Diario de Información y Análisis de Intereconomía
EL TRASGO

El periodista es siempre la noticia

Pocas cosas me gustarían tanto como que los periódicos de papel fueran la mitad de la mitad de lo que aún presumen de ser.

Carlos Esteban
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Esta sección, que comencé en el papel, me ha dado pocas alegrías y muchos disgustos, y pese a la actitud necesariamente ácida que empleo en lo que no deja de ser una crítica, les confieso que me enfrento a ella cada mañana con una esperanza. 

La esperanza de elogiar.

Sí, ya sé que el Trasgo sería bastante más aburrido, pero yo sería mucho más feliz porque, al fin, esta es mi profesión, y pocas cosas me gustarían tanto como que los periódicos de papel fueran la mitad de la mitad de lo que aún presumen de ser.

La esperanza, al cabo, de que la prensa despertara y oliera el café, que se dé cuenta de que ya no es la guardiana de la actualidad que puede decidir lo que existe y lo que no, lo que es esencial y lo que es irrelevante. Me gustaría que mirase fríamente los datos de difusión sin echar balones fuera ni culpar al maestro armero ni responder con dos tazas de arroz a quien no quiere ninguna.

Pero, como los ideólogos que les dictan, su actitud ante los errores es afianzarlos y doblar la dosis. Y Trump es el imán que atrae todas sus peores cualidades, que reflejan sus primeras.

Trump ha cometido el pecado imperdonable de ganar las elecciones sin el permiso de la prensa, contra la decisión unánime de la prensa. Les ha puesto en ridículo, les ha desenmascarado como arrogantes lacayos del establishment, de una opinión monolítica disfrazada de un desangelado bipartidismo y, para colmo, les ha hecho ver que un sector enorme de la población prefiere creer otras fuentes que las noticias que los diarios y las grandes cadenas dan.

Ayer el presidente electo dio su primera rueda de prensa, y estos son los titulares de primera de las cuatro cabeceras nacionales, con excepción de ABC, que dedica la suya, monotemática, al terrorismo etarra (‘La Justicia abre la puerta a investigar 300 asesinatos de ETA no resueltos’).

El País: ‘Trump: “Voy a construir el muro y México lo va a pagar’. Buen titular, aunque solo sea porque coincide aproximadamente con el mío y porque cita una declaración importante. Lo ‘divertido’ está dentro y, naturalmente, en el editorial, que veremos luego.

La Razón: ‘Trump hizo de Trump’, escasamente informativo y bastante estúpido, como si estuviese hablando de la conversación de su cuñado en la cena de Nochebuena y no del presidente electo de Estados Unidos.

Y El Mundo se sale, como ya hizo en campaña:  ‘Trump contra el mundo’. Naturalmente, estar contra los intocables periodistas consagrados es, para El Mundo, estar contra el mundo. 

La clave de todo está encerrada en el editorial de El País, ‘Lamentable comienzo’, que les haré la cortesía de traducir. Empieza diciendo que todo el mundo espera de un presidente electo en su primera rueda de prensa que despliegue una actitud institucional. 

Traducido, esto significa que la prensa espera del nuevo presidente que le rinda la debida pleitesía y, concretamente de Trump, que les diga que todo lo que prometió en campaña era una broma, cosas que se dicen para engañar a esos idiotas americanos del ‘flyover country’, pero que ahora, en la hora de la verdad, sería el mismo dócil funcionario siguiendo las instrucciones que el establishment quisiera dictarle a través de su altavoz mediático.

“Pero esta expectativa se hizo añicos ayer durante la primera comparecencia ante los medios de Donald Trump como presidente electo. En medio de una caótica rueda prensa —su equipo debería tomar buena nota de cómo actúan los presidentes electos en algunos de los países que Trump tanto desprecia— el millonario estadounidense hizo todo lo contrario de lo que se espera de alguien que está a pocos días de ocupar una posición tan relevante: grosero con los periodistas, mal hablado, despectivo y amenazante. Trump demostró que sigue creyendo estar dentro de uno de los reality shows que tanta fama le han proporcionado pero tan poco tienen que ver con la gran responsabilidad a la que se enfrenta”.

