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Delirante texto de El País

Rascarse la barba, nuevo 'micromachismo'

La revista de El País descubre nuevos e insoportables micromachismos de los que desconocíámos su existencia y que identificarían a los "machos alfa"

Rafael Núñez Huesca
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La revista de El País descubre nuevos e insoportables micromachismos de los que desconocíámos su existencia y que identificarían a los "machos alfa".  Abrazarse con efusividad, crujirse los dedos o colocarlos en los bolsillos del vaquero supondrían, así, actitudes insoportablemente machistas.

España, uno de los países más tolerantes del mundo, parece haberse vuelto de repente una nación machista hasta lo espeluznante. Ya no es necesario mostrarse presuntamente machista, basta con discrepar de la ideología dominante para serlo. No cabe el debate. Toda diferencia descubre a un facha, un “cuñao” o un machista, conceptos que vendrían a ser intercambiables. 
No cabe la posibilidad de que los comentarios inoportunos sean, en realidad, modalidades de zafiedad o mala educación, son necesariamente ejemplos de machismo, esto es, de desprecio a la mitad de la humanidad. 

Las lentes de aumento del llamado micromachismo cazan a diario supuestas actitudes machistas en comentarios o actitudes que ignorábamos que lo fueran. 
ICON, revista de El País, descubren nuevos “estereotipos machistas que igual habría que ir arrinconando”. Desde los “aparatosos abrazos” entre dos amigos y sus “sonoros forcejeos” a dar la mano apretando a la persona saludada. 

Hacer crujir los dedos es "buscar pelea"

ICON destaca juguetear con las llaves en la mano: “¿Qué sentido tiene alardear de ellas ondeándolas mientras entramos en un bar o esperamos a nuestros hijos a la puerta del colegio?. También sentarse con las piernas muy separadas, una actitud que distinguiría a los auténticos “machos alfa”, machistas en potencia. Y lo mismo ocurre con esa actitud misógina de hacer crujir los dedos, un gesto que, según un “especialista” consultado por la publicación, vendría a significar “Estoy dispuesto a pelear”

Los pulgares en el bolsillo del vaquero o sujetos al cinturón “apuntando hacia la zona genital”, algo que podría traducirse por “Yo soy un señor y tengo aquí mi cosa” (sic).
“Tocarse el mentón aparece en situaciones reflexivas, y tiene que ir acompañado de una mirada al vacío” según Enrique García Huete el psicólogo que orienta la pieza y que concluye que no es lo mismo un mentón con pelo que sin pelo: “El vello facial es un elemento de masculinidad: es lo que diferencia claramente a los hombres de las mujeres. Al rascarla o acariciarla lo que estamos es remarcando esa virilidad”.

(Las redes sociales hace sátira del exceso de celo de algunas feministas, que ven machismo en casi cualquier lugar)

“Soy muy chulo, voy sobrado”

Saludarse diciendo “hola, crack”, “qué pasa, monstruo” sería una forma masculina de expresar admiración y que, al tratarse de referencias que vienen del mundo del fútbol o el cine de acción, resultarían insoportablemente masculinas. No tan insoportablemente masculina como la forma de andar de Tony Manero (John Travolta) en Fiebre del sábado noche y que, para el periodista, ha quedado grabada en la mente de los hombres hasta el punto de que “muchos no saben caminar de otra forma”. Para el “experto” es la forma rítmica de decir: “Soy muy chulo, voy sobrado”.

Quizá el micromachismo más sorprendente de todos los descubiertos sea el de remangarse el bañador: “Multitud de varones han sido avistados en playas y piscinas equipados con un bañador tipo pantalón, que sin embargo remangan hasta darle la forma de un turbo (solo que con más volumen). Si querían unos muslos morenos, ¿por qué no se compraron un slip de competición?”. Y el experto sentencia: “hay gente con complejos, que se siente más segura con los bultos que se forman”.

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