Yobana Carril: ‘La Ley de Violencia de Género jamás será eficaz porque está creada sobre una mentira’

Para la ley, los hombres mueren y las mujeres son asesinadas

Yobana Carril es una rara avis en estos tiempos. Abogada, apasionada del Derecho, amante de la Justicia –con mayúscula-, lleva años, desde el despacho que ella fundó –Celtius Abogados-, defendiendo a los hombres que son víctimas de la Ley Integral de Violencia de Género. Una ley que considera injusta y destructiva. Esta gallega valiente y políticamente incorrecta, no se calla nada y, sobre todo, no habla de oídas. Conoce el terreno que pisa. Odiada por el feminismo, insultada y amenazada en muchas ocasiones, sabe muy bien por qué hace lo que hace y no se siente víctima.

Hablamos con ella sobre feminismo, igualdad, perspectiva de género y Ley Integral de Violencia de Género (LIVG).

—Usted es abogado sólo de hombres, es algo bastante inusual y más siendo mujer, ¿por qué decidió dedicarse en exclusiva a defender hombres?

—Tomé esta decisión porque considero que en España la especialización es una asignatura pendiente. Decidí especializarme primero en los delitos de violencia de género y dentro de ese ámbito, elegí ser defensa y en los juzgados de violencia de género los acusados sólo son personas varones heterosexuales. Una mujer no va a ser nunca juzgada por este delito, salvo en contadísimas excepciones en las que hay denuncias cruzadas y en las que siempre hay un hombre necesariamente. Y es muy distinto defender a un hombre que a una mujer.

—¿Cómo entró en ese mundo tan complicado?

—Una compañera me pidió un día que la sustituyese en un caso. Yo no tenía ni puñetera idea de Derecho Penal, ni de violencia de género ni de nada de todo esto. Me tocó defender a un hombre de unos 70 años, acusado de agredir a su mujer y a su hijo. Cuando yo lo vi, estaba completamente lleno de sangre y golpeado. El hijo que le acusaba de haberlo agredido era un tipo que le sacaba más de 30 cm de estatura; tendría unos 30 años. La mujer parecía tener más bien muy poquito miedo, muchas ganas de volver a su casa con su hijo solterón y dejar fuera de la ecuación al marido que era el que tenía la pensión. 

Eso no fue un juicio, fue un circo de 10 minutos tras el cual se dictaron unas medidas que determinaban que la mujer -no tenía pensión- se quedaba en la casa, el niño -que no había dado golpe en su vida- se quedaba también en la casa y el señor se iba fuera. Este hombre tenía una pensión de 790€ y el 50 % se lo quedaba la mujer junto con la casa, claro. Él, con la camisa ensangrentada, me dijo: “¿a dónde voy?”. Me di cuenta de que un hombre en esa situación no tenía ningún sitio donde pedir ayuda institucional.

Me asombró muchísimo. De hecho, después de salir, entré de nuevo y hablé con la jueza; le dije que no tenía experiencia en esos temas, pero que eso me había parecido una puta mierda. Lo que me revolvió fue su respuesta: “es que esto es así, recurran a la Audiencia, que allí, si eso, la responsabilidad se diluye”.

“(la discriminación positiva) como jurista, me parece una aberración absolutamente peligrosa y retrógrada. Como mujer me parece un insulto”

—¿Cuántas veces le han llamado negacionista o le han dicho que está a favor de los maltratadores?

—Cada dos por tres. En las redes sociales, a la puerta de un juzgado, a la salida de una vista…

—¿Alguna vez en sala?

—Sí, cuando la grabación para. 

—¿Ha habido alguna frase, algún momento que le haya marcado de forma especial?

—Sí: “Le guste o no, es una mujer y la vamos a proteger por encima de cualquier cosa”.

—Por curiosidad ¿quién se lo dijo?

—Un juez de instrucción. No me lo dijo porque esa mujer fuera una víctima real o porque entendiera que había indicios de culpabilidad por parte del hombre, era por el simple hecho de ser mujer.

—Entonces, la idea que se tiene en los juzgados de violencia de género es que las todas las mujeres somos buenas y todos los hombres malos, ¿no?

—La idea que se tiene hoy en día es que todas las mujeres somos buenas, todas somos vulnerables, todas somos débiles y que todos los hombres son malos, violentos y agresivos.

