Diario de Información y Análisis de Intereconomía
OTRA VEZ ABREN LAS HERIDAS DE LAS VÍCTIMAS

Ni olvido ni perdón

Pilar Rodríguez
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Otra pantomima de ETA. Otro nuevo “desarme”. Otra vez a abrir las heridas de las víctimas. Estamos pagando caro los humillantes acuerdos a los que llegó Zapatero para ponerse la medalla de haber terminado con la banda de asesinos de ultraizquierda, unos pagarés con altos intereses que incluyen liberaciones, amnistías y acercamientos. ETA no está muerta, está latente, silente, observando si se cumple lo pactado; con una mano escribiendo propagandísticas notas de prensa y con la otra sosteniendo las pistolas hacia abajo.

Y presente, muy presente, en las instituciones a las que la corrección política le ha dado acceso y desde donde esparcen el odio que les llevó a matar, contando con el aplauso y la palmadita en la espalda de la escoria moral que representan Podemos y sus satélites

ETA existe en la memoria de cada familia a la que arrebató uno de sus seres queridos. Existe en María del Mar Blanco, que nunca más pudo abrazar a su hermano. En los hijos de los Jimenez-Becerril, a los que condenaron a crecer sin el beso de una madre cuando se caían y sin un padre que les ayudara a levantarse . ETA está presente en Ana Iribar, viuda de Gregorio Ordoñez, que aún se estremece al recordar cuando su hijo le preguntó cómo murió papá. Y en la madre de Silvia, la niña de seis años destrozada por un coche bomba en el cuartel de Santa Pola, que vio como la vida de su hija se le escapaba entre las manos, mientras ella la apretaba contra su pecho susurrándole la canción que cada día le cantaba para dormir. Está en la memoria de las victimas de Hipercor, en cada pensamiento de las madres de los guardias asesinados en la Plaza de la República Dominicana, y en tantas otras familias anónimas a las que ETA decidió quitarles un pedazo de corazón destrozándoles la vida ...y estaba en Fernando Altuna, al que le arrebataron a su padre a los diez años y que aunque él se sintió “vencido, derrotado y humillado”, fue de los pocos valientes que plantaron cara a los proetarras a pie de calle.

ETA está presente en la memoria de todos los españoles, y así debe ser. Por desgracia está aún en las herriko tabernas de cada pueblo del País Vasco, en muchos de los ayuntamientos donde siguen expuestos los retratos de los más sanguinarios pistoleros y en las calles donde se celebran homenajes y manifestaciones consentidas y jaleadas por radicales separatistas y políticos afines. ETA está presente en los bares de Alsasua, en los tuits de Otegui y en periódicos como Gara desde donde diariamente se lanzan proclamas filoterroristas ante la pasividad de un gobierno que mira hacia otro lado.

No se puede olvidar lo que hicieron, mancharon de sangre nuestro país. ETA existe y existirá hasta que no se resuelvan todos los asesinatos que cometieron y se cumplan las condenas integras. Hasta que no pidan perdón y paguen las indemnizaciones. Hasta que no salgan de las instituciones y se ilegalicen los partidos que la representan o apoyan. Y para todo esto hace falta contundencia política, firmeza y apoyo sin fisuras a las víctimas.

Así que no vengan ahora a hablarnos del fin de ETA. Los terroristas de ETA no están desarmados, están desalmados. Es por eso que con ellos ni olvido ni perdón.

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