 

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