Diario de Información y Análisis de Intereconomía
José Pedro Cruz, condenado por Blanquerna

'El día de Blanquerna le dije a mi hijo que viniera conmigo'

Pendiente del aviso judicial que le obligue a ingresar en la cárcel, José Pedro Cruz habla con La Gaceta de aquel 11 de septiembre que cambió su vida.

Rosa Cuervas-Mons
José Pedro Cruz, el pasado verano, recorriendo en moto su "amada Cataluña".
0
comentarios

El 11 de septiembre de 2013 José Pedro Cruz salió de su casa para participar en una protesta -un escrache se llama ahora- en la librería Blanquerna, en Madrid, que acogía la celebración de la Diada catalana. El resto es conocido por casi todos: 15 personas condenadas por una (para muchos escandalosa) sentencia del Tribunal Supremo que, al incluir el concepto de delito de odio ideológico en la actuación, elevó las penas anteriores hasta los cuatro años de prisión. Pendiente del aviso judicial que le obligue a ingresar en la cárcel, José Pedro Cruz habla con La Gaceta de aquel 11 de septiembre que cambió su vida. Cruz estará, además, este lunes en El Gato al Agua, de Intereconomía TV, para explicar la situación que viven los condenados por el caso. Ésta es su historia. 

José Pedro, ¿en qué situación están ahora los condenados de Blanquerna?

Dependemos de la sección de Ejecutorias de la Audiencia Provincial porque, aunque todavía no se ha realizado por parte del Supremo la aclaración al recurso presentado, sí ha recibido los autos y ha acusado recibo de ellos. Eso supone que en 10 o 15 días pueden llamarnos, pero vamos a solicitar una suspensión provisional de la ejecución de la pena con las posibilidades que ofrece la ley: delitos con penas inferiores a cinco años, cargas familiares, el hecho de que somos personas con paradero conocido y hemos colaborado con la justicia.  

¿Llegará este caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo?

Ojalá no tuviéramos que llegar, pero tememos que el Constitucional, también politizado, no nos dé la razón y tengamos que llegar a Estrasburgo. Sería, en todo caso, posterior al recurso del Constitucional. 

¿Están unidos los afectados por esta sentencia?

Estamos unidos en el dolor pero unidos en el sentido de organizados, no. Hay quien pertenece a distintas organizaciones. Yo, por ejemplo, no pertenezco a ninguna... Sí que nuestros abogados hablan y se reúnen para ir en una misma línea, pero no hay una coordinación.

Hablaba antes de cargas familiares. ¿Cuáles son las suyas, cuál es su situación personal?

Soy padre de familia numerosa, tengo tres hijos mayores de edad pero que viven en casa y están estudiando carreras universitarias. Mi situación personal es sacar adelante a mi familia. 

Volvamos al 11 de septiembre de 2013. ¿Qué pasó aquel día?

Lo que allí sucedió no tuvo mayor importancia. Fue, lo que se dice ahora, un escrache, un acto de protesta de los muchos a los que he acudido. El año anterior, por ejemplo, había estado en Bilbao protestando ante el Gobierno vasco el Día de la Hispanidad, haciendo nuestras proclamas, que consisten en decir que efectivamente Cataluña es España o Vascongadas es España. 

Volviendo a Blanquerna, yo llegué allí, sabía que iban a entonar Els Segadors con unos violonchelos y pensé que habría un escenario en el que poder debatir. En realidad no sabía cómo era el sitio, pero pensaba que íbamos a ir, que iba a haber un debate, una presentación y mi intención era ir a molestarles, boicotearles, decirles que estaban contando una patraña. Decir: "Esto no es la Historia de España, ni el pasado es lo que queréis hacer de la fiesta de la Diada". Me enteré a través de las redes sociales, no me había coordinado con nadie y decidí ir. Iba a venir un amigo que al final no pudo venir y se lo dije a mi hijo, que me dijo: "Papá, no puedo ir". Si yo hubiera pensando que iba a hacer una acción de alto riesgo no se lo digo a mi hijo, ya me complico yo la vida, pero no se la complico a mi chaval que en aquel momento tenía 17 o 18 años. 

En este vídeo se observa la entrada en Blanquerna. En el segundo 56 se puede ver a Cruz, con chaqueta azul marino, llegar al escenario y después a los acusados abandonar el local.   

Llega a Blanquerna...

