Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Sus planes independentistas

Santiago Espot: 'La independencia romperá amistades y familias, sí'

Multado por organizar la pitada al Himno y denunciante de miles de comerciantes por no rotular en catalán, señala "la incapacidad congénita de España" como motivo de la crisis nacional.

Rafael Núñez Huesca
Santiago Espot durante la entrevista con Gaceta.es
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Santiago Espot es un viejo conocido de los platós de televisión, donde durante algunos años fue la única voz del independentismo catalán. En 2005, cuando nadie hablaba aún de procés, de elecciones plebiscitarias o del derecho a decidir, él construía Catalunya Acció, una organización de corte “independentista radical” –según sus propias palabras- que actuó prácticamente en solitario hasta 2010, fecha de la primera gran manifestación independentista. La propaganda de Catalunya Acció anima a los catalanes a "alistarse" en sus filas, no a afiliarse. Espot y su grupo delataron a más de 3.000 comerciantes que sólo rotulaban en castellano. Luego incluyó a su organización en la coalición Solidaritat Catalana per la Independència, que logró representación en el Parlament, pero cuya efímera trayectoria concluiría con la legislatura. Reconoce haber asesorado "por dos veces" a los conductores del proceso. Se sabe incómodo, también para lo suyos: "les pongo frente al espejo". Organizó (y ha sido condenado por ello a pagar 90.000 euros) la pitada al Himno Nacional y al Rey que supuso "la escenificación de un conflicto político". El objetivo era claro: "el mundo ha de saber que los catalanes no queremos ser españoles".
Rodeado siempre de polémica, vehemente y radical en sus comparecencias públicas, pero amable y cercano con el entrevistador. Espot es un independentista exaltado, pero nadie podrá acusarle de incoherencia. Actúa como habla. Y habla así:  

Usted es independentista

Sí.

¿Por qué?

Porque quiero ser catalán.

¿Es que no lo es ya? 

Yo aquí (se señala la cartera) tengo un documento que dice que soy español.

Que dice que es también español.

Yo soy catalán de vecindario. Mi vecindad es la catalana. Como si usted se empadrona aquí, que sería vecino de Cataluña, pero su nación seguirá siendo España.

¿Y la suya no es Cataluña?

Evidentemente. Pero yo quiero ir por el mundo siendo catalán. Quiero ser como un español o como un danés.

Es decir, que la cosa se reduce a un reconocimiento de terceros.

No, se reduce a una cuestión de dignidad.

¿Ahora mismo está en una situación indigna?, ¿Cataluña atraviesa por un periodo de indignidad?

Claro. España, cuando estuvo invadida por Francia, vivió una situación de indignidad, ¿no?

¿Cataluña está invadida por España?

Sí, claro. Desde 1714. Es historia, yo no me lo invento. Como tampoco me invento el año 1939, cuando España entra aquí y se españoliza a los niños catalanes.

Entre esos que entraron por la Diagonal en el 39 había muchos catalanes. Y los que les recibían con júbilo también lo eran.

Como los guardianes del Gueto de Varsovia también eran judíos. Miserias hay en todos los pueblos.

En qué se diferencian los catalanes del resto de españoles, además de en lo obvio, que es una lengua exclusiva.

Existe una personalidad catalana bien diferenciada caracterizada por una serie de valores como la perseverancia, el ingenio comercial, la devoción especial por el trabajo, el individualismo…

Y qué me dice del resto de España.

No, de Castilla. Es Castilla la que impregna con su mentalidad a España.

¿Y cuál es esa mentalidad?

Es una mentalidad, a diferencia de la catalana, que es individualista, gregaria. España es un pueblo caudillista, el catalán no. Nosotros somos iconoclastas, matamos al líder. Es algo muy mediterráneo. Castilla acepta bien al caudillo. Incluso lo necesita en muchas ocasiones. El español es jerárquico, no entiende el diálogo o los matices, no los soporta. Obedeces o mandas, no hay más. 

(En este momento, Espot dibuja un mapa de España y empieza a hacer círculos sobre cada una de las actuales comunidades autónomas…)

¿Cuántos movimientos políticos están cuestionando a España? Hay nacionalistas andaluces ¿no?, ¿y en el País Valencià?, tú eres de allá. Baleares, Cataluña, Galicia, Asturias, País Vasco, Navarra, Canarias; incluso en Castilla está Izquierda Castellana… (el mapa de España es ahora ininteligible). Es decir, fíjate el “pollastre” (expresión catalana que vendría a significar lío, caos, “pollo”) que ahí aquí ¡y no hay ninguna autocrítica!

Y pese a todas esas tentaciones fragmentadoras, llevamos cinco siglos unidos.

De cinco nada. Tres. Pero nadie quiere ser español como quiere Castilla que lo sean.

¿Y esto, según usted, a qué se debe?

