Diario de Información y Análisis de Intereconomía
'un hijo no es un derecho, es un don'

Los obispos denuncian que los vientres de alquiler son una forma de explotación

Lola González
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José María Gil Tamayo, secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), ha expresado la posición de la Iglesia y la moral cristiana en relación con los conocidos como vientres de alquiler y ha asegurado que se trata de "una explotación de la mujer y del niño que va a nacer que se convierte en un objeto de consumo".

Durante la rueda de prensa para dar a conocer el trabajo de la 240 reunión de la Comisión Permanente de la CEE, Gil Tamayo ha explicado que, en la cuestión de la denominada gestación o "maternidad subrogada", la posición de la Iglesia es clara y va en la línea de lo que ha defendido el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Al margen de las vinculaciones afectivas que se generan entre la madre gestante y el niño gestado y de los problemas de identidad personal a los que se enfrentará dicho niño, Gil Tamayo ha añadido: "Estas personas con el mismo valor y dignidad que cualquier otra serán para siempre fruto de una transacción, mediando dinero en la mayoría de los casos, o de una instrumentalización al servicio de un derecho falso, que es el supuesto derecho a tener un hijo".

El secretario general de la CEE ha sostenido que tanto si se paga el servicio de gestación como si no se hiciera, esta práctica contraviene el orden natural de la procreación humana y trata de proporcionar un medio alternativo que la Iglesia considera no lícito al acto de procreación.

"Un hijo no es un derecho, ni es un deseo, es un don", ha señalado Gil Tamayo, que también ha querido recalcar que "la subrogación es una mercantilización". Ha pedido, asimismo, que se dejen de buscar eufemismos y que se llame a las cosas por su nombre: "Si es vientre de alquiler, es vientre de alquiler. Si es aborto, es aborto, no interrupción del embarazo".

El portavoz de la CEE ha asegurado que la Iglesia entiende y acompaña el dolor de los matrimonios que no pueden tener hijos y anima en estos casos a vivir el deseo natural de la fecundidad de otros modos, a una paternidad y maternidad orientada a la adopción y a la acogida de otras personas con dificultad, especialmente de los más pequeños. En este sentido, ha resaltado la necesidad de ayudar a que las legislaciones sean lo suficientemente flexibles al mismo tiempo que "garantistas" de los derechos del niño.

(Información proporcionada por InfoVaticana)

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