Llegué allí y estaba buscando por dónde se entraba cuando vi a un grupo de gente que entraba. Todos estábamos esperando, sin saber muy bien qué teníamos que hacer. Vi que entraban, y entré. Vi que ya estábamos dentro de donde sucedían las cosas, todo el mundo enchufándonos con las cámaras. Yo, además de haber estudiado Derecho, soy criminólogo y llevo 30 años como funcionario de Justicia y pensé: 'Menudo lío, esto se puede complicar'. Me eché a un lado, alguien empezó a corear unas consignas [Catalanidad es Hispanidad o No nos engañan, Cataluña es España] que me parecieron correctas y pegamos unos gritos. Repetí las consignas y, pasado un minuto, la gente se marchó y yo me marché con ellos. 

Cuando llegué a mi casa mi mujer me preguntó que qué tal eso a lo que iba. Le dije que bien, que normal. "Hemos hecho un acto de protesta, les hemos tirado de las orejas y sin mayor problema". Al día siguiente me llama mi mujer y me dice que está llamando la Policía y que dicen que si no voy se presentan a buscarme. Me dicen que hay un montón de gente herida, niños heridos... Le digo que eso es otra cosa distinta, que donde yo he estado no ha pasado nada de eso, que la gente no estaba ni asustada ni nada. Porque no pasó nada...

Pero la gente sí pudo tener miedo al verles llegar...

Los primeros segundos sí. Oyes a alguien dar voces y te sobresaltas, claro que sí. Pero luego, cuando estábamos allí los niños no estaban atemorizados abrazados a sus madres ni nada de eso. La gente estaba esperando, vio que no éramos encapuchados, que no llevábamos armas... Me imagino que dijeron: "Estos son unos fachas que vienen a fastidiar". La situación de pánico dura segundos. 

 

Y después de eso...

Después nos dicen que queremos impedir el derecho de reunión. Falso. No se impidió nada y el acto se trasladó a unos jardines cercanos porque la Policía acordonó el recinto, no permitió la entrada a nadie y se dedicó a mandar unos equipos vestidos de CSI con monos blancos a buscar tejidos epiteliales por el suelo para demostrar quiénes habíamos estado allí. Posteriormente, en el juicio, algunos de los letrados le preguntaban a la Policía si era habitual que ellos fueran a este tipo de casos y explicaron que no, que iban a robos muy importantes o asesinatos. "No hago este tipo de cosas habitualmente", dijo uno de los policías. 

¿Cuál fue su error? ¿Hubo falta de coordinación y por eso están así? 

Evidentemente. Si esto hubiera sido una acción previa no habría sido así. Pero es de lo que nos acusan, de concertación previa, para imputarnos a todos el delito de desórdenes. Yo te aseguro que si hubiéramos estado coordinados esos actos que pueden ser más llamativos -uno llevaba la cara tapada, otro tiró el atril y otro arrancó la bandera de Cataluña- esos actos se habrían matizado. En ese momento cada uno actuó de forma improvisada, hay alguien que se encara al señor Bosch [Josep Maria Bosch, entonces delegado del gobierno catalán en Madrid] y de forma inmediata va el presidente de Falange a llamarle la atención y se queda en nada. Todos los que entraban querían grabarlo y colgarlo después en las redes sociales, era un acto de protesta y nada más que eso. Sí se va de las manos en cuanto a que no está coordinado.

¿Pensó en lo que se jugaba?

Hay que saber qué es lo que tú puedes asumir. Yo, en un momento dado, puedo asumir que entre en un sitio, que alguien me diga 'eres un imbécil' y me dé un bofetón y yo se lo devuelva. Eso no deja de ser una falta de lesiones. Puedo decir, '¿qué me van a condenar, una multa de 150 euros? ¿Ocho días de arresto domiciliario?' Yo asumo eso por defender a mi país, pero lo que no me espero -y genera una situación de inseguridad jurídica brutal- es que por hacer eso me caen cuatro años. Además yo, cuando vi la situación, me puse las manos en los bolsillos y me hice a un lado. Me pongo al lado del señor Bosch, espero a que pase todo y me marcho con la mayor tranquilidad. Creo que esta sentencia no se puede aplicar ni en la peor de las dictaduras. 

¿Cómo entiende entonces este proceso? 

He denunciado fallos en la cadena de custodia de las pruebas. El vídeo de TV3 se corta, se pega, se quita lo que no interesa y todo eso se hace en el laboratorio de audiovisuales que tiene en el Congreso de los Diputados TV3. Otros vídeos se envían a través de whatsapp a los policías... No hay una oficialidad. Yo, que trabajo en esto, sé lo que suponen estas cosas, sé que cualquier prueba se invalida por este tipo de cosas porque es importante que no se meta la pata en la cadena de custodia, que un testigo no hable con otro... En el juicio los policías salían de la sala e instruían a los testigos para que no hubiera contradicciones. Lo dijimos y hasta la presidenta de sala les llamó la atención. 

