Diario de Información y Análisis de Intereconomía

"Orgullo" homosexual, o el triunfo de lo grotesco

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“Orgullo” homosexual, o el triunfo de lo grotesco

 

Cuando se pierde el sentido de lo que está bien y lo que está mal, triunfa lo grotesco. Y un  rasgo típico de nuestro tiempo es exactamente ese: la imposición de lo grotesco como “cultura”. La RAE define el concepto como “ridículo, extravagante”, o bien “grosero y de mal gusto”. Y es todo eso, pero hay ahí algo más profundo, una actitud vital: especie de  chifladura que a menudo pretende ser jocosa y en el fondo resulta terrorífica. En el arte y en la conducta humana en general, hay una búsqueda de la armonía, de lo sublime, nunca del todo alcanzada, siempre frustrada en mayor o menor medida; y de esa frustración nace  lo grotesco, como burla de esa aspiración cuando se hace rebuscada o pretenciosa: en ese sentido puede tener un valor en cierto modo terapéutico. Lo tiene también como escape –el carnaval—a exigencias morales excesivas que se volverían insoportables.  Pero cuando lo grotesco no aparece como escape  o burla saludable y reveladora, sino como modelo que se exhibe triunfante,  cuando se impone en una cultura, esa cultura está condenada, porque destruye la tensión cultural la aspiración a la armonía e intenta aplastarla. Viene a expresar un  desánimo esencial y el regodeo en el desánimo ante una aspiración nunca plenamente lograda.

 

   Pretender orgullo por la homosexualidad, venía a decir Pío Baroja, sería como enorgullecerse de la tos ferina  o algo así (cito de memoria). El homosexualismo pretende que la homosexualidad es una forma equiparable a la sexualidad normal entre ambos sexos, o incluso superior. Naturalmente,  la sexualidad es asunto personal, y un homosexual no es culpable de su defecto o tara, como nadie lo es de tantos defectos o taras que todos arrastramos por el hecho de ser humanos: cada cual afronta mejor o peor sus limitaciones, y en eso consiste  en gran parte el arte de vivir. Pero convertir una limitación en motivo de orgullo, y tratar de hacerlo un modelo para la sociedad, eso es, precisamente lo grotesco. Los homosexualistas revelan su inseguridad y su talante totalitario en un lenguaje frecuentemente agresivo y obsceno, con pretensiones “científicas”, o en el intento de prohibir  a algunos homosexuales de salir de su condición  y de perseguir judicialmente a quienes piensen de la homosexualidad de forma distinta a ellos. Llegan a dar miedo, y algunos recomiendan a los discrepantes, como en las dictaduras: "no te metas en líos".

 

    Tendremos, pues, el enésimo día del “orgullo” gay, como le llaman. Con dinero de todos nosotros, nos guste o no, porque la alcaldesa Annie Bottle –del PP--  así  lo ha decidido. Y ha traído a un célebre personaje eurovisivo a leer el pregón. Según he leído, la barbuda pregonera cobrará 20.000 euros por leer su inevitablemente grotesca redacción, en la que acaso hable de libertad, igualdad de derechos, tolerancia, etc. Y asistirán al desfile decenas de miles de personas como quien va un circo,  como los que suelen contemplar en la telebasura,  tan boyante gracias a tales espectadores. He ahí la “cultura” dominante hoy, cada vez más amenazadora para quienes no comulgamos con sus grotescos tópicos. Un síntoma entre tantos otros. No por casualidad homosexualismo, abortismo y otros ismos por el estilo suelen ir juntos.

 

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