A la mentalidad castellana, que no tiene ninguna ductilidad. Por la incapacidad congénita de España. ¡Pero si no ha podido recuperar un colonia -Gibraltar- en Europa en pleno siglo XXI!

Hableme de su organización, ¿por qué Catalunya Acció?

Nacemos en 2005 con un único objetivo: la independencia de Cataluña, y para ellos nos proponemos aprovechar cualquier oportunidad en cualquier campo: cultural, político, deportivo. El objetivo era conseguir lo que ya hemos conseguido: el eje del debate político ha pasado a ser independencia sí/independencia no. Es el prólogo de toda independencia: la existencia de dos frentes. Y eso ya lo tenemos.

¿A qué está dispuesto por la independencia?

Desde el independentismo radical buscamos el conflicto político e institucional que ha de preceder a toda independencia. Una independencia es una revolución, y para hacer la revolución hay que romper con la legalidad española.

¿Es la única forma?

Las independencias se hace de dos maneras: negociada, como en Escocia o Montenegro, o no negociada. En este último caso has de romper con una legalidad y sustituirla por otra. Hechos consumados.

¿Eso qué significa?

La toma del control del territorio. Es algo que no se dice, pero que es capital. Yo puedo asomarme al balcón de mi oficina y puedo proclamar la independencia, pero no tendría mayor trascendencia… ahora bien, si yo proclamo la independencia y tomo el control de la calle, la cosa cambia. Y a eso vamos.

Los hechos consumados.

Exacto. Controla el territorio del que eres soberano es imprescindible, de lo contrario no existe la soberanía. Pero además, es importante porque Europa no negociará nunca con nosotros a menos de que seamos un problema. Hasta que los refugiados sirios no decidieron ir a pie hasta Berlín éstos no suponían un problema, ¿y qué hizo Europa cuando empezaron a ser un problema? Negociar. La Unión Europea estará en todo momento del lado de España, de acuerdo, pero también le dirán a España: “Oye, estos tíos han de votar”.

Usted es consciente que el conflicto al que aspiran puede tener una peligrosa derivada social.

Habrán tensiones sociales, sí. ¿Que se van a romper amistades? Sí. ¿Que se van a romper familias? sí. Es inevitable. Pero no se llegará a un conflicto civil. Esto no es Belfast.

Y si no les sale como ustedes quieren, ¿cómo gestionar la frustración?

¿Frustración? No habrá ningún tipo de frustración. En 2005 éramos el 15%, hoy somos el 50%. Vamos ganando. Y esto sigue.

 

El origen

Es cierto que el apoyo a la secesión he crecido mucho en los últimos años, pero, ¿cuándo empezó todo?

En 2009 en Arenys de Munt. Con la primera consulta. Aquello supuso un punto y aparte. Y entre junio y agosto (la consulta se celebró en septiembre) no recibió más ayuda que la Catalunya Acció. Hasta los partidos independentistas lo veían como una locura… hasta que actuó la abogacía del Estado, España intentó anular la jornada. Así fue como explotó todo. Después creamos la segunda oleada de consultas, luego la tercera… A los pocos meses Solidaritat per la Independència, el partido en el que estábamos integrados, conseguía representación en el Parlament. Fue otro aspecto clave. Era fundamental que se escuchara una voz independentista radical en la cámara.

De hecho, fueron ustedes los que acuñaron aquella frase, ‘Espanya ens roba’.

Justo. Esa frase algún día figurará entre las grandes frases políticas catalanas. Interpretaba un inconsciente colectivo generalizado entre los catalanes.

Pero es profundamente ofensiva.

Sí, es ofensiva. No lo niego. Pero consigue su objetivo. De todas formas, yo no soy independentista por una cuestión económica. No lo he sido nunca. Es más, yo diría que el discurso económico sobra. Porque si centras demasiado tu relato en el discurso económico te puede pasar como a Romeva en la BBC. Que te machacan porque has planteado una cosa poco solidaria. Ya sabe que estamos en una sociedad que, de manera hipócrita o no, hace de la solidaridad un valor.

¿Y el discurso identitario es más fácil de vender por ahí fuera?

Sí, sobre todo en los EEUU. Es el discurso de nuestra historia. El discurso de la cultura y la historia siempre tiene más gancho, siempre tiene más atractivo. Por ejemplo, en la película 'El Patriota', que narra la independencia de los EEUU, ¿se habla de dinero? No. Aunque el galvanizador de aquél proceso fuera la tasa del té, ni John Adams ni Benjamin Franklin se vuelcan en los impuestos, basan el discurso en la libertad.

De modo que usted se centraría más en la épica y menos en la cartera.

Claro, porque si el expolio de 14.000 millones que sufrimos nos lo rebajan a 1.000, ¿entonces qué pasa, dejamos de ser independentistas? La independencia no tiene un precio. La vida de Companys no tiene precio, ni la vida de Carrasco y Formiguera, presidente de Unió Democràtica de Catalunya o la vida los hermanos Badia. Entiendo que la cuestión económica puede servir como mecanismo de iniciación, pero no tiene recorrido.