Se les ha juzgado de forma global por acciones individuales...

Yo me siento solidario con el que más hiciera pero, -y lo digo ahora que ya estamos condenados y no en el juicio- es cierto que no ha habido una individualización de la acción. Imaginemos que uno de ellos se vuelve loco y saca un cuchillo y se pone a apuñalar. Para responder de esa acción tendríamos que habernos organizado todos antes. En este caso, supongamos que hay unos desórdenes públicos -que yo no veo tantos- pero supongamos que hay eso y un delito de daños. Hay un señor que se hace responsable de la rotura de la puerta, pero nos lo hemos comido todos también y sin que se estime la reparación del daño. Si cuando yo entro la puerta ya está rota, ¡cómo me van a imputar a mí romper la puerta! Se ha hecho un totum revolutum para justificarse y para decir a los catalanistas: "No os mováis, que si esto hacemos con los nuestros, imaginad lo que podemos hacer con vosotros". Algo así, digo yo. 

¿Cuál habría sido una condena justa, a su juicio?

Jurídicamente la sanción lógica habría sido la de una faltas por desórdenes -por parte de algunos, pero bueno, pongamos que todos-. Desórdenes con resultado de daños indemnizables. Eso o absolución para todos y el que rompió la puerta la paga y el que se dirigió al señor Bosch intimidación o vejaciones leves, pero sin salir del terreno de las faltas. Nada más. 

Se les acusa también de haber lanzado gas pimienta...

Cuando nosotros salimos alguien lanza gas pimienta. La percepción que yo tengo es que lo lanza personal de seguridad de Cataluña o que alguien nos lo lanza diciendo "os vais con esto puesto". Nadie de los que estábamos allí llevaba máscaras para protegerse. Pero vamos a pensar que hemos sido nosotros. Pues es una cosa más para entorpecer el acto unos minutos, porque eso es lo que dura el gas pimienta. Si te da directamente en la cara te afecta las mucosas y pasados tres, cuatro minutos, no pasa nada. 

Pero tener ese gas es ilegal... 

No. No es ilegal. Lo que no puedes hacer es usarlo si no es en ejercicio de la defensa, pero se vende con el único requisito de ser mayor de edad y presentar el DNI. ¿Cómo hacen ver que eso lo hemos lanzado nosotros? Meses después surge una persona que reconoce ser amigo personal del señor Bosch y dice que vio el gas pimienta e incluso que reconoce a la persona que lo ha lanzado. Todo forma parte de una burda trama en la que admitimos todo. La propia Policía en su informe, en el primer informe, dice que se ha echado gas vexicante, que es un gas de guerra que produce alteraciones genéticas. Son cuestiones tan poco objetivas... Luego las lesiones son una distensión en el hombro de un cámara y Sánchez Llibre [el exdiputado de CIU Josep Sánchez Llibre] se va al hospital tres horas más tarde. Es decir, celebran el acto, se toman su copa de cava y después va al hospital por indicación de la Policía.

En este vídeo se observa el empujón a Sánchez Llibre y cómo éste, posteriormente, intenta responder a la agresión cogiendo un objeto de metal pero es detenido por otras personas. 

Ha dicho que son ustedes moneda de cambio...

Servimos para que el Gobierno pueda decir a los catalanistas que puede ser inflexible. Nos atacan a nosotros porque no somos peligrosos. Si les atacasen a ellos [a los separatistas] se podría echar encima la sociedad catalana. Hay una situación de cobardía y de claudicación. Quieren hacer ver que su actitud no es anticatalanista sino con arreglo a la ley, que la aplican con todo el rigor. 

¿Por qué no hay nadie del sector separatista en la cárcel?

Ellos protegen a su gente y los españoles no protegen a los españolistas. Desde el Tribunal Constitucional echan por tierra sentencias que puedan ser ofensivas para la sensibilidad de estos señores. La misma sala que nos ha condenado a nosotros a cuatro años ha rebajado la pena de los que pusieron la bomba en el Pilar de Zaragoza a cuatro años. Es decir, la misma condena para unas personas que pusieron una bomba en el Pilar que por ir con las manos en los bolsillos y gritar "catalanidad es hispanidad". 

¿Han comparado su condena con la absolución de Rita Maestre?

