Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Sigue la histeria demócrata

Los hackers rusos que nunca existieron

Carlos Esteban
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Los supuestos 'ciberataques' no han tenido "absolutamente ningún efecto" sobre los resultados electorales, ha asegurado Donald Trump después de recibir información del director de Inteligencia Nacional, James Clapper, el director de la CIA, John Brennan, el jefe del FBI, James B. Comey y el jefe de la NSA, Almirante Michael S. Rogers en la Trump Tower.

"Aunque Rusia, China y otros países y agentes externos están constantemente intentando penetrar en la infraestructura cibernética de nuestras instituciones, negocios y organizaciones, incluyendo el Comité Nacional Demócrata, esto no tuvo efecto alguno sobre los resultados de las elecciones, incluyendo el hecho de que no se produjo manipulación de ninguna clase en las máquinas de votación", ha asegurado el presidente electo en una nota enviada a la prensa.

No es a estas alturas exageración decir que, desde la victoria electoral de Donald Trump en noviembre, todos los intentos de sus rivales por impedir su nombramiento han dado exactamente el resultado contrario al pretendido. 

Las histéricas marchas por varias ciudades americanas al grito de "¡No es mi presidente!" solo sirvieron para poner de manifiesto ante los votantes americanos el peligroso mal perder de los demócratas; Los recuentos solicitados y obtenidos por la candidata ecologista Jill Stein en Michigan, Wisconsin y Pensilvania dieron un puñado de votos más a Trump, demostraron que la elección no se había manipulado y que, en todo caso, se habían trucado máquinas de votación en Detroit para dar votos fraudulentos a Clinton; y el intento de presionar a los miembros del Colegio Electoral, amenazas y vídeos del famoseo incluidos, para que votaran contra el vencedor de sus respectivos estados (Trump), consiguió, en efecto, que hubiera 'electores infieles': dos en el caso de Trump y cinco en el de Clinton.

Un desastre. Pero ninguno tan espantoso y ridículo como la historia de 'los hackers rusos' manipulando la elección, sobre todo porque implica a la CIA, el FBI y al propio Barack Obama y supone una grosera afrenta a la segunda mayor potencia militar del planeta.

Recapitulemos.

Durante las elecciones y, sobre todo, tras el segundo debate electoral, Hillary Clinton, Barack Obama y los grandes medios empeñados en la victoria demócrata se fingieron escandalizados de las insinuacionistas 'trumpistas' sobre la posibilidad de que sus enemigos manipularan los resultados.

En realidad, no había razón para tal escándalo. Después de todo, el establishment, Administración incluida, se había revelado grotescamente unido en el empeño de evitar una presidencia Trump y no es como si el fraude electoral fuera un expediente desconocido en la historia norteamericana, bien al contrario. 

Hillary y sus medios (los medios) se indignaron y se burlaron de semejantes insinuaciones, y los grandes diarios, así como la candidata y el propio presidente declararon repetidamente que el sistema era imposible de trucar.

Gana Trump, gran sorpresa... Y empieza a hablarse de 'hackeo' ruso, naturalmente. Las declaraciones suben de tono rápidamente, Obama amenaza, el Washington Post publica la filtración de un informe de la CIA (sin nombres ni pruebas) en la que se considera probable una injerencia rusa. En plenas fiestas navideñas, Obama expulsa a 35 diplomáticos rusos en una medida claramente hostil.

Putin y Trump reaccionan con cabeza fría y no ceden a la provocación. Hasta que, al fin, aparece parte de la investigación de inteligencia sobre el particular. 

El ridículo es absoluto. No, no es que los rusos hayan cambiado sufragios a favor de Clinton por otros favorables a Trump. Tampoco se habla ya de las filtraciones de WikiLeaks de correos de dirigentes de la campaña de Hillary -Julian Assange ha vuelto a repetir en una entrevista para la Fox que los rusos no tienen nada que ver y que las filtraciones (fáciles: la contraseña del correo de John Podesta era "contraseña") proceden de un 'topo' en la campaña de Hillary y, en cualquier caso, es difícil alegar que dar a conocer lo que realmente piensa uno de los bandos en liza es 'subvertir la democracia- sino de que Putin "desarrolló una clara preferencia por uno de los candidatos".

No se rían: en opinión de la CIA, que ha influido en más elecciones en todo el mundo de las que puede recordar, preferir un candidato a otro es 'injerencia'. Dada la posición de Hillary en Ucrania y Siria, Putin tendría que ser un marciano para no desear al otro candidato, fuera quien fuese.

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