Diario de Información y Análisis de Intereconomía
LA RELACIÓN ENTRE INMIGRACIÓN Y DELINCUENCIA

El mapa de la polémica

Los datos que ahora se hacen públicos, refuerzan la impresión de que, en efecto, existe esa relación entre inmigración islámica y delincuencia.

Fernando Paz
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Dos polémicos mapas aparecidos en Francia, muestran la relación existente entre la inmigración islámica y la delincuencia en ese país. La superposición de ambos mapas del país, departamento por departamento, relaciona de modo estrecho las cifras de la inmigración con las de los delitos con una notable fidelidad.

Los datos que ahora se hacen públicos, refuerzan la impresión de que, en efecto, existe esa relación.

Patrullas vecinales

En Francia, el aumento de la delincuencia ha sido particularmente notable en los últimos años. En 2014, pese a que el gobierno socialista evitaba el reconocimiento de la vinculación entre delincuencia e inmigración, el ministro Manuel Valls hizo público que los delitos habían crecido más de un 6%, y lo atribuyó a la proliferación de bandas de Europa del este, admitiendo de forma explícita la relación entre  inmigración y delincuencia. Sólo ese año de 2014, Francia recibía 340.000 inmigrantes.

Ese continuo aumento de la delincuencia en Francia, ha obligado a los franceses a organizarse en patrullas llamadas “los vecinos observadores”, que vigilan por todo el país. Aunque no es casualidad que comenzaran en el departamento de Alpes Marítimos, en este momento están extendidas por todo el país, hasta sumar unos mil grupos. Nacidos en 2007, forman unidades de residentes que están en contacto con la policía y que dan razón de la existencia de posibles delincuentes en su zona.

La existencia de este tipo de organizaciones hace más difícil la ocultación de datos, así como la relación existente entre delitos e inmigración islámica. Refugiada en determinados barrios que han terminado por constituir verdaderos guetos -donde se han creado bolsas de marginalidad de una magnitud sin precedentes- dicha inmigración vive en una situación de pobreza que alimenta la marginalidad y la delincuencia.

Así, en Saint Denis, con 110.000 habitantes, la tasa de paro es del 20%, y los inmigrantes musulmanes alcanzan casi la mitad de la población; entre los menores de edad, superan ampliamente ese porcentaje. El número de delitos sube hasta unos increíbles 16.000, al año según los datos oficiales del Observatorio Nacional de la Delincuencia.

Pero no es solo en las grandes ciudades. El incremento de los delitos se ha notado también en las zonas rurales: las bandas extranjeras han encontrado en la maquinaria agrícola un objetivo fácil, junto a la maquinaria, el ganado y las cosechas. En esas regiones, las dificultades de integración de la inmigración musulmana son especialmente visibles, como denunció el filósofo Alain Finkielkraut en su exitosa L’identité malhereuse, el enorme éxito editorial de la Navidad de 2014.

En el país de Merkel

Por supuesto, Francia no es el único caso en Europa.

El fenómeno se reproduce en muchos otros países, como es caso de Alemania. En marzo de 2016, el semanario Der Spiegel publicaba un informe policial en el que se señalaba que solo en 2015, los inmigrantes de Oriente Medio y el Norte de África, cometieron más de 200.000 delitos. De entre estos, los que más llaman la atención son de tipo sexual, que parecen repuntar con las oleadas migratorias. Esta clase de delitos atemoriza a la población de manera especial, más que probable razón por la que las autoridades alemanas ocultaron las agresiones sexuales perpetradas durante la Nochevieja pasada por desplazados provenientes de países musulmanes.

En Berlín, los extranjeros, inmigrantes o alemanes de origen extranjero, son responsables de cerca de la mitad de los delitos cometidos por menores, pero poco se ha podido hacer al respecto, como sucedió en Francia hace ahora quince años, cuando el derechista gobierno de París anunció la imposición de una política de “tolerancia cero” con los delitos de menores. La declaración resultó ser más aparatosa que eficaz, ya que una gran parte de los delincuentes menores eran inmigrantes, y la izquierda puso el grito en el cielo.

Cuando desde determinadas terminales mediáticas se quiere abonar la idea de que la relación entre inmigración y delincuencia no existe, o es débil, se procura considerar a los inmigrantes como un grupo homogéneo pese a que, obviamente, no lo es. Las cifras de la delincuencia entre los inmigrantes varían enormemente de acuerdo al origen de los extranjeros; lo que la población europea percibe, es que son los procedentes de áreas musulmanas quienes causan un mayor número de problemas. 

Inmigración y delincuencia en la UE

Lo cierto es que el impacto de esta delincuencia en algunos países es particularmente llamativo; en Suiza y en Luxemburgo, los extranjeros constituyen un porcentaje de población carcelaria en torno al 70%.

Globalmente, la población total de las prisiones de la UE a fecha de 1 de septiembre de 2014 era de 620.540 personas, según las cifras oficiales del Consejo de Europa. Cerca de 113.000 de ese total eran extranjeros (respecto al país en cuya prisión estaban encerrados), un total del 18%. Sólo una minoría provenía de la UE.

Y es que, en el conjunto de la Unión Europea, los extranjeros que más delinquen son los marroquíes y rumanos, seguidos de albaneses y turcos. Proporcionalmente, el país con mayor número de delincuentes es Lituania. En términos absolutos, los dos primeros grupos -marroquíes y rumanos- constituyen dos terceras partes de los extranjeros encarcelados.

El aumento de los delitos está poniendo a prueba el sistema penitenciario europeo –muy poco homogéneo en su funcionamiento-, ya que las cárceles europeas están al 99% de su ocupación.

En España, el porcentaje de inmigrantes encarcelados constituye el 32% del total de internos, con un total de 19.164 reclusos en las prisiones dependientes de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que son todas salvo Cataluña, según datos de julio de 2012. Seis de cada diez presos encerrados en España durante la primera década del siglo XXI fueron extranjeros.  

Ese 32% de extranjeros sobre el total de la población reclusa es significativo, por cuanto los inmigrantes hoy están en torno al 10% del conjunto de la población (su número va descendiendo año tras año); si tomamos delitos como el de la violencia machista, encontramos que el 24% de la misma está protagonizada por extranjeros. 

Hay que tener en cuenta que la reforma de Zapatero redujo las condenas por tráfico de drogas, lo que permitió que un número mayor de extranjeros se beneficiase de la conmutación de la pena por la expulsión, pero aún así, las cifras muestran cómo hay poco más del doble de población reclusa nacional que extranjera en nuestras cárceles; la desproporción es, pues, enorme.

Por nacionalidades, en España también el mayor número de delincuentes corresponde a los marroquíes, seguidos de colombianos y rumanos. Los que cometen los delitos más violentos son los marroquíes y los rumanos, y después los argelinos y ecuatorianos. La delincuencia extranjera destaca en áreas como la violencia de género, los robos con violencia y los asesinatos.

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