—¿Lo atribuyen a una cuestión biológica, los hombres vienen mal de fábrica?

—Al parecer, sí. Pero sólo si son heterosexuales.

—Entendiendo el feminismo como el movimiento que reivindica la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, a la luz de la Constitución del 78, ¿qué derechos nos quedan por conquistar a las mujeres en España?

—Los hombres y mujeres en España tenemos los mismos derechos, y depende de en qué campos podría decirte que tenemos más derechos que un hombre. Yo si tengo que entrar encausada en un juzgado, me alegro mucho de ser mujer y sería muy peligroso ser hombre. ¿Tenemos los mismos derechos? Sí. Y más.

“En España, los hombres mueren; las mujeres son asesinadas”

—¿Qué le parece como jurista la discriminación positiva contemplada en la ley? No hablo sólo de la LIVG, sino de su inclusión en muchísimas otras leyes.

—Como jurista me parece una aberración absolutamente peligrosa y retrógrada. Y como mujer me parece un insulto.

—¿Existe la brecha salarial?

—Depende de qué datos cocines para obtener el dato de brecha salarial. 

—¿Me está diciendo que duda de los datos del Ministerio de Igualdad?

No los dudo, los niego. Si tú coges para decir que hay brecha salarial los datos del conjunto de los hombres y lo comparas con los datos del conjunto de las mujeres, te va a salir una diferencia. Esta diferencia es la que ellos llaman brecha salarial. Pero no es eso. Si tú coges los sueldos de todos los ingenieros hombres, los datos de los barrenderos hombres, evidentemente te va a dar una brecha salarial entre ellos en función de lo que hacen. 

¿Por qué sale una brecha entre hombres y mujeres? Porque la mayor parte de los trabajos peligrosos y mejor remunerados, los tienen los hombres. Los hombres solicitan menos reducciones de jornada y también porque han tenido, y ahí sí hay que corregirlo, una trayectoria más larga en determinadas profesiones, a las cuales sí es cierto que las mujeres llegamos tarde y tenemos aún una falta de capacidad por tiempo de conseguir esos sueldos.

—Pero entonces se trata de una brecha generacional en determinadas profesiones.

—Claro. Además, funciona también al revés. Ahora mismo hay mayor número de juezas que de jueces. Yo cuando trabajaba para terceros, trabajé en una multinacional. Jamás cobré menos que un hombre que trabajase en mi mismo puesto y con la misma formación. Había mujeres que sí, pero la diferencia era que en nuestro trabajo estaba muy bien pagado la disponibilidad horaria. Los hombres decían sí; de las mujeres, sólo yo dije sí. Disponibilidad para viajar: los hombres decían sí; de las mujeres, sólo yo dije sí.

Lo más habitual es que las madres quieran la custodia exclusiva de los niños para ellas, pero luego se quejan de que no pueden progresar

—Podemos ha propuesto regular mediante ley el reparto de las tareas domésticas entre hombres y mujeres para propiciar la conciliación laboral y la igualdad en el trabajo. ¿Qué le parece?

—Es una cuestión de opciones. Lo que no puede ser es que yo quiera ir a ver la función de Navidad de mis hijos cada año; estar en casa a las 3 de la tarde; llevarlos al parque y cenar con ellos; levantarme al día siguiente para darle el desayuno yo y, al mismo tiempo, ganar el mismo dinero y tener las mismas posibilidades de promoción que quien coge su maleta, se coge un avión, se va un lunes y vuelve el viernes. 

Todos tenemos la imagen de que los hombres o las personas que viajan, salen por ahí, ganan más dinero y se lo pasan pipa yendo a cenas. Yo he llorado mucho por no haber estado en algunos cumpleaños de mis hijos. También he visto a muchos padres llorar por no haber estado en la fiesta de Navidad de sus hijos o por haberse perdido una prueba médica importante. El problema es que no se ve a esos padres llorar porque no están allí. Es una cuestión de decisión, ellos podían haber elegido un trabajo en el que salieran a las 3. 

—Entonces, estamos hablando de decisiones internas de la pareja, de vocaciones, de intereses vitales diferentes en los que, a lo mejor, no tiene tanto que ver ser mujer u hombre.

