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El PP sodomiza a Madrid (I)

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**Hoy, de 4 a 5 de la tarde, en "Cita con la Historia", hemos tratado las concepciones ideológicas en que se basa el separatismo catalán. En Radio Inter, 93,5 de fm y el 918 de am

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El PP sodomiza a Madrid (I).  

 

    Durante tres o cuatro días, la capital de España se ha convertido en una especie de capital mundial, ruidosamenteo obscena, de la homosexualidad. Tiene que haber supuesto un enorme desembolso, probablemente compensado por la afluencia de turistas: el dinero se ha utilizado como excusa.  El PP ha sido el gran promotor del evento que ha sodomizado a la ciudad, en el sentido bastante literal de que la ha convertido en una especie de  Sodoma, y en el de que, metafóricamente,  “ha dado por el culo” a la población contraria a tales actos, muy propios, a mi juicio, de una sociedad enferma y decadente (véanse los artículos sobre salud/enfermedad social que vengo republicando).

 

   Este fenómeno político-sociológico del PP en estos trances merece  un análisis, así como los poderosos recursos que mueven la propaganda homosexualista en todo el mundo. Ya hablaremos de ello,  pero ante todo conviene prestar atención a los argumentos con que se justifican los homosexualistas, y sin los cuales todos los recursos financieros no bastarían para cambiar, como han cambiado, la mentalidad de grandes sectores sociales: A) Todas las formas de sexualidad  son equivalentes, normales” (básica igualdad). B) Aunque sean iguales, importa el  “derecho a la diversidad”. C) Sus actividades como los días del “orgullo”, son derechos humanos. D) Los homosexuales han estado siempre perseguidos, por lo que es hora de liberarlos (victimismo).

 Veamos el apartado A): ¿Son igualmente válidas todas las formas de sexualidad? Si la consideramos simple o esencialmente como medios para “pasar un buen rato”, como simple experiencia de placer, está claro que cualquier forma de sexualidad es equivalente, desde la zoofilia o el sadomasoquismo a la pederastia, pues de todas ellas el sujeto obtiene placer. Y de hecho esa es una tendencia muy fuerte en la sociedad actual, manifiesta en la literatura, el cine y los comportamientos comunes, evidente también en el homosexualismo. 

    Pero la sexualidad, aunque no está limitada a la reproducción, se relaciona íntimamente con ella, que es biológicamente su fundamento. De ahí que sea la base de la familia y de relaciones prolongadas, incluso por toda la vida, de la  fidelidad y sentimientos que suelen considerarse virtudes, los cuales  serían hechos indiferentes sin ese fundamento biológico. Los órganos sexuales masculino y femenino son complementarios, cosa que no ocurre en los homosexuales, quienes están incapacitados para la reproducción y para la familia,  salvo en forma de parodia: en los homosexuales suele darse una imitación vana de los papeles masculino y femenino, prueba de su fuerza biológica; su tendencia a la promiscuidad es mucho más fuerte, y su relación inevitablemente estéril. Y su "derecho" a tener hijos de modo no natural, choca con el derecho de los niños a tener un padre y una madre efectivos y no fingidos. El "cariño" que suelen invocar, no sirve. También a las mascotas se les puede tener cariño. Por consiguiente, no son dos formas de sexualidad equivalentes. Una es normal y la otra desviada o aberrada. Solo puede hablarse de equivalencia borrando unos hechos por demás evidentes o negándoles validez.

 

     En cuanto al apartado B), ¿existe el derecho a la diversidad? Todo derecho implica diversidad. Una cosa es que lo normal sea la relación sexual prolongada y en principio leal, con familia, etc., y otra que quienes no puedan o no quieran obrar así dejen de tener derechos por ello (dentro de ciertos límites, claro: hoy por hoy la pederastia no entra en la “diversidad” admisible por la mentalidad social, aunque sospecho que los ingenieros de almas la harán “normal” antes de mucho, una vez admitido el principio de la equivalencia). Y no es lo mismo el derecho a una sexualidad  particular, siempre que  no sea agresiva, que la exhibición obscena y “orgullosa”  de una evidente desviación. Siendo la sexualidad  un aspecto particularmente íntimo de la vida humana, su exhibición impersonal (la pérdida del pudor, la obscenidad) siempre se ha considerado una perversión. Y, desde luego, si algo destaca en la exhibición, el lenguaje y la argumentación homosexualistas es una agresiva obscenidad, a menudo acompañada de cierta cursilería y hasta pretensiones  científicas. El desfile del “orgullo” constituye un grotesco festival de todo ello,  y por lo demás he podido comprobarlo en los insultos recibidos en las redes sociales por cuandos osan discrepar del homosexualismo. Digo homosexualista porque muchos homosexuales no se sienten identificados con un movimiento que pretenden representarlos sin pedirles permiso (esta “usurpación de la representación” se ha convertido en una plaga de la política desde que los marxistas se proclamaron “científicamente” representantes del proletariado). Una cosa es el respeto a las personas, y otra que esas personas se conduzcan de modo respetable.   Con esto queda comentado también el apartado C)

 

El victimismo es quizá la baza más empleada por todo tipo de movimientos demagógicos. Los separatistas lo explotan a conciencia, e igualmente los feministas: "la mujer" habría vidido siempre oprimida, sin derechos, bajo el "machismo" y el "patriarcalismo", males a superar imponiendo leyes que, en definitiva, tratan de  asfixiar la expresión ajena: se trata de una ideología sexista en  extremo, obscena y agresiva como el homosexualismo, obsesionada con el pretendido derecho de la mujer a asesinar vidas humanas en su seno (ello la haría más efectivamente “igual” al varón, claro). Como revela la historia, el victimismo obsesivo suele conducir al totalitarismo.

   Y, efectivamente, las formas de sexualidad desviadas siempre han sido motivo de sospecha y de condena, moral o jurídica. Pero, por mucho que se condenaran, eran hechos naturales, imposibles de impedir, como pasa con la prostitución; y en la práctica se convivía con ellos.  En el franquismo los homosexuales podían sufrir, teóricamente, la Ley de Vagos y Maleantes  (de origen republicano); pero se aplicó a muy pocos, y  probablemente por escándalo público, pese a existir en todas las ciudades círculos de homosexuales más o menos discretos, aunque bien conocidos popularmente; y varios personajes relevantes lo eran de modo notorio.  Propiamente no había persecución, aunque sí un grado mayor o menor de desdén o escarnio, a menudo injusto, porque entre los homosexuales, como entre quienes no lo son, hay de todo, personas más y menos respetables. Pero la homosexualidad en sí misma creo que nunca podrá ser un motivo de orgullo,  como se pretende, por mucho victimismo que se le eche. Es una condición o particular que cada cual debe sobrellevar como tantas otras digamos particularidades, de las que nadie se libra.

 

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