Diario de Información y Análisis de Intereconomía
un silencio ensordecedor

El feminismo calla ante el peor asalto sexual masivo de la década

Miles de inmigrantes medioorientales y norteafricanos “organizados como un ejército” asaltaron sexualmente a un centenar de alemanas en Colonia y otras ciudades alemanas. 

Carlos Esteban
Feministas en una manifestación a favor del aborto | EFE
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En las celebraciones de Nochevieja, un millar de varones árabes y norteafricanos asaltaron sexualmente al menos a noventa mujeres en la ciudad alemana de Colonia, un horror que se suma a similares asaltos en Hamburgo, Stutgart, Düsseldorf... La alcaldesa de Colonia ha venido a decir lo que se ha convertido en uno de los principales tópicos del machismo mítico, que si fueran un poco más modestamente vestidas no pasaría lo que ha pasado. Ese tipo de cosas por las que la prensa crucifica a algún osado obispo, pero sin necesidad de sacarlo de contexto y elevado a la máxima potencia. Pueden leer la noticia aquí, aquí y aquí.

Pero quizá lo más interesante haya sido la reacción de las organizaciones feministas, vacilando entre un incómodo y atronador silencio y las disculpas más disparatadas.

Podrán o no creerme cuando les digo que odio tener razón en este caso.

Podrán creerme o no, pero a mí también me gustaría que fuese cierta la versión que nos han vendido los medios, de inocentes familias sirias que huían del terror de la guerra y solo querían esperar en Europa a poder volver a su tierra o, en el peor de los casos, íntegrarse pacíficamente en las sociedades europeas.

De hecho, son ganas de amargar al personal señalando lo evidente, lo lógico, lo que la prensa ha ocultado o ninguneado sistemáticamente, lo que nuestros líderes han despreciado tachándolo de temores racistas y xenófobos, ganas de quedar como un 'odiador' reaccionario de corazón de piedra.

Y no hablo solo, ni principalmente, de lo que atañe a los inmigrantes de Oriente Medio y Norte de África en sí. Mil veces más preocupante es la reacción, también prevista y comentada mil veces en estas páginas, de la progresía reinante.

Hace unos días, una campaña pública de la Guardia Civil para que la gente no bebiera en exceso en Nochevieja, que tuvo la imprudencia de sacar el sexo equivocado en la foto, fue tachada de machista con la habitual indignación por las feministas de guardia y compañeros de viaje. Dos días después se produce el mayor caso de asalto sexual masivo y podía oírse una mosca, hasta que en redes sociales se aventuraron las teorías más peregrinas, como que las noventa asaltadas y los incontables testigos se habían inventado las acusaciones por xenofobia. Es decir, que ayer se decretaba como dogma incontestable que las mujeres no mienten jamás cuando denuncian abusos y que las denuncias falsas son un mito, y hoy debemos creer que cientos de alemanas se han puesto de acuerdo en una noche para constituirse en excepción masiva.

En Estados Unidos se habla insistentemente desde hace años de la 'cultura de violación' que reina en el país, con un olímpico desprecio hacia unas estadísticas que revelan que nunca había habido tan pocas  y que su incidencia lleva una década descendiendo. Pero, de algún modo, cuando una noticia da pie a hablar de verdadera 'cultura de violación', misteriosamente toda la progresía vociferante la ignora.

Es una verdadera desgracia para nuestros mandarines que existan Internet y las redes sociales, porque los medios, de primeras, han ignorado o escondido la noticia, que sería portada universal si se cambian asaltantes o víctimas. La propia prensa alemana tardó cuatro días en informar de suceso tan masivo y escandaloso. Pero el fenómeno es tan pervasivo que es difícil cerrar los ojos. Ivan Jurcevic, portero de un hotel en Colonia de servicio en Nochevieja, confiesa ser de esos millones de ciudadanos que hasta un día antes estaba convencido de que todos los rumores de roces y delitos achacados a los recién llegados eran habladurías de xenófobos sembradores de odio. Después de lo que vio, sin embargo, no puede dudar: “Esta gente a la que dimos la bienvenida hace solo tres meses con osos de peluche y botellas de agua en la estación... empezaron a disparar a la catedral y empezaron a disparar a la policía. Agentes de policía veteranos me confesaron que nunca habían visto algo así en su vida. Lo calificaron de “situación de guerra civil”.

“Aquellos tipos nos rodearon y empezaron a tocarnos el trasero, la entrepierna, nos tocaban por todas partes”, confiesa una de las mujeres asaltadas, lo último que querría oír en estos momentos la canciller Angela Merkel, que lleva ya meses tratando de convencer a sus cada vez más escépticos conciudadanos de que la entrada masiva de inmigrantes del Tercer Mundo no iba a afectar a la cohesión social del país.

He escrito ya sobre la extraña alianza contra natura de la izquierda y el islam, y cualquiera que tenga ojos en la cara y se mantenga mínimamente atento habrá advertido a estas alturas que el feminismo organizado no tiene nada que ver con el avance de la mujer, salvo como excusa, y es, en realidad, un mero tentáculo de la hidra izquierdista, como el ecologismo, el indigenismo, la ideología de género o el antirracismo. ¿Recuerdan cuántas organizaciones feministas celebran a Margaret Thatcher, primer mujer en dirigir los destinos de un país democrático europeo, cuántos antirracistas citan los logros de Condoleezza Rice o el juez Thomas en Estados Unidos, o cómo las organizaciones LGTB guardan la memoria de Pym Fortuyn, el líder abiertamente gay asesinado en Holanda? No hace falta que respondan: ni Thatcher era mujer, ni Rice era negra ni Fortuyn gay a los efectos que importan, como Raad Salam, el candidato por Vox, no es un 'auténtico' refugiado sirio.

Pero hay que reconocer que, en este caso como en otros que afectan a los recién llegados con el cada vez más dudoso título de 'refugiados, han contado con la inestimable colaboración de las autoridades, más que reacias a informar de delitos relacionados con los nuevos inmigrantes. “Ausgelassene Stimmung – Feiern weitgehend friedlich” (Ambiente exuberante – celebración pacífica en su mayor parte) era el título del informe de la policía de Colonia presentado al día siguiente de las celebraciones de Nochevieja.

Pero no es que la policía no se hubiera enterado de nada, como confirma el relato de Jurcevic y el hecho de que una de las asaltadas fuera, precisamente, una agente de policía. Sin embargo, cuando al fin -cuatro días más tarde- la policía se dignó a informar de los hechos, y aunque aún no había detenidos ni aun sospechosos, de algún modo se las arregló el comisario para asegurar que entre ellos no había ninguno de los recién llegados en la última hornada. Lástima que, al ser finalmente detenidos, uno de ellos declarara al agente en cuestión: “Tenéis que tratarme bien, soy un refugiado sirio, me ha invitado Angela Merkel”. Gracias por tanto, Angela.

No es un caso aislado ni excepcional, y ya se han revelado varios casos de las autoridades ocultando datos y cocinando estadísticas para “no alarmar a la población”. La Comisión Europea estima en tres millones los 'refugiados' que podrían entrar en la UE este año que comienza y que, como ya se puede vislumbrar, no va a ser aburrido.

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