Diario de Información y Análisis de Intereconomía
EL TRASGO

El final de las ilusiones

Decir que es una foto como la que puede tener una quinceañera de un ídolo cinematográfico forrando su carpeta no es exagerado si uno ha seguido la veneración cuasi babeante que ha suscitado el 44º presidente norteamericano.

Carlos Esteban
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La foto de Obama que abre La Razón, ese Obama que se despide, no es solo la imagen del día, sino probablemente de la década, de las últimas décadas. No solo la imagen en sí, en abstracto, sino el hecho de que aparezca abriendo la cabecera más a la derecha de nuestro espectro mediático de papel.

Decir que es una foto como la que puede tener una quinceañera de un ídolo cinematográfico forrando su carpeta no es exagerado si uno ha seguido la veneración cuasi babeante que ha suscitado el 44º presidente norteamericano en toda la clase política y mediática –disculpen la redundancia- europea, absolutamente al margen de logro alguno e ignorando pacientemente todas las promesas y expectativas incumplidas.

Naturalmente, el fracaso de Obama es demasiado evidente ya para negarlo, y los de Marhuenda se han dado una prisa infame –a juzgar por su cobertura de las elecciones- en cambiar de coche en marcha. ‘Y Obama no pudo’ es el titular que acompaña la foto, y el papel dedica su primer editorial, ‘El fracaso de una política basada en el voluntarismo’, al mismo personaje.

Es una melancólica lectura, porque no parece tanto una explicación del fracaso dirigida al lector como a sí mismos, una racionalización que justifique estos años de incongruente idilio con el presidente más divisivo y a la izquierda que ha tenido Estados Unidos desde Roosevelt. 

Pretende ahora La Razón que el suyo es un noble fracaso, precisamente la coartada de todas las tiranías comunistas, como si todo lo que ha fallado no hubiera estado ahí desde el primer día, en este aventajado alumno de Paul Alinsky y feligrés de un pastor que gritaba “¡Dios maldiga a América!”. Ese “¿quién podría haberlo imaginado?” nos suena cansinamente repetido, chicos, la misma pregunta que se hacen las izquierdas cuando sus ‘mañanas que cantan’ se resuelven en un mar de sangre y un desierto de miseria. Y tiene una inmediata respuesta: nosotros.

Pero nuestra arrogante progresía oficial, como decía Teylherand de los Borbones, ni aprende nada ni olvida nada. Uno puede escuchar el rasgado de sus camisas de Burberrys como fondo al titular de primera de El País, ‘El líder laborista defiende el ‘Brexit’ y parar la inmigración’. A ver, chicos de Prisa, qué parte no habéis entendido de NO. Es un mensaje bastante poco ambiguo, y es el que surgió del referéndum británico sobre la continuidad de Gran Bretaña en la Unión Europea.

Hablar de ‘defender’ o ‘atacar’ el ‘Brexit’ como si aún no hubiera habido veredicto popular es la prueba de que la prensa convencional ha arrojado por la borda todo interés por reflejar lo que pasa de un modo tenuemente objetivo. ¿Qué significa que el líder laborista ‘defiende’ el ‘Brexit? ¿Qué acepta la realidad, lo que YA ha sucedido? ¿Es eso una noticia de primera?

Es portada en ABC, siempre nostálgico, Alfredo Pérez Rubalcaba. Como lo oyen. La noticia es que ‘Rubalcaba dio 274.000 euros al contratista del Yak-42 cuatro años después del accidente’. Quizá sea una noticia interesante, no lo sé porque no me la voy a estudiar, aunque ese titular no dice demasiado. Pero no deja de ser significativo que esa segunda derivada del triste asunto del Yak-42 abra el diario –su ‘todo al rojo’, porque ABC se lo juega a una carta- cuando no lo ha hecho la noticia principal. Soy cada día más tolerante con el fervorín partidista, por hacer de la necesidad virtud, y me he hecho a la idea de que basta con que cada uno manipule hacia su lado y no en la misma dirección. Pero conviene cierto disimulo, algún pudor.

Y seguimos con la información de ficción en la primera de El Mundo. La foto corresponde a Jeff Sessions, elegido por Donald Trump como Fiscal General y en pleno proceso de confirmación. Y el titular que acompaña la foto es: ‘El fiscal general abjura del Ku Klux Klan’, algo parecido a la famosa pregunta trampa de “¿ha dejado ya de pegar a su mujer?”. Miren, no: quien abjuró del Ku Klux Klan fue Robert  Byrd, de quien Hillary Clinton se confesó públicamente discípula. La precisa conexión de Sessions con el KKK fue mandar a la cárcel a algunos de sus integrantes.

Pero, eh, a quién le importa.

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