Entonces el discurso de Mas, tan dependiente de los argumentos económicos, ¿es un error?

Sí. Hablan con multitud de eufemismos, fórmulas para no llamar a las cosas por su nombre.

¿Por ejemplo?

Derecho a decidir. Eso no está en ningún diccionario de ciencia política. Fue Agustí Colomines, un intelectual próximo a Convergència, el que se inventó el término. O desconexión, que está de moda ahora, para evitar hablar de romper. La independencia de Cataluña no es un enchufe. En general, todo el discurso de la Revolució dels somriures (Revolución de las sonrisas) está plagado de eufemismos. Por ejemplo, “Con la independencia España va a salir ganando”, dicen. Es decir, España va a perder el 25% de su PIB y va a estar contentísima. Y con el peligro de que la deuda, que va a nombre de España, se la coman ellos solitos. Y otra es que “vamos a ser amigos de España”. Ya tenemos amigos. Y amor. Yo no necesito que me quiera España. Yo no tengo ningún interés en ser amigo de España, aunque pueda tener amigos españoles.

Luego, estará de acuerdo con que se daría un efecto frontera en las relaciones comerciales.

Por supuesto. Si los catalanes no estamos dispuestos a que baje nuestra facturación un 15 o un 20% durante un período de tiempo, ¿dónde vamos?

¿Y la Unión Europea?, ¿asume que la hipotética República Catalana quedaría fuera?

No se vive tan mal fuera de la Unión Europea. Dinero no nos faltará, no se preocupe. Cataluña es un país con un ingenio y una habilidad comercial legendaria, de hecho, los españoles es lo único que nos reconocen.

¿Descarta que el Estado ejerza el uso de la fuerza que legítimamente le corresponde como Estado?

Absolutamente. Perro ladrador poco mordedor. Las armas, ahora, son multas a los funcionarios y sentencias judiciales.

Hábleme del control del territorio. Porque llegará un momento en el que tenga que hacerse, y eso produciría un choque físico entre dos autoridades.

No necesariamente. Si ninguna parte quiere, no habrá choque físico.

¿Pero cómo se hace?

No lo daré los detalles porque forman parte de una estrategia, pero básicamente se trata de ir a las dependencias de la Guardia Civil y que los Mossos les hagan entrega de un documento que diga que según el Govern de Catalunya quedan destituidos.

¿Y usted espera que la Guardia Civil acepte esa orden?

Bueno, seguramente la Guardia Civil también haya recibido otro papel. Mire, el 14 de abril del 1931 el president Macià tomó el control del Palau de la Generalitat, que estaba bajo las órdenes de un militar español, y no hizo falta ningún choque físico.

 

El futuro

Le habrán hecho muchas veces esta pregunta, ¿qué va a pasar?

La actual generación política catalana va a ser víctima de este proceso, se los llevará por delante. Hemos pasado de un 15 a un 50%. Perseveraremos. Y seguiremos creciendo.

¿Hay margen para seguir creciendo?

Por supuesto, sobre todo entre los nuevos catalanes, esos catalanes de origen peninsular. La independencia de Cataluña, y esto lo he dicho muchas veces, la acabarán haciendo los hijos de los españoles integrados aquí, ellos no tienen los tics del vencido. Pasó lo mismo en América.

Vuelvo a la pregunta, sea usted un poco más concreto: ¿qué va a pasar?

Esto se va a enquistar. La clase política catalana actual está amortizada. Se va a producir un resurgimiento del independentismo radical, se va a acabar el ser amigo de España, se va a acabar el derecho a decidir y todos estos eufemismos. Muchos verán, por fin, que la independencia es un conflicto. Cada vez más catalanes están dispuestos a hacer los sacrificios que hagan falta para llegar a la independencia. 

¿En los 18 meses marcados?

No. Mire, cuando empezó Catalunya Acció en 2005 nuestro plan de acción eran diez años. Un proceso así es una década. Esto empieza en el 2010 con la gran manifestación contra la sentencia del Estatut. Llevamos la mitad del proceso. En una década puedes llegar a cambiar la mentalidad colectiva de la gente y en eso estamos.

¿“Cambiar la mentalidad colectiva de la gente”?, pero... ¿no era un proceso “de abajo a arriba”? 

A mi no me habrá escuchado nunca decir que es un proceso de abajo a arriba. Yo no soy demasiado amigo de Gramsci, pero decía una cosa muy cierta: toda sociedad se divide entre dirigentes y dirigidos. Por tanto, ¿que la gente tiene su importancia en el movimiento, por supuesto? Pero al final los que tienen que tirar esto adelante son un grupo de élites intelectuales y políticas.

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