Diario de Información y Análisis de Intereconomía
Hayda Ramos
Muchas veces ni siquiera la saboreamos. Pero ahí está. En todo lo que podamos imaginar y, además, en los cereales, en la bollería o en las galletas, por ejemplo. ¿Cómo ponerle freno?
Michel Houellebecq ha presentado en Barcelona su novela “Sumisión”, una ficción política y social sobre la Francia inminente, donde la identidad se deshace entre ansias suicidio y la nueva supremacía islámica. El protagonista de la novela es un admirador de otro gran escritor francés, Joris Karl Huysmans, un autor algo olvidado porque desertó del naturalismo para acabar reaccionario y católico.
Se cumplen 100 años del primer genocidio de la Edad Contemporánea. No se extrañe si jamás ha oído hablar de esta página negrísima de la Historia. Al fin y al cabo, sólo fue un millón de armenios, o sea: un millón de cristianos.
El primer conflicto del que se tomaron imágenes fue el de Crimea, de lo cual ya ha transcurrido más de siglo y medio; en este tiempo, el hombre occidental se ha acostumbrado a identificar las guerras gracias a las fotos.
Volvió entonces a la novia familiar y sevillana, a Eulalia y se casó para curarse de París, porque si no París lo mata.
El hundimiento del Titanic ha venido atrayendo la curiosidad popular durante generaciones. Y, sin embargo, está lejos de constituir la mayor catástrofe de la historia de la navegación.
Su arrolladora presencia, su arrogancia, su estilo y su personalidad le llevaron al Olimpo de Hollywood.
Hace ahora cuarenta años que los khmeres rojos entraron en Phnom Penh. La victoria de la guerrilla comunista transformó el país en apenas unas semanas de un modo que nadie hubiera podido sospechar jamás.
Era un centauro de la raza mustang, y podría aparecer en la bandera americana cargando un rifle, recortando sobre el sol poniente esa versión masculina -muy masculina- de la estatua de la libertad.
En 1932, en plena democracia republicana, sólo una cofradía se atrevió a salir a las calles de Sevilla. Y fue recibida a balazos.
Descubrimos al Quevedo más interesante, al cristiano viejo, orgulloso de su religión.
La pasión de Jesús, que revivía con enorme dolor no sólo en su carne sino también en su espíritu, no fue la única revelación de Ana Catalina.

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