Diario de Información y Análisis de Intereconomía

El respeto a Franco, la quiebra de la democracia y el europeísmo

Pero parece que los únicos temas que ha abordado usted, diríamos que  obsesivamente, son los de la guerra civil

R. Muchas veces me presentan así, cuando doy una conferencia, como un especialista en la guerra civil, sin más. Ni me molesto en explicarlo, generalmente. Sí es cierto que la cuestión de la república y la guerra civil están clarificados perfectamente, en lo esencial, y en el plano intelectual, y me atrevo a decir que mi contribución ha sido decisiva. Ahora algunos dicen cosas parecidas a las mías, aunque sea en un tono bajo, pero hace unos años no se habrían atrevido, y además lo hacen sin citarme. De esto ya hemos hablado. Llegan a absurdos, y permítame que insista, como los dos autores de un estudio sobre las elecciones del Frente Popular. Después de corroborar que fueron fraudulentas dicen que ellos no ponen en cuestión la legitimidad del Frente Popular. Esto es tan idiota como decir: “yo no acuso a Pedro de asesinar a Juan, solo digo que le dio siete puñaladas en el corazón”. Pero, en fin, la clarificación intelectual es lo más importante, porque antes o después se impondrá en los medios de masas y en la política y en la universidad, que siguen repletos en falsedad envenenadora.

   Pero a lo que vamos.  Como le he indicado, he investigado y escrito sobre los separatismos vasco y catalán, un problema que no se resolverá si no se conoce su historia y carácter, algo que evidentemente ignoran casi todos nuestros políticos y la gran mayoría de nuestros periodistas. Este es uno de los problemas actuales que he abordado.

   Otro es el de la transición, un tema fundamental e históricamente muy reciente, pero tremendamente desvirtuado.

Usted me está demostrando que sus obras no pueden ser muy profundas, porque no es posible ser especialista en tantos temas

R. No me haga reír. Podría contestarle que la cantidad de mentiras evidentes que se han contado sobre tantos temas hace que no sea preciso ser un gran especialista para desmentirlas. Mi libro sobre la Transición ha sido juzgado por Stanley Payne y otros como la mejor obra sobre el asunto, y ud puede comparar, si quiere. La tesis es esencial y deriva de las anteriores sobre la república y la guerra civil. De la república podemos decir que fue también una especie de democracia fallida. Fue un caos, simplemente. Y del Frente Popular, nacido de una intentona revolucionaria y separatista fracasada y luego de un fraude electoral golpista, podemos decir claramente que fue un régimen criminal. De aquella pesadilla nos libró el franquismo. No voy a repetirle ahora los hechos, bien conocidos. El franquismo no tuvo oposición significativa democrática, solo comunista y terrorista. Por tanto la democracia no podía venir de la oposición. Solo  podía venir del propio franquismo,  como así fue clarísimamente. Y por una razón muy simple: los nacionales se habían rebelado contra una revolución totalitaria y disgregadora, y habían sanado las enfermedades sociales, por llamarlas así, que habían llevado a la guerra civil. En 1930, Franco se había declarado partidario de una democratización en orden, luego la república había fracasado desastrosamente; pero el régimen franquista sí dejó una sociedad apta para una democracia no convulsa. Pues bien,  con aquella enorme ventaja histórica, la transición fue hecha por unos chapuceros bastante frívolos y faltos de perspectiva histórica. Podríamos acusar al franquismo de no haber preparado una clase política adecuada, pero es que, repito otra evidencia que casi nadie quiere ver: el Vaticano II vació al régimen de su principal contenido ideológico (y de paso también vació las iglesias, pero ese es otro tema). Lo he explicado en Los mitos del franquismo, y solo puedo asombrarme de que prácticamente nadie lo haya visto.  Suárez, Juan Carlos y casi todos los demás, personifican ese vacío. Y todos los necios que entendían la democracia como un medio para medrar ellos, también en sentido económico, decidieron saltar atrás en la historia e identificarse con la “legitimidad” de la república, hacer de ello la base de su discurso político. Ni siquiera eran capaces de distinguir la república del Frente Popular.

