Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Una católica española, harta de la cristianofobia

‘Si se respeta a todos, ¿por qué no a los católicos?’

La Gaceta
0
comentarios

Después de que el Carnaval de las Palmas premiara la actuación en la que un Drag Queen se burlaba de Cristo y de la Virgen María, una madre de familia escribe una carta en la que pide respeto y advierte sobre la “persecución silenciosa”que los católicos están viviendo en España.

Religión en Libertad publica una carta escrita por una madre católica en respuesta a la “persecución silenciosa” que los católicos están sufriendo en España a causa de su fe.

Después de que el Carnaval de las Palmas premiara la actuación en la que un Drag Queen se burlaba de Cristo y de la Virgen María, la española Sofía Cagigal de Gregorio se pregunta por qué en una sociedad en la que “se respeta a todos” no se respeta a los católicos. Lean la carta íntegra:

El pasado 27 de febrero, Borja Casillas, caracterizado como Drag Sethlas, tuvo sus minutos de gloria; ganó la gala Drag del Carnaval de las Palmas de Gran Canaria 2017. Hasta aquí una noticia más si no fuera porque con su espectáculo, es posible que el 70% de los españoles, que se declara católico, se sintiera agredido, humillado, vejado y profundamente dolido.

¿Somos conscientes de que de un tiempo a esta parte los cristianos católicos estamos sufriendo en España una persecución silenciosa, por parte de un sector de la sociedad, amparada en la libertad de expresión, en lo políticamente correcto, el anticlericalismo, la intolerancia y la estupidez más absoluta?

El obispo de Canarias, Francisco Cases, escribió una carta en la que entre otras cosas decía que “hasta ahora el día más triste de su estancia en Canarias había sido el día del accidente en Barajas del avión que partía hacia Gran Canaria. A partir de hoy diré que estoy viviendo ahora el día más triste”. Sus palabras han causado un gran revuelo, casi más que el espectáculo de Drag Sethlas. Se le ha tachado de todo. La presidenta de la Asociación de Víctimas de Spanair AVJK5022, Pilar Vera, le ha recordado que en aquel siniestro de aviación murieron y se destruyeron no solo ciento cincuenta y cuatro personas, sino también sus familias y le ha pedido que, si ha olvidado a las víctimas, lo haga del todo y deje de citarles.

Puede que monseñor Cases se haya equivocado en su comparación y no haya estado afortunado, pero aún así es fácil criticar a un católico, y más si es sacerdote, y todavía más si es obispo. No hay nada más doloroso que la pérdida de vidas humanas sin un motivo natural. Pero si miramos más allá de las palabras del obispo, quizá podamos entender la comparación, ya que para un cristiano no hay nada más sagrado que la figura de Cristo y su mensaje, que trasciende la propia vida humana. De ahí su dolor profundo de corazón al ver el espectáculo. El ataque profundo y cada vez más habitual a la esencia de los católicos tiene el peligro de ir filtrándose poco a poco en la mente y el corazón de miles de personas que acaben viendo como normal el insulto a quienes sienten la religión católica como parte de su propia vida.

Precisamente esa fe de la que muchos se mofan, puede servir para sobrellevar la dureza y el desgarro de la pérdida de un ser querido en una accidente de avión. Y lo digo con conocimiento de causa y desde el máximo respeto por las víctimas de Spanair, ya que yo también soy víctima de un accidente aéreo; cuando tenía catorce años, mi padre murió en el primer accidente que hubo en el aeropuerto de Barajas, en el año 1983, cuando dos aviones chocaron en la niebla.

Si se respeta a todos, ¿por qué no a los católicos? Soy católica, apostólica y romana por tradición y por fe; soy creyente, practicante, he tenido mis dudas de fe profundas y mis noches oscuras, soy heterosexual, casada desde hace 20 años con la misma persona, soy madre de dos hijas, soy blanca, de 47 años, me gusta que mis hijas reciban una educación cristiana porque creo que el mensaje de Cristo (el amor, la misericordia, el perdón y la caridad), es el que verdaderamente hace que este mundo pueda ser mejor. No soy retrógrada, carca, ultra ni rancia. Soy liberal y tradicional. Respeto a los agnósticos, a los ateos, a los judíos, musulmanes, budistas, sintoístas, y personas que profesen cualquier otra religión; respeto a los gays, lesbianas, transexuales, bisexuales, drag queens, heterosexuales; a los solteros, casados, viudos, separados, divorciados, parejas de hecho; a los ricos, pobres, negros, blancos, mulatos, mestizos, europeos, asiáticos, americanos, africanos y ciudadanos de Oceanía; a quienes votan al PP, al PSOE, a Ciudadanos, a Podemos y a otros partidos políticos.

Y si yo respeto de esta forma, ¿Por qué no puedo sentirme respetada por mis creencias religiosas? Los católicos no queremos ser más que nadie, pero tampoco menos.

¿No queremos todos que nuestros hijos aprendan a convivir en tolerancia y consigamos así un país y un mundo mejor? ¿No nos horrorizamos cuando asistimos a las muertes por violencia machista o a las agresiones y casos de abuso de unos adolescentes a otros? ¿No denunciamos las agresiones a distintos colectivos por cuestiones de identidad sexual? ¿No pedimos visibilidad y subvenciones para otras confesiones religiosas, minoritarias en España? ¿Y por qué entonces jaleamos y no nos escandalizamos cuando los católicos sufrimos continuas agresiones a nuestra identidad religiosa? ¿Por qué se utiliza distinto criterio para juzgar unos casos y otros?

Ni más que nadie, ni menos. No queremos ser más que nadie, pero tampoco menos; y por eso creo que los cristianos católicos debemos decir alto y fuerte que pedimos un respeto hacia nuestras creencias, nuestros valores, nuestras imágenes, nuestro culto, nuestros templos de oración, nuestros signos como la cruz, nuestras tradiciones como la Semana Santa o la Navidad, nuestras manifestaciones artísticas y culturales y nuestra historia. España es un país en el que el setenta por ciento de sus ciudadanos se declara católico: el setenta por ciento. No debemos callarnos más.

Borja Casillas ha dicho que no pretendía herir a nadie, que solo buscaba polémica; no me vale. Con ese criterio se podría justificar cualquier agresión física o verbal. Uno tiene que pensar antes de actual, tiene que ver al prójimo (próximo), tiene que ser empático y pensar cómo se sentiría si se burlaran de lo más sagrado para uno mismo, tiene que practicar la tolerancia en todas las direcciones, empezando por sí mismo. La libertad de expresión tiene que tener un límite, y sobre todo, un único criterio a la hora de aplicarse. Los católicos no queremos ser más que nadie, pero tampoco menos.

Leer más...

¿Qué opinan los españoles del ataque a los católicos en el Carnaval de Canarias? 

El PSOE defiende el carnaval de Las Palmas y niega que sea ofensivo 

Un vídeo denuncia la cristianofobia en España

(Información proporcionada por InfoVaticana)

Publicidad
Publicidad