—Mis hijos dicen que mi carrera profesional es mi tercer hijo. ¿Esto me convierte en peor madre? Yo les expliqué -cuando pudieron entenderlo- que yo era madre, pero también mujer, amante, viajera, trabajadora, una persona con aciertos y con errores. Y que esto tenían que aceptarlo porque si no, no sería ni una buena madre, ni una buena hija, ni una buena hermana. Para ser todas esas ‘yos’, tenía que ser la mejor abogada que pudiera ser. Y lo aceptaron. Cambié la cantidad de tiempo por menos tiempo, pero de muchísima calidad.

—¿Existe la brecha maternal?

—La hay. Sería absurdo negar que hay una cuestión biológica determinante. Esto tiene que arreglarse tal y como se está haciendo ahora, de manera que la baja maternal se coge sí o sí. Obligatoria. Pero en los procedimientos de divorcio me he encontrado con cosas muy graciosas con respecto a la maternidad. Eres madre, tu marido es padre y el niño crece y va a la guardería. Por ejemplo ¿qué número de teléfono se da para situaciones de emergencia, si hay fiebre o sucede algo y hay que llamar a uno de ellos? Siempre se da el de la madre. Luego se dice que las madres son las únicas que se ocupan, pero en muchísimas ocasiones el padre quiere que su número también esté ahí para que lo llamen en esos casos. La mayor parte de las veces las madres se niegan a que se llame al padre. 

Lo más habitual también es que las madres quieran la custodia exclusiva para ellas, pero luego se quejan de que no pueden progresar. 

“El feminismo radical está en contra de la custodia compartida. Dicen que los niños son de las madres”

—¿La custodia compartida está funcionando? 

—A trompicones. En unos sitios más que en otros. Por ejemplo, en Extremadura se dan muy pocas si no son de mutuo acuerdo. Tienes que pelearlas mucho y en casi todas tienes que ir hasta la Audiencia Provincial. La Coruña también es un bastión muy cerrado para esto. Pontevedra, por ejemplo, no. En Cataluña, salvo algún juzgado, es el bastión de la custodia compartida en España.

 —Conciliación laboral, ¿qué medidas han sido más eficaces y qué falta?

—Judicialmente, lo que más ha funcionado en parejas separadas es la custodia compartida. Para las parejas no separadas les es más fácil, ya que son dos economías unidas. Todo influye. Hay una falta absoluta de educación y formación. Desde organizaciones feministas dan charlas con el título “La custodia compartida es un maltrato”. 

—¿El feminismo radical está en contra de la custodia compartida?

—Es un contrasentido, pero sí. Dicen que los niños son de las madres y que las madres son las únicas capacitadas, porque los hombres son violentos.

—La importancia de las palabras que empleamos y su carga ideológica ¿qué diferencia hay entre violencia de género y violencia doméstica? 

—La violencia doméstica es aquella que ejerce una persona contra otra dentro del ámbito familiar, independientemente de su sexo y de su edad. Se considera que la violencia producida en el hogar se aprovecha del estado de relajamiento y no vigilia de las personas. Está más penado y tiene una consideración especial.

La violencia de género es aquella que ejerce un hombre sobre una mujer que tienen una relación de matrimonio o análoga al matrimonio, independientemente de si viven juntos o no, del tiempo que lleven juntos, incluso de si es una relación esporádica. Se basa en una cuestión de sexo. Hombre contra una mujer.

—Si un hombre mata a una mujer con la que no tiene vinculación sentimental, por ejemplo, a su cuñada, no se trata de violencia de género. Sin embargo, el lema del feminismo radical es “Nos quieren muertas”. Es una contradicción.

—Aquí hay una diferenciación: la ley y la ideología. La ley no contempla que sea un delito de género un caso como ése, pero las feministas sí lo consideran un asesinato machista o un homicidio machista. Lo que se pretende ahora es que cualquier acto violento cometido por un hombre contra cualquier mujer sea considerado delito de violencia de género.

En España los hombres mueren, las mujeres son asesinadas.

“Alfonso Guerra reconoció que al Tribunal Constitucional se le presionó para la aprobación de la LIVG. En cualquier otro país del mundo, reconocer algo así habría sido un escándalo mayúsculo”

—El Derecho español es muy garantista -para muchos demasiado-, pero la LIVG parece que muy garantista respecto al hombre no lo es.