Siendo así, la transición debió haber conducido a una reedición de la república, cosa que no ha ocurrido. Son ya 40 años en los que muchos han pronosticado catástrofes que no se han cumplido.

R. Es cierto. ¿Y a qué se debe? Fundamentalmente al legado del franquismo y al mito europeísta, que ha jugado un papel estabilizador hasta cierto punto.

   El legado del franquismo fue una espléndida salud social, una reconciliación muy mayoritaria entre los españoles, una prosperidad nunca antes vista y una clase media extendidísima. Y quien ha dirigido ese proceso fue el general Franco. Según investigo más su figura y su obra, más respeto le tengo. Y menos respeto, lógicamente, a la multitud de cantamañanas y gentes que han hecho del embuste una verdadera profesión. Esos estúpidos y canallas, como decía Marañón, que quieren exhumarlo del Valle de los Caídos  y convertir el propio Valle en una feria de sus estupideces y canalladas. Creo que Franco ha sido el mayor estadista que ha dado este país desde Felipe II. Como político y como militar. Lo he expuesto con datos y argumentos en Los mitos del franquismo, y estoy esperando algún desmentido o al menos algún debate... que no habrá, dado el mísero nivel intelectual de nuestra universidad. Qué se le va a hacer. Bien, pues desde el primer momento de la Transición este legado empezó a ser socavado por unos y derrochado por otros, pero era tan cuantioso que todavía se mantiene algo de él. Pero no soy optimista. A partir de Zapatero, España puede considerarse una democracia fallida, ya le he explicado por qué. Es decir, evolucionamos, o más bien involucionamos, a una situación parecida a la de la república.  

Usted ha calificado de mito el europeísmo

R. Observe a nuestra clase política. Prácticamente toda ella se define como antifranquista, como demócrata y como europeísta. De su antifranquismo ya hemos hablado, es algo que une a De Juana Chaos o a Josu Ternera con Rajoy o Soraya, pasando por casi todos los demás. Su democracia es algo peor que ridícula: consiste en la corrupción y en un proceso de disgregación de España, aparte de que el concepto lo interpreta cada cual como le da la gana. En cuanto a su europeísmo tiene dos rasgos básicos: es una manifestación de hispanofobia, pues aspira a diluir no solo la soberanía sino también la cultura española, y es una manifestación de ignorancia sobre Europa, su historia y su cultura. Por cierto que, en cuanto a hispanofobia de fondo, se combina muy bien con los separatismos, y a nadie debería extrañarle que los gobiernos antifranquistas, “demócratas” y europeístas hayan fomentado y financiado los separatismos al mismo tiempo que entregan la soberanía española por “grandes toneladas”, como si fuera una propiedad particular de esas oligarquías. En fin, ya lo he dicho, hay otros muchos rasgos que distinguen a nuestra clase política, cuyos partidos obran en la práctica como un partido único, con matices. Me asombra que algunos se escandalicen, por ejemplo, del apoyo de Podemos a la ETA. El máximo apoyo real que ha recibido la ETA proviene del PSOE y del PP de Rajoy... El “europeísmo” de nuestra clase política proviene de una visión negativa de España y de su historia, como decía Julián Marías... Es un mito porque ni siquiera saben de qué hablan. Más que europeísmo habría que llamarle eurobeatería.

   En consecuencia, el europeísmo es negativo. ¿Cómo dice ud que ha dado estabilidad a España?

Ese tipo de europeísmo es muy negativo. Pero paradójicamente ha ayudado un poco a la estabilidad, no por sí mismo, sino porque a las potencias que deciden en la Unión Europea no les convienen los separatismos. Algunos creen que gracias a la presión de la UE los separatismos no tienen futuro. La presión europea ha contribuido a moderarlos algo, es cierto, pero esa idea, a la larga, es un error por tres causas: porque si nosotros somos incapaces de resolver el problema, la UE no lo resolverá; porque el coste de esa aparente solución es la desaparición de España como nación independiente, como nación histórica, como cultura. Y porque la propia Unión Europea está en crisis y sus tendencias totalitarias despiertan cada vez más oposición en los países. Eso, aparte de que la connivencia de los poderes centrales con los separatismos no son ni mucho menos el único problema que ha quebrado a la democracia en España, como ya le expliqué.

 

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