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Con patente de la fundación rockefeller

Zika, una oscura excusa para extender la cultura de la muerte

El aumento de los casos de un virus, el zika, que podría causar defectos en el feto está sirviendo a las organizaciones abortistas para luchar contra los últimos regímenes que defienden la vida del no nacido.

Carlos Esteban
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La Organización Mundial de la Salud -sí, ese organismo dependiente de la ONU que nos alertaba contra el bacon y nos quiere poner a dieta de insectos- acaba de declarar una emergencia sanitaria mundial. Se trata de zika, un virus que trasmiten los mosquitos y que, si bien no es muy grave en la mayoría de los casos para la persona afectada, causa malformaciones en el feto en caso de infectar a mujeres embarazadas, concretamente microcefalia, es decir, una atrofia de la cabeza que suele producir incapacidad, retraso en el desarrollo y, en ocasiones, ataques. La OMS estima que el número de infecciones a escala mundial podría alcanzar los cuatro millones para final de año.

El nuevo brote surgió en Brasil, y de ahí ha saltado ya ha varios países americanos y, según recientes informaciones, en nuestro propio país se ha detectado el caso de una mujer embarazada. En Brasil, en número de casos supera los 3.000 y sigue creciendo, según el ministro de Sanidad,  Marcelo Castro. Se registran dos nuevos casos cada hora, aunque no todos están confirmados.

La alerta sanitaria mundial fue decretada el lunes, lo que contrasta con la lentitud con que, según sus críticos, reaccionó la OMS al brote de ébola de 2014. Ahora, en cambio, le ha faltado tiempo para lanzar la voz de alarma, cuando incluso varios informes hablan de "falta de pruebas definitivas" de que el virus cause estas malformaciones fetales y la propia directora general de la OMS, la doctora Margaret Chan, admita que hay "fuertes sospechas" de que exista esta relación pero no está científicamente demostrado.

La solución se impone sola: el aborto

Sí, por delante de otras de sentido común, como controlar la población de mosquitos en las áreas más deprimidas, que causan multitud de enfermedades endémicas y cuya reducción logró en su día acabar con plagas intratables como la fiebre amarilla a finales del siglo XIX. 

El aborto, por esas casualidades del destino, no es legal en Brasil salvo en los mismos tres supuestos de la primera ley socialista española pero tomados en serio: la pena para la mujer que se somete voluntariamente a un aborto fuera de esos tres casos es de uno a tres años de prisión.

Eso no gusta nada a la internacional del aborto ni a la propia OMS, entusiasta desde su origen del aborto abundante, legal y, a ser posible, gratuito, como prueba el hecho de que Planned Parenthood sea la ONG que recibe más subvenciones de Naciones Unidas.

La ONU, después de todo, tiene un largo historial de presiones a los países que aún mantienen el aborto provocado en sus códigos penales para que lo legalicen, y quiere la suerte que la mayoría de países afectados por el zika sean de los pocos que aún defienden la vida del no nacido. Y ahora llega una enfermedad terrible para el feto que pone en bandeja a los abortistas la campaña perfecta para la legalización. 

Ahora, la realidad. Según los Centros de Control de Enfermedades norteamericanos (CDC) y la propia OMS, el zika es un virus leve que se contagia exclusivamente a través de una variedad específica de mosquito, el Aedes Aegypti, propio de climas tropicales. Se estudia la posibilidad de que pueda transmitirse por contacto sexual, pero los datos son aún escasos.

El virus provoca fiebre no muy alta y picores. Entre los síntomas se citan dolores musculares y de articulaciones, jaquecas y conjuntivitis, que duran unos pocos días. Mucha gente pasa la enfermedad sin darse cuenta, apenas hay muertes asociadas a ella y no prospera en climas fríos. 

El problema está en el feto. Se han confirmado casos de infección de zika en niños con microcefalia, una condición que ha aumentado sensiblemente en Brasil a la vez que lo ha hecho la expansión del virus, pero no se ha establecido una relación causal clara entre el uno y la otra ni se ha evaluado el papel de factores que puedan contribuir a ambos, según los CDC. En Honduras, por ejemplo, los últimos trece casos detectados de zika en embarazadas no han mostrado anomalía alguna en el desarrollo fetal.

 

Y, a todo esto, ¿de dónde sale este nuevo virus? Bien, lo primero que debemos saber es que no es nuevo: lleva ya setenta años con nosotros, lo comercializan dos empresas y su patente es propiedad de la Fundación Rockefeller.Conocemos al zika desde 1947, cuando investigadores de la Fundación Rockefeller enjaularon a un macaco en medio de la Selva Zika de Uganda, en el curso de unos estudios sobre la fiebre amarilla. Pero el especimen, 'Rhesus 766', con el tiempo se convertiría en el primer portador conocido del virtus, que ahora comercializan  LGC Standards, con sede en Gran Bretaña, y ATCC, con sede en Estados Unidos.

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