Diario de Información y Análisis de Intereconomía
LA LIGA SANTA QUE PARÓ LA EXPANSIÓN ‘DEL TURCO’

Europa y la recuperación de Lepanto 445 años después

Casi cuatro siglos y medio después, Europa necesita un nuevo Lepanto, una nueva Liga Santa que frene la invasión islámica a la que hubo que hacer frente para la defensa de la Europa católica.

Juan E. Pflüger
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Eran otros tiempos. Entonces la Europa cristiana tenía un concepto claro de su identidad. El enemigo era “el turco”, que tras haber sido expulsado de España al culminar la reconquista los Reyes Católicos, amenazaba las fronteras orientales europeas y pretendía usar el Mediterráneo para debilitar y progresar. Era su yihad, el precepto impuesto por el profeta que les envíaba a matar y morir por su fe. Pero entonces había cristianos dispuestos a defender su fe, su cultura y su tierra de una nueva invasión islámica.

La Liga Santa plasmó la preocupación de los reinos católicos por una nueva entrada, a sangre y fuego, de los “infieles sarracenos”. No fue por casualidad que su majestad católica de España, Felipe II, liderase la alianza con los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. Aquí, en nuestra patria, habíamos tardado ocho siglos en expulsar a los “moros”, se habían padecido sus racias y la brutalidad de su guerra santa.

Los españoles seguían recordando la extrema violencia de Tariq y Muza en la toma de Zaragoza en el año 714. La defensa cristiana ante la conquista fue épica. La venganza de los musulmanes espantosa: los hombres fueron degollados, cientos de niños crucificados y miles de mujeres violadas y después vendidas como esclavas. Tampoco se olvidaba facilmente el martirio al que sometieron a comunidades religiosas completas, como el martirio brutal de los monjes de San Pedro de Cardeña a principios del siglo X.

Lepanto paró el avance por el Mediterráneo porque los dirigentes reaccionaron. Entonces la Europa cristiana respondió de manera conjunta. Hoy no ocurre lo mismo. Existe una amenaza islámica a Europa. Por un lado el autodenominado Estado Islámico ha declarado la guerra a Occidente y amenaza con conquistar Europa para imponer la ley islámica. Por otro, la entrada masiva de población islámica y el proselitismo de la que lleva años asentada impiden la convivencia.

Ahora Europa está unida y tiene la oportunidad de reaccionar de manera conjunta para evitar la sumisión de Europa al proyecto del islamismo. Pero las respuestas políticas están siendo todo lo contrario a la defensa de la cultura, la religión e incluso la vida de los europeos. Se abren las fronteras al grito de “¡Refugees welcome!”.

Pero no todo está perdido. Son varios los países que reaccionan a esa rendición de los valores y la identidad y, en algunos casos, gobiernan. Ahora no se llama Liga Santa, se llama Grupo de Visegrado y no pertenece al occidente europeo, son del este, y se aprestan a defender Europa. Son Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia. En los últimos días se les une Finlandia. Y ahora no forman una coalición militar, legislan en defensa de sus ciudadanos.

Refuerzan las fronteras, limitan las entradas y controlan en su interior. Y la vieja Europa occidental, como hiciera el Conde Don Julián, ayudando a la invasión islámica en aras de eso que han dado en llamar “el multiculturalismo”, que no es otra cosa que la rendición de la identidad europea ante quienes quieren destruirla.

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