Diario de Información y Análisis de Intereconomía
EL LEMA DE LA CAMPAÑA: 'TODOS CONTRA LE PEN'

Quién es quién en las presidenciales francesas

Carlos Esteban
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En teoría, este domingo se enfrentan en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas once candidatos, aunque en realidad sólo cinco tienen algún peso y, si me apuran, estamos ante un referéndum sobre Marine Le Pen, sí/no. 

La transcendencia de estas elecciones es difícil de exagerar. En juego están posiblemente la continuidad de Francia en la Unión Europea -o, lo que es lo mismo, la continuidad de la Unión Europea-, un parón a lo que allí llaman "le grand replacement" -la sutitución demográfica mediante la inmigración masiva- y un espaldarazo crucial al soberanismo en todo Occidente. O, por el contrario, que ninguna de estas cosas vuelva a ser debatible siquiera en el futuro previsible.

De ahí que el lema real de esta campaña en los grandes medios y en la clase política de toda Europa sea "todos contra Le Pen". El problema es que para vencerla necesitan el candidato idóneo, y ese sólo se decidirá en la primera vuelta. Cuando salga, pueden apostar que recibirá el apoyo entusiasta de todo el espectro político, en Francia y fuera de ella.

¿Y quiénes son estos aspirantes?

El más flojo es Benoît Hamon, el candidato oficial de los socialistas. ¿Qué puede decirse de esta nulidad, sino que es el candidato del partido del presidente de la república más impopular de las últimas décadas, François Hollande, tanto que ni siquiera se ha atrevido a presentarse a la reelección? Hamon es al mismo tiempo víctima y consecuencia de la profunda crisis que afecta a la izquierda europea 'del consenso', desde nuestro PSOE a los laboristas de Jeremy Corbyn, que se debaten entre el establishment al que pertenecen y un populismo de izquierdas desangelado y de pega.

No es que las encuestas estén resultando muy fiables últimamente, y tampoco es improbable que en esta ocasión se 'cocinen' con fines partidistas, pero por si sirve de algo, las más que he consultado no le dan más del 7% del voto. Es una inanidad, sigamos.

Tenemos al candidato de la derecha oficial, la derecha 'decente', del consenso, los gaullistas, François Fillon, vencedor de unas primarias en la UMP. 

Si usted lee las declaraciones de los socialistas y compañeros de viaje, se diría que Fillon es derecha dura. No hay tal cosa, naturalmente, como tuvo ocasión de demostrar en los cargos que ya ha tenido en administraciones anteriores. La 'gracia' de Fillon es que se trata del único de los cuatro candidatos con más opciones que pertenece a alguno de los partidos del consenso, una prueba más de que ese modelo, como se demostró en las presidenciales francesas, está totalmente de capa caída. 

Fillon tiene todos los rasgos de un 'conservador' del sistema, 'comme il faut': es europeísta en el sentido que suele darse al término -es decir, partidario de avanzar hacia un megaestado europeo-, fruto del establishment, favorable a los intereses de las grandes empresas, más que moderado en su conservadurismo 'social'... En fin, si le toca ganar a la 'derecha' del sistema -y es difícil que Francia vote por un aspirante del socialismo oficial-, Fillon es el candidato perfecto. Lástima que se le pillara en un feo esquema para pagar con dinero público a miembros de su familia por trabajos, al parecer, totalmente ficticios, lo que ha complicado, sino frustrado del todo, su campaña con líos judiciales. Tampoco es un buen rival para Le Pen, porque para la izquierda es demasiado de derechas. La encuesta de BIFIE le da un 20%.

Luego está Jean-Luc Mélenchon, la gran sorpresa de las últimas semanas. Mélenchon es, para entendernos, algo entre Podemos y Syriza, la eterna izquierda utópica y radical francesa. Nadie hubiera dado dos duros por él hace menos de un mes, pero su mensaje podemita le ha aupado, quizá por delante incluso de Macron.

En cierto sentido, sería precioso una segunda vuelta entre Mélenchon y Le Pen; significaría el funeral del sistema socialdemócrata de posguerra. Como Marine, Jean-Luc tiene mucho de antisistema. Como Le Pen, quiere plantarle cara a Bruselas, pero no tanto para volver a la Francia eterna como para repoblarla de gente llegada de África y Oriente Medio. 

No hay que decir que aborrece a las empresas, que quiere recuperar la semana de 36 horas y adelantar la jubilación a los 60 e imponer un salario máximo a los ejecutivos. El 'pack' completo, en suma, para acercar Francia a la Venezuela del chavismo.

Aunque la encuesta que hemos citado le sitúa por delante de Macron, con un 23% de intención de voto, nos cuesta infinito creerlo, aunque quién sabe ya. Sea como fuere, doy por hecho que el rival de Le Pen con más posibilidades es Emmanuel Macron.

Como están de moda los candidatos de fuera de los partidos, Macron se presenta con plataforma propia, pero considerarlo un 'outsider' sería una broma. Es, de hecho, tan producto del establishment que se diría diseñado por un gabinete de márketing político. Banquero de profesión -y procedente de la Banca Rothshild, ahí es nada- todas sus opiniones son perfectamente deducibles porque coinciden al milímetro con el credo globalista y con todo lo que los grandes medios llevan años vendiendo como lo único bueno y justo y necesario: acérrimo partidario de la Unión Europea, suficientemente liberal en lo económico, favorable a la inmigración musulmana y, en general, toda iniciativa que apoye Le Monde, para entendernos. La última esperanza del sistema, por dejarlo claro.

Y luego está Le Pen. Lidera las encuestas, quizá con ese 26% que leo en esta, pero ya vivimos esta película en las últimas regionales y sabemos lo que viene luego: que todo el espectro, los intelectuales de renombre, el 'mundo de la cultura', los financieros, las grandes empresas y los medios de prestigio apoyarán como un solo hombre al que quede segundo en la primera vuelta.

Le Pen no es Trump, ni en lo bueno ni en lo malo. Hay menos probabilidades de que traicione su mensaje una vez en el Elíseo, porque no es una empresaria metida en política sino una veterana líder de un partido que ha vivido una larga travesía del desierto. Pese a ser el partido con mayor intención de votos desde hace años, el Frente Nacional sigue siendo tratado como si fuera un grupúsculo marginal por los medios y como si fueran apestados por la clase política. De todo Occidente.

No es tampoco como Trump en lo económico, y es costumbre entre nuestros liberales comparar el FN con Podemos, con esa ceguera tan típica de los liberales para ver lo que hay más allá de la economía, e incluso para entender que la propia economía depende de muchos factores extraeconómicos. 

Sí, en lo económico roza el socialismo. Pero estamos hablando de Francia, donde el 'dirigisme' tiene una antigua tradición y donde el más tibio apoyo al libre mercado se tilda de 'neoliberalismo salvaje'. 

Lo cierto es que la economía no es ni de lejos el punto fuerte de Le Pen ni mucho menos la razón por la que le votarán millones de franceses. La idea central es la lucha entre el soberanismo y el globalismo, decidir si Francia va a ser dueña de su destino y va a conservarse fiel a ciertas raíces nacionales o va a disolverse en el magma informe de un superestado europeo con una población crecientemente extraña a los valores del país y del continente.

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