Cuando se habla de delitos de odio, se habla por cuestión de ideología, por razón de raza, por identidad sexual... y esos derechos se protegen. Pero Rita Maestre, lo habéis visto, da igual que haya una apología de odio rememorando la Guerra Civil, da igual en el caso de ellos. Da lo mismo lo que hagas, lo que cuenta es quién seas. Yo no he proferido ningún mensaje de odio. Se cae por su propio peso. 

El Supremo aumentó la pena por considerar que había ataque ideológico al catalanismo... ¿Odia a Cataluña? 

De ninguna manera. Mis últimas palabras del juicio, estaba el abogado de la Generalidad con la bandera catalana en el pecho y yo le manifesté mi amor a Cataluña y le dije que daría la vida por mi bandera de España igual que por la cuatribarrada que llevaba sobre el pecho, porque forma parte esencial de mi patria. Mis amigos catalanes son los que más me felicitaron y agradecieron haber entrado en Blanquerna. Mis grandes amigos catalanes se sentían sólos y desamparados y vieron que era un acto de reivindicación. No puedo estar en contra de los catalanes porque amo a Cataluña igual que el resto de regiones de España. 

Si volviera al 11 de septiembre de 2013, ¿lo volvería a hacer?

Sinceramente, no. No por arrepentimiento, sino porque creo que la acción no ha servido. Además, las consecuencias me parecen desmesuradas. Viendo este orden de cosas, cuando te estás jugando 17 años de prisión -que es lo que pedían las acusaciones particulares-, pues a lo mejor te tienes que plantear hacer otra cosa más gorda, no lo que he hecho. Casi si te echas al monte y te sale más barato. 

Al final lo que queda es la posibilidad de poder entrar en prisión. ¿Cómo se afronta esto?

En este momento me empiezo a plantear si los hombres de honor no deberíamos estar dentro de prisión. No es un plato de gusto. Puedo pensar 'Señor, aparta de mí este cáliz', pero si entro buscaré la parte positiva de estar dentro... si es que la hay. Quizá sirvamos de caja de resonancia para que se le caiga la cara de vergüenza a mucha gente o para que el sector patriota se dé cuenta de que tiene que unirse, que ya se ha levantado la veda para cazarnos... A lo mejor me planteo que voy a descansar un poco, porque ma paso el día trabajando. E incluso que puedo hacer un retiro espiritual. 

En lo personal, me afecta sobre todo con relación a mi mujer. En septiembre me volví a casar con ella porque celebrábamos nuestras bodas de plata. Quería, además, pedirle perdón porque un 13 de septiembre, fecha de mi aniversario, estaba en una celda de una comisaría... Me casé en presencia de mis hijos, renovamos nuestros votos por otros 25 juntos y no me agrada pensar que voy a pasar cuatro años lejos de ella. Pero a mí la ley que me afecta es la de Dios, la de los hombres me asusta poco porque llevo muchos años trabajando en Justicia y tratando con delincuentes, como para que me asuste estar con ellos... Sobre todo teniendo en cuenta los delincuentes que hay fuera. Y esos no van a entrar. 

Me afecta mucho por mis padres. No sé cómo van a encajar esto, que aún no lo saben. Con mis hijos, lo único que van a ver es un modelo de conducta y, si de esto sacan un modelo de enseñanza, no me preocupa. La persona que no me puede avergonzar nunca es la que me mira desde el espejo cuando me afeito. Si esa no me retira la mirada, la cosa va bien y, en este momento me mira muy claro. No voy a la cárcel por pederasta ni por narcotraficante. Estaré en prisión y si me permiten asistiré a misa.

¿Diría que va a la cárcel por defender a España?

Más que por defender a España por mostrar mi idea de españolidad. A España se la defiende en los puestos de trabajo, en el Ejército, no robando... Yo lo que he hecho es intentar crear una corriente de opinión. No he tenido valor para defender a España como quizá había que haberlo hecho. 

Un mensaje para la sala del Supremo que dictó sentencia

Me gustaría remover su conciencia si les queda algo, pero dudo que sea posible. Cometen tantas tropelías y desmanes que no creo que fuera a hacer mella en ellos. Les diría que al final la justicia de los hombres no me afecta, sino la de arriba. Esta justicia me encerrará, pero no me va a hacer bajar la cabeza. 

Leer más...

Carta al Supremo de la madre de un condenado por el caso Blanquerna

Blanquerna: retrato en sepia de la justicia con Supremo al fondo

 

Publicidad
Publicidad