Diario de Información y Análisis de Intereconomía

Ortega y Gasset, Cela, Julián Marías...

 En Una hora con la Historia tratamos este sábado la experiencia de la neutralidad y su posible proyección como principio de política exterior tras la caída del Pacto de Varsovia.  Es una cuestión clave en un país cuyo gobierno y partidos parecen haber renunciado no solo a una política exterior propia, sino a la misma soberanía española. Trataremos también el libro recientemente publicado sobre las elecciones de febrero del 36 y lo que revela no solo sobre la política actual, sino también sobre la intelectualidad y los historiadores.

   La sesión anterior:  https://www.youtube.com/watch?v=6vaDWRde2Ec

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Pasemos de los años 40. ¿Cómo fue el resto, según usted?

 R. No pasemos aún.  Le voy a hacer un resumen de aquel decenio, que puede resumirse así: España evitó verse arrastrada a la guerra mundial, cosa dificilísima en aquellas circunstancias. Se reconstruyó sola, sin deber nada a Usa, al revés que el resto de Europa occidental. Derrotó una guerrilla comunista sumamente peligrosa, no solo sin ayuda extranjera (en Grecia solo pudieron derrotarlas con ayuda de Inglaterra y Usa, recuérdelo), sino con hostilidad exterior. Se adelantó al criminal aislamiento internacional, evitando una gran hambruna, y derrotando con paciencia y diplomacia dicho aislamiento. Económicamente, y a pesar de la dureza y las estrecheces de los tiempos, motivadas en gran parte por el sabotaje exterior, la situación mejoró mucho. Lo demuestran el aumento de la talla de los reclutas y, sobre todo, el fuerte aumento de la esperanza de vida al nacer. Y, como he expuesto en Años de hierro, fue un decenio culturalmente muy importante. Cada uno de estos logros carece de parangón en la historia de España en mucho tiempo, y frente a dificultades ingentes, y ya justifica plenamente a un régimen. Ortega y Gasset, el principal de los “padres espirituales de la república”, y que tanto se había equivocado al ayudar a traerla, lo definió perfectamente al volver del exilio al terminar la guerra mundial:  “Por primera vez tras  enormes angustias, España tiene suerte. Su horizonte está despejado. Mientras los demás pueblos están enfermos, el nuestro, pese a sus muchos defectos y malos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud”. Más o menos fue lo que dijo. Son frases a recordar.

  

Bueno, Cela describe en La Colmena un ambiente muy distinto.

 R. Cela fue posiblemente el novelista español más importante desde la posguerra hasta hoy mismo, pero políticamente era un gran oportunista, como ud sabe o debe saber. Fue falangista, censor y se ofreció como delator a la policía. Creyó, como tantos, que al terminar la guerra mundial los vencedores de Alemania barrerían a Franco con solo soplar un poco, y La Colmena fue con toda probabilidad el obsequio que quería hacer quienes consideraba triunfadores para hacerse perdonar su pasado. La Colmena es una gran novela, pero es eso, una novela, no una crónica  de la época. Es indudable que muchas de las situaciones que narra se dieron realmente, pero es como si ahora ud escribe una novela centrándose en los drogadictos, las prostitutas, los mendigos, políticos ladrones,  etc. y quiere hacerla pasar por un retrato fidedigno de los tiempos actuales. Todo eso existe, desde luego, pero solo es una parte del panorama.

  

Ud ha dicho que la ideología del régimen era el catolicismo, y podríamos añadir: un catolicismo asfixiante.

  R. Vamos a ver: en el régimen había tendencias políticas opuestas, como explico en Los mitos del franquismo, pero todas coincidían en llamarse católicas, de modo que el régimen se proclamó así, ya lo he indicado. Pero de ninguna manera fue asfixiante ni único. De hecho la literatura y otras manifestaciones culturales florecieron considerablemente, y la mayoría de ellas tenían poco que ver con el catolicismo o con el franquismo. En eso, el régimen fue bastante liberal. Había una censura ridícula, que se centraba sobre todo en temas sexuales. Si ud lee memorias de la época, incluso las más malintencionadas, verá que la libertad en todos los terrenos era muy amplia. Julián Marías, destaca la gran libertad personal de la época, y cómo el estado distaba mucho de ser totalitario. La economía era básicamente liberal y ese mero hecho permitía  vivir a la gente al margen del estado, aunque fuera contraria al franquismo. Julián Marías es, desde luego, mucho más veraz que la mayoría de los que escribieron sus memorias de entonces. Pasa como en la transición, que de repente montones de gente empezaron a falsificar sus biografías y a hacerse los antifranquistas, incluido tantos que habían prosperado en las filas del régimen... Y en la población,  casi todo el mundo se identificaba como católico, pero los verdaderos practicantes eran una minoría, aunque en unas regiones más que en otras. Y si vamos a los años 60, cosas como el marxismo, en libros y demás, proliferaban, sobre todo en la universidad. No olvide tampoco que el franquismo no montó un gran estado vigilante y represor como los nazis o sobre todo los soviéticos. Al contrario, fue un estado muy pequeño. El estado español actual es cuatro o cinco veces mayor que el franquista, no recuerdo ahora las cifras concretas, pero las he expuesto en el libro. Y como decía Kolakowski, un intelectual polaco que había sido stalinista, un estado totalitario necesita tener las fronteras cerradas, y el franquismo las mantuvo siempre abiertas. No temía la contaminación exterior.

  

... Pero diga usted lo que diga, no había libertad política.

    Vamos a ver: había libertad política para las familias del régimen que eran como partidos hasta cierto punto. Pero no había libertad para los comunistas, los maquis, etc., que eran los únicos que hacían oposición. Un gobierno que tenía que contender con el maquis dentro y con mil amenazas fuera, tenía que ejercer una represión fuerte contra sus enemigos. Pero la inmensa mayoría de los que habían sido anarquistas, socialistas, republicanos, separatistas, incluso la mayoría de los ex comunistas, habían olvidado sus agitaciones anteriores y se centraban en trabajar para ir superando las duras condiciones de la época. Y eso por dos razones. Porque  habían recibido una paliza de mucho cuidado en la guerra. Y porque habían sufrido el hambre, los expolios, las luchas, represiones y asesinatos entre las propias izquierdas, habían visto cómo los jefes escapaban llevándose enorme tesoros expoliados, y dejaban a sus sicarios y chekistas que  se apañaran como pudieran... ¿Cómo iban a intentar volver a las andadas? Todos los intentos de movilizarlos o de recomponer el Frente Popular fracasaron de modo inmediato. De hecho, solo en el mismo año 1939 habían vuelto a España más de dos tercios de los exiliados del primer momento, y este es un dato muy demostrativo.  Y en los años siguientes siguieron viniendo más.

    Mire, en Los mitos del franquismo detallo una multitud de datos y hechos que desmienten casi todo lo que se ha dicho de aquel régimen desde la transición. Se han dicho miles y miles de mentiras y distorsionado la realidad. ¿Por qué? Porque los organizadores de la transición, que venían de los rangos más altos del franquismo,  empezando por Suárez, primero se callaron y luego colaboraron con las continuas campañas de embustes y calumnias. Todo por hacerse los demócratas, que no lo eran ellos ni los antifranquistas, y así han hecho una democracia de tres al cuarto. Pero es muy importante restablecer la verdad histórica, porque un pueblo que vive en la falsedad, vive en estado de farsa, la política actual es una farsa continua. Y en la historia las farsas terminan abocando a las tragedias.

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