Diario de Información y Análisis de Intereconomía

Gibraltar, el problema está más en Madrid que en Londres

No se entenderá la política useña sin conocer su componente mesiánico: https://www.youtube.com/watch?v=5BjWWju4qd8&t=743s

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Con motivo de la salida de Inglaterra de la Unión Europea muchos creen que España tendrá éxito en recuperar Gibraltar. Pero ante todo hay que mirar la realidad. Se dice que Bruselas ha dado autorización a Madrid para negociar el asunto con Londres, lo cual significa  dos cosas: en primer lugar, que la Unión Europea era garante de la permanencia de la colonia, es decir, estaba en contra de los más elementales intereses españoles. Y en segundo lugar, que los gobiernos españoles, una vez entregada la soberanía de España a Bruselas, no podían hacer nada práctico, fuera de amagos ridículos como imponer ocasionalmente colas en la verja. En dos palabras, los gobiernos españoles han liquidado de hecho la independencia de España, y una eventual y por lo demás muy improbable recuperación de Gibraltar no lo seria para España, sino para la burocracia de Bruselas. Es posible que Bruselas, muy resentida por la salida inglesa, aliente a Madrid a molestar a Londres, lo cual significa añadir miseria a la insondable miseria moral de la actual política hispana.

   He señalado reiteradamente lo que casi nadie ha querido ver: que la colonia inglesa está situada en el centro neurálgico de nuestro eje defensivo, y que está ocupada por una potencia que, por el mero hecho de mantener una colonia en España, único caso en Europa, no puede considerarse una potencia amiga y aliada, sino precisamente hostil, por mucho que nuestros políticos de los cuatro partidos multipliquen sus actos de abyecta sumisión hacia la potencia ocupante. Tal como los colonizadores multiplican los actos de arrogancia y vulneran todos los acuerdos y tratados siempre que les conviene. Por consiguiente, nada debemos esperar mientras persista la despreciable casta política de los cuatro partidos.

   Para entender mejor el problema, recordemos que el franquismo derrotó moral y diplomáticamente a Inglaterra en la ONU, y ante la burla inglesa de las resoluciones de la ONU, cerró la verja del peñón. Con ello convirtió a Gibraltar en una ruina económica cada vez más agobiante para Londres. De esta situación vino a rescatar a los ingleses el gobierno de Felipe González, reconocidamente corrupto. El PSOE abrió la verja, entre el silencio de la derecha y sin la menor compensación para España, aunque posiblemente sí alguna para algunos socialistas. Desde entonces, la colonia se convirtió en un emporio de negocios opacos y contrabando, dentro de la red de refugios o paraísos fiscales con los que Inglaterra ha reconstruido un peculiar imperio financiero.

   Gibraltar es, además, un factor de desertización económica para el entorno, al que parasita y donde se alcanzan los índices de paro más altos de España. Y un foco de sobornos y corrupción en Andalucía, cuya junta autonómica es generalmente considerada la más corrupta del país. Los gobiernos del PP no mejoraron en absoluto la situación, sino que incluso aumentaron las oficiosidades serviles hacia Londres, impulsando de paso la gibraltarización o colonización cultural del país, con el consiguiente y progresivo desplazamiento del español como lengua de alta cultura. Realmente no podemos acusar a Londres por defender sus intereses, pero sí a los gobiernos españoles por defenderlos también, y contra los intereses españoles.

   Una anécdota que adquiere el carácter de categoría ha sido la dedicación, por el PP,  de una plaza a Margaret Thatcher en pleno centro de Madrid, en la plaza de Colón, cuya gran bandera española queda así digamos relativizada, y  muy cerca del monumento a Blas de Lezo. La Thatcher, que era alcohólica, gritó “Bombardeemos Madrid”, durante una estancia en Gibraltar,  ante uno de los muchos incidentes en la bahía de Algeciras en los que España, es decir sus nada dignos gobernantes, casi siempre han agachado la cabeza. La Thatcher ha sido también la impulsora de la guerra de las Malvinas contra un país hispano y por una cuestión semejante a la de Gibraltar, cosa que al PP le trae al fresco, mientras habla de dictaduras y similares, como si Inglaterra no se comportara en plan imperialista y se aliase con cuantas dictaduras convienen a sus intereses, al paso que contribuye a  provocar  golpes y guerras civiles en diversos países. Como ha sugerido el gobierno ruso, al que Londres no cesa de acusar de violaciones del orden internacional, “Devuelvan las Malvinas, devuelvan Gibraltar, y así podrán acusar con la conciencia algo limpia”. Pero esto no se les ocurre a los gobiernos españoles.

   Ahora una autoridad inglesa ha advertido que Inglaterra podría ir a la guerra por Gibraltar. Idea ridícula porque el gobierno español, sea cual fuere su partido, está dispuesto a continuar su sumisa colaboración con Londres a cualquier precio. Además, España tiene todas las bazas morales, diplomáticas y económicas para recuperar el peñón sin necesidad de ninguna intervención militar, simplemente cerrando la verja y armándose de paciencia. Pero sus gobiernos son los más contrarios a cualquier presión real. No creo aventurada la sospecha de que muchos políticos y negociantes ligados a los políticos, tengan sus dineros en el refugio fiscal gibraltareño, porque un dato innegable de la llamémosle clase política española, es su corrupción, aparte de su desprecio por España, demostrado cada día. 

   Así las cosas, lo único que cabe hacer es denunciar tenazmente estas políticas y ganar a una opinión pública hoy desconcertada y  anestesiada por mil demagogias. Ello debe plantearse como un proceso probablemente largo para desalojar del poder y sus aledaños a tales partidos. Partidos  que casualmente son también los de la llamada memoria histórica, de la recompensa a los crímenes de la ETA,  de la financiación de los separatismos o de la entrega de la soberanía a las burocracias de Bruselas. entre otros desmanes.

 

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