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AMLO ofrece construir un eje socialista iberoamericano para apoyar a Estados Unidos contra China

también pide el fin de la OEA
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Reuters

Durante la ceremonia para conmemorar el 238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar, AMLO pronunció un discurso intrigante, que aparentemente jubila los ánimos antiimperialistas de la izquierda latinoamericana, ante el contexto geopolítico del crecimiento aplastante de China en detrimento de Estados Unidos, que afectaría a México y a toda Latinoamérica.

“Puede decirse que hasta la industria militar de Estados Unidos depende de autopartes que se fabrican en México”, dijo AMLO. “Esto no lo digo con orgullo sino para subrayar la interdependencia existente”, subrayó el tabasqueño. Y añadió: “Como se lo comenté al presidente Biden, nosotros preferimos una integración económica con dimensión soberana con Estados Unidos y Canadá, a fin de recuperar lo perdido con respecto a la producción y el comercio con China, que seguirnos debilitando como región y tener en el Pacífico un escenario plagado de tensiones bélicas; para decirlo en otras palabras, nos conviene que Estados Unidos sea fuerte en lo económico y no sólo en lo militar”.

AMLO, como ya advertimos en marzo, venía construyendo un bloque de países latinoamericanos, pero más bien limitado a los que son gobernados por la izquierda.

El tabasqueño y los buenos oficios de su canciller Marcelo Ebrard fueron ganándose la simpatía de los mandatarios de Argentina, Bolivia, Venezuela, y Cuba, entre otros, a lo largo de los casi 3 primeros años de la administración mexicana.

Se trataba del sueño latinoamericanista, internacionalista, de la Patria Grande, de liderar ese proyecto, de encabezarlo. Pero, inteligentemente, a decir verdad, no tenía ahora la intención de oponerse al “imperio yanqui”, en esa añosa retórica del socialismo guevarista. 

Tenía una intención mucho mejor planteada -y que de paso construye la candidatura presidencial de Ebrard-, de quedar bien con su jefe AMLO, hacerlo líder de América Latina, y contar con el visto bueno del gobierno woke de Joe Biden. 

Recordemos que el señor Ebrard ha sido un político eficiente, que siempre le resuelve los problemas al tabasqueño -sea la obtención de vacunas en el país que sea, o detener caravanas de inmigrantes en la frontera sur mexicana con la Guardia Nacional-, pero también es de corte “progresista”, tanto, acaso como Hillary Clinton, de quien estuvo cerca, o como Kamala Harris y el propio Biden. Así.

Este proyecto bolivariano de unificar a América Latina, pero sin oponerse a Estados Unidos muestra que la racionalidad política de algunos en el Gobierno de la así llamada Cuarta Transformación, ha puesto en pausa sus impulsos jacobinos para dar espacio a una lectura geopolítica seria que golpearía a México: China en pocos años desplazará a Estados Unidos en poderío económico y también militarmente. Y este afán hegemónico, advirtió AMLO, podría generar tensión militar en el continente, y causar una guerra de Estados Unidos, defendiendo su actual posición. 

“Para el 2051 –dijo AMLO- China tendría el dominio del 64.8% del mercado mundial y Estados Unidos entre el 4 y 10%; lo cual, insisto, además de una desproporción inaceptable en el terreno económico”.

Hoy en día, como sea, según el político mexicano, China ya ha rebasado a Estados Unidos: “Mientras China domina 12.2% del mercado de exportación y servicios a nivel mundial, Estados Unidos solo lo hace en 9.5%”.

Por fin parecen haber entendido en México, como mostró el discurso de AMLO, que nuestro país y los Estados Unidos están profundamente asociados, en lo familiar, en lo cultural, y por supuesto en lo económico y en lo geopolítico. 

Toca entonces, dice AMLO, apoyar a que Estados Unidos no vaya en declive, porque caería toda América Latina. Y es verdad.

Eso sí, untó sus palabras con la retórica de la vieja escuela, no faltaba más: dijo que México exige respeto a su soberanía, y a su libre autodeterminación, y esto debe interpretarse como que no se le extiende un cheque en blanco a Estados Unidos al ofrecerle apoyo solidario. Y de paso, deslizar la idea de que tal apoyo debe ser a cambio, también, de que en México dejen perpetuarse a la 4T y su socialismo ni tan disfrazado. 

Asimismo pide AMLO que la Organización de Estados Americanos, la OEA, llegue a su fin. No le agrada al tabasqueño el líder de esa institución, el secretario general Luis Almagro, a quien acusa de proteger a la derecha. 

Difícil es creer que AMLO y Ebrard pudieran desconocer, al formular el final de la OEA, la cercanía que sostiene Almagro con Biden. Pero aun así, lanzaron su oferta política con destino en el primer mandatario de Estados Unidos, para que la OEA pudiera ser sustituida por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), organización que no incluye, por cierto, a Estados Unidos ni a Canadá entre sus miembros, a diferencia de la OEA. 

