Diario de Información y Análisis de Intereconomía
La valoración ética del hackeo

Panamá es al Pulitzer como wannacry es… ¿al Nobel?

La Gaceta
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Primero, los hechos. El pasado mes de abril el Consorcio Internacional de Periodistas Investigadores, responsable de la investigación supranacional de los conocidos como Papeles de Panamá recibía el prestigioso Premio Pulitzer al mejor reportaje explicativo. Todos los protagonistas -menos, hemos de suponer, los implicados- se felicitaban por el premio y recordaban la concepción del periodismo como servicio público y servicio a la verdad. Desenmascarar al corrupto, se decía. 

Pero, ¿qué fue en realidad el episodio periodístico Panama Papers? El médico y político Humberto Salazar lo describe así en El Nuevo Diario: “Es, en realidad, el robo de 11.5 millones de documentos que incluyen nombres y apellidos, números de pasaportes, correos electrónicos, cuentas bancarias, registros telefónicos y todo tipo de información confidencial que la firma de abogados Mossack Fonseca con sede en Panamá archivó durante más de 40 años de trabajo”. Un enorme archivo en el que, junto a información confidencial sobre manejos oscuros de cuentas offshore hay, además, información privada de individuos que no han cometido irregularidad jurídica alguna. 

“Cuando se obtienen estos documentos de una forma irregular, que es el caso del robo o hackeo como fue denunciado por los dueños de la empresa de abogados Mossack-Fonseca, estos no pueden ser usados en un tribunal, y lo que ha ocurrido en países como Islandia [el primer ministro se vio afectado por la filtración] es la renuncia y destrucción de carreras políticas”.

Hay más pirateos célebres en el mundo del periodismo: Año 2006. Nace la organización WikiLeaks, un portal internacional sin ánimo de lucro que publica a través de su sitio web “informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público” -es decir, material sensible robado- y “preserva el anonimato de sus fuentes” -es decir, encubre al ladrón-. 

Una plataforma de la que todos los medios -incluida La Gaceta- han hecho uso para difundir informaciones esencialmente relevantes. El problema, más allá del debate ético por la procedencia de los documentos filtrados- llega cuando las filtraciones apuntan al objetivo no deseado (no deseado por los grandes medios, claro). Por ejemplo, las recientes filtraciones sobre el comportamiento de la administración Obama durante el ataque a civiles en Bengasi, que cuestionan enormemente al expresidente y a Hillary Clinton fueron reveladas por Wikileaks. Pero no las verá en titulares del Washington Post o del New York Times, sino que habrá de bucear por la red hasta páginas menos relevantes -y menos maniatadas, por tanto- como Theblacksphere para leer las noticias. 

Segunda parte de la exposición: La pasada semana el mundo moderno contenía la respiración ante un ciberataque masivo que, mediante la dispersión del virus informático ‘wannacry’, inhabilitaba equipos informáticos y pedía a cambio de su recuperación un suculento rescate. Desde entonces, no pocos medios de comunicación han recabado la opinión de expertos “hackers éticos”, aquellos piratas informáticos que operan siempre del lado de la ley. Y algunos de esos piratas buenos -el secretario de Hack Miami Rod Soto, por ejemplo- señalaron al grupo ‘The Shadow Brokers’ -"vinculado al Kremlin"- como responsable parcial del ataque. 

Una vez publicado, los cibercriminales pueden bajar el código y adaptarlo a sus propósitos, que son obtener dinero a cambio de decodificar los sistemas operativos o determinados ficheros de las computadoras que previamente han infectado con el "ransomware" WannaCry y que quedan inaccesibles para sus usuarios, señaló Soto. "Han abierto la caja de Pandora", señaló en referencia a The Shadow Brokers este especialista en seguridad informática. 

El mundo entero ha condenado -por motivos obvios y estrictamente económicos- el ciberataque, pero hay una pregunta que queda en el aire. ¿Cómo se condena públicamente a quien ‘piratea’ un ordenador en beneficio propio mientras se premia -con un galardón de enorme prestigio- a quienes se nutren de otros piratas?

Siguiendo el modelo de razonamiento de la Universidad de Columbia no sería de extrañar que en un par de años viéramos a los Shadow Brokers recogiendo una suerte de Nobel de la Tecnología.

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