Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Maniáticos sin remedio

Supersticiones, rituales y hábitos ocultos de nuestros famosos

Rosalina Moreno
Desde la mochila de Moragas hasta el reloj puñal para asesinos impuntuales de Abraham García, pasando por la obsesión por la limpieza de Ágatha o la claustrofobia de Boadella.

El director artístico de los Teatros del Canal de Madrid, Albert Boadella, sabe de manías para rato, pero hay sobre todo una que le resulta muy incómoda: no poder coger un avión porque le da una claustrofobia inmensa. De hecho, para viajar a EE UU utiliza el barco. “No me gusta que me levanten del suelo. No tengo nada que ver con los pájaros. Soy muy claustrofóbico”, confiesa a GACETA.ES.

Además, como hombre de teatro no podían faltarle otras tantas relacionadas con la profesión. Cuando estaba en Els Joglars, el día que la compañía estrenaba obra solía irse a lugares con mucha gente, interesada en otras cosas, para darse cuenta de que su estreno no es una cuestión de vida o muerte. “No hay nada más terapéutico como pasear por unos grandes almacenes”, cuenta. Además, en ellas había siempre una parte que no le gustaba. “En ese momento salía a hacer pipí”, revela.

Abraham García, chef del madrileño restaurante Viridiana no soporta la impuntualidad, y asegura que, amén de la mala leche, tiene un sentido cronométrico de la hora. “De no ser porque perdería más tiempo, liquidaría a quien me afrenta llegando 10 minutos tarde”, manifiesta. Incluso, posee un reloj puñal para asesinos impuntuales, que según confiesa, mangó en el Rastro.

El artista de los fogones desvela también a este diario que adora y necesita ese orden que reina en el caos. “Mi chabolo semeja un bazar, pero siempre que no me lo toque nadie (y con harta frecuencia me tocan los fogones). Siempre acabo por encontrar lo que busco. Por más que ya necesite las gafas de cerca para encontrar las de lejos”, cuenta.

La mochila del jefe de campaña del PP para las elecciones generales, el diplomático Jorge Moragas, se ha hecho más famosa que la de Pocholo. Y es que la lleva a cuestas a todas partes. “Es mi mochila de siempre. La adquirí en el Sahara Occidental y la he tenido que remendar varias veces”, explica. Además, el jefe de gabinete del presidente, Mariano Rajoy, también es un tanto maniático en el cine. O pilla asiento en la fila siete del pasillo o no compra la entrada por muchas ganas que tenga de ver la película. Además, como compañero de butaca es un poco ‘cojonero’ porque, según asegura, no come una palomita hasta ver el primer fotograma de la peli.

Tampoco se queda corta la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada, que reconoce tener muchas manías. “La que más me gusta es la manía por la limpieza”, desvela. Y es que, según reconoce, limpiar le relaja, le sirve para tomar contacto con la realidad y para apreciar lo pequeño. “Es como una especie de Yoga”, explica al tiempo que lo recomienda, porque, según dice, “el trabajo físico es buenísimo para la cabeza y da una sensación de felicidad inmediata, de da paz”.

Por su parte, la escritora Espido Freire asegura que no es especialmente supersticiosa y que para nada se corresponde con la realidad esa fama que tiene de creer en la magia y hacer rituales. “En lo que creo es en la fuerza de la voluntad, en perseguir objetivos con tozudez y en visualizar los logros”, sentencia. Según cuenta a GACETA.ES, sus únicas manías tienen que ver con el orden. Y es que dice que si su entorno no está perfectamente ordenado es complicado que pueda llevar a cabo el ritmo de vida y de trabajo que soporta. Además, se ha adentrado en el Feng Shui, y asegura que desde que lo conoce su casa está más vacía y ordenada. Y esa es más consciente del espacio que la rodea. 

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