La CELAC, acaso por la pandemia, sigue siendo presidida por México ahora, aunque técnicamente debería haber cambiado de mando hace unos meses. Pero no, e incluso este sábado 24, el propio Ebrard, muy activo como es, logró la firma para fundar una “Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio”.  Nadie aclaró por qué sería esto una prioridad para los países firmantes, que fueron Argentina, Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y México, el anfitrión. Le entraron de pronto a la carrera espacial, y las críticas de la oposición mexicana no se hicieron esperar, recordando que ni medicamentos para niños con cáncer hay en México, pero al espacio sí quieren ir.

Otra cosa que AMLO de alguna manera planteó como moneda de cambio para organizar apoyo en bloque a Estados Unidos es que ese país dé trabajo a los mexicanos, lo que le ayudaría a paliar los niveles de pobreza en México. “¿Por qué no estudiar la demanda de mano de obra y abrir ordenadamente el flujo migratorio?”, apuntó.

Ya una vez lo planteó a Biden, sin obtener respuesta positiva del americano. Pero hoy AMLO no lo pide con las manos vacías, sino que anuncia lo que podría estar entregando en recompensa. 

No se puede dejar de mencionar que AMLO nunca había hablado de intentar parar los intentos de China por alcanzar la hegemonía mundial, y menos de ponerse del lado del enemigo histórico que es EU de todos los gobiernos y líderes miembros del Foro Sao Paolo, y del Grupo de Puebla.

De hecho, hay inversión de China en al menos uno de los proyectos icónicos de su administración, el Tren Maya. La empresa Communications Construction Company (CCCC), de la mano de capitales portugueses y mexicanos, fue la que en su momento ganó el concurso para construir el tramo 1 del tren, con un proyecto que ascendía a 15.538,1 millones de pesos mexicanos.

Y hay participación china en el Metro de la Ciudad de México, donde despacha como Jefa de Gobierno la consentida de AMLO, a quien busca colocar como sucesora por su perfil de socialismo duro, Claudia Sheinbaum. 

La inversión china en la CdMx no es de cualquier empresa, sino de CRRC Zhuzhou Locomotive — subsidiaria de China Railway—, que está ligada al ejército de China, por lo que fue vetada por la administración de Donald Trump en Estados Unidos.

También sería interesante conocer si ese apoyo “bolivariano” y latinoamericanista rojo que le ofrece AMLO a Biden es en serio, si de fondo han aceptado la realidad geopolítica de México y se podrían oponer al expansionismo chino.

Porque, de hecho, no pocos países de este supuesto bloque ya tienen mucha cercanía con China. Digamos que de facto, ya tomaron partido por China. Han rechazado la ambición del “imperialismo yanqui” para despojarlos de sus riquezas naturales, pero con el Dragón Rojo no tienen problema alguno, están endeudados hasta el cuello con ese país y hasta le ponen el litio en charola de plata. 

Luego del viaje de Luis Arce, nuevo presidente evista de Bolivia, a México, a finales de marzo de este año, se escribió sobre la posibilidad de que AMLO, en sus afanes “soberanistas”, pudiera por consejos de su homólogo, buscar la nacionalización del litio, metal ligero tan deseado por China y por Estados Unidos para baterías de autos, laptops, y celulares.

Bolivia vende la idea de haber concretado esa nacionalización, y vaya que eso cuenta cuando es un país con una reserva enorme, en el salar del Uyuni, en Potosí, con unas 21 millones de toneladas de litio. No hay manos norteamericanas en esa explotación en Bolivia, pero sí las hay de China (y de Alemania).

China tiene presencia en Brasil, Chile y Perú. Y datos del Centro de Estudios Diálogo Interamericano, de 2020, señalan que China ha prestado fuertes sumas a varios países de AL: a Venezuela, 62.000 millones de dólares; a Argentina 17, 100 millones de dólares; a Bolivia 3.400 millones de dólares, y a México, al menos 1.000 millones de dólares. Con esto se ha creado cierto compromiso de Latinoamérica con el Dragón Rojo. 

Ecuador también había contratado préstamos de China en sumas fuertes, al grado que Estados Unidos decidió intervenir a inicios de 2021 para evitar una total dependencia y entrega de ese país sudamericano al Dragón Rojo, otorgándole 2.893 millones de euros para ayudarlo a cubrir tal deuda.

De hecho, las intenciones de AMLO de construir un nuevo eje socialista latinoamericano, bolivariano, ya se advertían desde febrero pasado.

Sólo que tal proyecto se advertía cobijado por el brazo poderoso de China, no en apoyo a Estados Unidos.

Si ahora se ofrece tal bloque en apoyo de Biden, pero éste lo rechazara, AMLO y su CELAC sin problemas podría regresar a “caer en blandito” en los brazos de China. 

A decir verdad, AMLO no vive el mejor momento en su relación con Estados Unidos, porque está ahora mismo siendo señalado por violar el Tratado de libre Comercio con ese país y con Canadá (T-MEC), al impulsar medidas proteccionistas que dejan fuera de competencia a los norteamericanos. 

Biden en su momento declaró que su mejor amigo era Canadá y que con ese país combatiría el avance de China, pero no mencionó a México, el otro miembro del T-MEC.  

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