Diario de Información y Análisis de Intereconomía
MIENTRAS LA FAMILIA ESPAÑOLA NO RECIBE AYUDAS

El plan de la ONU para España: 12 millones de inmigrantes hasta 2050

Las Naciones Unidas señalan que esta cifra ayudará a paliar el porcentaje de españoles activos por número de jubilados. Según los datos del INE, en 2050 habrá 5,4 millones menos de habitantes y nacerán menos de 300.000 niños.

Arturo García
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La ONU tiene un plan para España. Naciones Unidas, que desde el comienzo de la crisis de refugiados ha abogado por la acogida masiva de ciudadanos, asegura ahora que España deberá recibir a 12 millones de inmigrantes -unos 240.000 al año- hasta 2050 para mantener su actual fuerza de trabajo. Las estimaciones de la División de Población subrayan que, junto al resto de países de la UE, España se verá abocada a recurrir a mano de obra extranjera para conservar sus cifras de población.

El argumento del inmigrante económico cobra de nuevo vigencia. Es cierto que el suicidio demográfico español es notable pero no parece claro si la solución está en la acogida masiva, mientras se promueven políticas contrarias a la natalidad y la familia. Según datos del INE, habrá 5,4 millones menos de habitantes y nacerán menos de 300.000 niños.

La crisis económica y migratoria junto con la falta de políticas efectivas familiares, de ayuda a la natalidad y a la conciliación, son algunas de las causas que están detrás de esta alarmante situación, a la que ahora se une la complicada situación de la hucha de las pensiones y la falta de una verdadera política de ayudas y cuidado de mayores dependientes.

La solución de la ONU

Lejos de buscar solución a la crisis migratoria dentro del propio país, la ONU apuesta por abrir las fronteras para una oleada masiva de inmigración. "Es inevitable. La evolución de la población es muy predecible, los comportamientos de mortandad apenas variarán y es poco probable que se produzcan cambios en la natalidad en Europa o Asia", aseguró Joseph Chamie, director de la División de Población, en declaraciones a El País.

La ONU obvia, una vez más, la identidad cultural de cada país. Si algo ha quedado demostrado en la actual crisis de refugiados, es que las naciones europeas no están preparadas para la acogida masiva de personas. Por no hablar de los innumerables incidentes que se han producido por las diferencias culturales o la falta de adaptación.

En Hungría, Viktor Orbán ha defendido su soberanía en el asunto y ha apostado por políticas familiares y ayudas sociales para aquellos que decidan ser padres. Es decir, el líder identitario ha preferido en primer lugar apostar por los ciudadanos locales que tantas penurias están pasando debido a la crisis económica. “Ahora vamos a apoyar a nuestros jóvenes, pero si no logramos revertir la situación seremos nosotros los que elijamos de dónde vendrán los nuevos ciudadanos húngaros”, ha sentenciado.

El informe definitivo, titulado 'Migraciones de sustitución: una solución para los países con poblaciones en declive', será presentado por Chamie en el mes de marzo y centrará su argumento en la merma de la capacidad de trabajo de los europeos. En estos momentos, en Europa, la media es de 4 a 5 personas en activo por cada jubilado; dentro de 50 años, serán 2 por jubilado, y en España, sólo 1,4. Esto va a suponer un cambio radical en la estructura del mercado laboral", sentenció.

El mito de los migrantes económicos

El tiempo ha terminado destapando la realidad de la crisis de refugiados y, no resulta sorprendente, los argumentos utilizados entonces por la UE son muy similares a los de la ONU actual. Las decisiones de Angela Merkel pusieron en riesgo la estabilidad europea bajo el pretexto de la necesidad económica. La idea era importar mano de obra y las élites de Bruselas no dudaron. Felipe González, George Soros y algunas de las empresas más importantes del mundo, como Airbus, trataron de aprovechar la situación para exigir la retirada del salario mínimo interprofesional.

La sorpresa llegó cuando se filtró que el DAX, el índice bursátil donde cotizan los 30 consorcios más importantes de Alemania, sólo emplea a 63 refugiados y de esa cifra, 50 están contratados por Deutsche Post DHL. Cabe recordar ente puso en marcha una campaña para emplear a estas personas en la cadena de entrega de paquetes, incluso por delante de los parados alemanes.

Un dato reseñable dado que la gran patronal alemana se convirtió en defensor de las políticas de la canciller. "Los refugiados serían un pilar para el próximo milagro económico alemán", decía el jefe de la automotriz Daimler, Dieter Zetsche. Sin embargo, meses después, la situación es muy diferente. Los empresarios alegaron, entre otros motivos, la falta de formación de los refugiados. Unas palabras que chocaban con las declaraciones de Zetsche hace un año: "Ni cada refugiado es emprendedor, ingeniero o mecánico brillante, pero todos persiguen un futuro mejor y están altamente motivados. Ésa es la gente que busca Mercedes y necesita el país".

Las familias españolas

La ausencia de una política familiar hace mella en los españoles. Las ayudas para los recién nacidos son mínimas, especialmente si se comparan con la financiación a otros ámbitos, y la edad a la que las mujeres pueden o quieren tener su primer hijo sigue aumentando y se establece en los 33 años en 2066, con 1,38 hijos de media.

El descenso de los nacimientos se debe también a la reducción del número de mujeres en edad fértil (de 15 a 49 años), que bajará en 1,8 millones (un 16,6 %) en quince años, y en 3,5 millones en cincuenta (un 32,7%).

La identidad nacional, a debate

El informe de la ONU también pone de manifiesto la “necesidad de abrir un debate” en torno al actual modelo socioeconómico, el racismo o la identidad nacional de cada país. "Los gobiernos apenas han rozado la cuestión. Conocen el problema, pero no se lo han planteado seriamente", aseguro Chamie.

Los últimos comicios en Europa demuestran que el Viejo Continente va justo en la dirección contraria. El ascenso de la derecha identitaria en países como Austria, Alemania o Francia denota el hartazgo de los ciudadanos ante las políticas comunitarias y la necesidad de un cambio. Durante años, Bruselas ha orquestado la política europea a su antojo, pero cada vez más países exigen la devolución de la soberanía nacional en las cuestiones esenciales para la población. El brexit mostró que el virus de la UE es, muy a pesar de Merkel, real.

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