¿Ven lo que les digo? No fue ‘institucional’ porque se metió con un periodista. Mucho más y muy por delante de lo que el americano corriente pueda considerar nocivo o beneficioso para sí mismo o su país, lo fundamental es cómo haya tratado a un periodista. Me crié profesionalmente con la máxima de que el periodista no debe ser nunca la noticia, y aunque siempre sospeché que se trataba más de un desiderátum que de una realidad, no podía imaginar hasta qué punto se daría la vuelta el refrán: la prensa es la gran noticia.

Dos perlitas más: 

“Resulta de todo punto impresentable que interrumpiera una pregunta y mandara callar a un periodista hispano con un “usted es un cutre y da noticias falsas”

Y: “Entrando al fondo de sus declaraciones, el presidente electo de EE UU se mostró mucho más bravucón con los medios de comunicación y la candidata demócrata, Hillary Clinton, que con el presidente ruso, Vladímir Putin”.

Bueno, uno diría que aquí falta un poco de contexto, ¿no les parece?, eso que tantas veces han presumido los periodistas de dar para enmarcar la información, completarla y diferenciarse así de esos ‘gacetilleros aficionados en pijama’ que son los periodistas alternativos.

A lo primero, es bastante llamativo que en todo el texto no haga mención ni de pasada a lo que ayer fue la comidilla en todos ambientes de la prensa, a saber, la ‘noticia’ anunciada en primicia por Buzzfeed –periodistas en pijama, pero ‘de los nuestros’- de que el servicio secreto norteamericano habría advertido a Trump de que sabían que los rusos le tenían en su poder, chantajeándole con unas cintas grabadas en un hotel de Moscú hace cinco años haciendo guarradas con prostitutas en la cama en la que habían dormido Obama y su mujer.

Todo sin confirmar, de fuentes anónimas, con clamorosos errores fácilmente subsanables y partiendo del insólito planteamiento de que Putin sabía hace cinco años que Trump sería presidente de Estados Unidos, algo que el mismo magnate inmobiliario no podía sospechar.

El tipo de historia, en fin, típico de agún oscuro blog con fondo negro, que lleva grabada a fuego la etiqueta, ahora tan de moda, de ‘fake news’, noticias falsas o, mejor, falsificadas. Pero, hey, eso no fue obstáculo para que periódicos tan serios como el británico Financial Times o cadenas tan arrogantes como la CNN se hicieran eco de la, ejem, ‘noticia’.

De esa cadena es el periodista al que Trump negó la palabra, algo que, por cierto, nos ha pasado alguna vez a todos los periodistas en alguna rueda de prensa. Dicho periodista, por cierto, no dejó de gritar al presidente electo, impidiendo hablar a una colega. Sí, mujer, algo que no es importante aquí, aunque parece serlo mucho que el periodista gritón fuera ‘hispano’.

En cuanto a lo segundo, es curioso que a El País le parezca curioso que se mostrara más ‘bravucón’ con Hillary Clinton y la prensa que con el presidente de la segunda potencia nuclear mundial, sin añadir que Clinton, además de estar detrás de todos los trucos sucios a los que estamos asistiendo para impedir que Trump llegue a la Casa Blanca, cometió en campaña la ‘bravucunada’, bastante más ofensiva, de llamar a los votantes de Trump ‘cesta de deplorables’.

En cuanto a los periodistas, su hostilidad ha sido permanente, y me parece obvio y esperable mostrarse más bravucón con quien inventa noticias repugnantes sobre ti que con quien no solo no te ha ofendido sino que es un mandatario extranjero con quien es sensato, prudente y beneficioso para todos llevarse bien.

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