—Todo hecho delictivo cometido por un hombre sobre una mujer es violencia de género y tiene un agravante; pero luego en las manos de quienes aplican la ley está establecer los pormenores de la ley, para eso tenemos jurisprudencia. Hasta hace dos años, una pelea en la que se golpeaban mutuamente un hombre y una mujer, eran condenados los dos por violencia doméstica. Desde el 2018, el Tribunal Supremo establece que, aunque se condene a los dos, ella va por violencia doméstica y él por violencia de género; con lo cual, por el mismo delito el hombre tendrá una pena mayor, aunque tenga más lesiones. 

Hoy me ha llegado una sentencia de un caso exacto al ejemplo que cuento. Se les acusaba de pelearse entre ellos. La mujer tiene una enfermedad mental y él tuvo que defenderse, los han condenado a los dos. A él le ponen 9 meses de prisión y a ella 7 meses por el mismo delito. En este caso él tenía muchas más lesiones, pero él se lleva más castigo por el mismo hecho.

—Otra de las palabras fetiche de las feministas es “violencia estructural”. ¿Qué significa exactamente?

—La violencia del todo. Esto parece tonto, pero ya se está introduciendo en las instituciones. Tú no puedes construir una promoción de viviendas sin hacer un estudio de género, no puedes construir una autovía sin su estudio de género y así todo. 

Dicen que la violencia estructural es que todo aquello que nos rodea, vivo o inerte, casas, calles, aeropuertos, reuniones sociales, estructuras de familia, de amigos, de empresas, todo está hecho por el patriarcado para someter a la mujer. 

—Se dice que la violencia de género debe combatirse desde los colegios también, como si en España que un hombre maltrate a una mujer estuviese visto como normal y fuera socialmente aceptado -cosa que sí sucede en otros países-, por lo tanto, hay que decirles a los niños desde pequeños que eso está mal. ¿España es machista?

—En absoluto, lo que pasa es que considerarlo así permite mover miles de millones de euros y permite crear miles de puestos de trabajo a dedo, además de tener ministras inútiles en el Gobierno.

—En 2004 se promulga la Ley Integral de Violencia de Género. ¿Cómo nace esta ley que se ha convertido en algo casi sagrado y con la cual no se puede discrepar? 

—La LIVG es la vaca india española. Es el fruto de una arquitectura social brutal que llevaba cociéndose en aquel momento más de 10 años, durante los cuales se preparó a la sociedad, aunque no estaban en el poder. Se vendió como un gran avance, como que nos convertía en una sociedad moderna y feminista. Muy pronto se dieron cuenta de que detrás de esta ley había un apoyo social brutal. A ver quién era el guapo que decía: “a mí esto no me gusta”. Le pasaría como a mí, que para ellos soy una “facha, una sumisa, una sometida o una hija de puta que está a favor de que maten mujeres”.

“Es muy difícil cuantificar las denuncias falsas, porque sólo se consideran las 4 o 5 que no pueden de ninguna manera tapar. Por eso sale esa estadística oficial tan baja”

Imagínate que eres político y descubres algo que, aunque haya gente en contra, nadie va a criticar. Que digas lo que digas sobre ello, todo el mundo te va a apoyar. Es la dictadura perfecta.

—¿Vivimos una dictadura del pensamiento?

—La LIVG no es más que eso, es patente de corso para un montón de cosas.

—Como jurista que es, ¿cómo es posible que el Tribunal Constitucional admitiese una ley que se lleva por delante la presunción de inocencia del hombre?

—Eso y el derecho fundamental de ser igual ante la ley, que parece una tontería, pero es muy importante.

—Antes hablábamos de igualdad entre hombres y mujeres. Con esta ley en la mano, ¿existe igualdad?

—En absoluto, yo si tengo que enfrentar un juicio, prefiero ser mujer.

—¿Qué pasó en el seno del Tribunal Constitucional?

—No hubo unanimidad. Hubo voces discordantes que decían que esto no era viable y que esto rompía la esencia de la Constitución, porque estamos hablando del artículo 14. Los primeros artículos de la Constitución hablan de derechos fundamentales que deberían ser intocables. Pero ganó por mayoría. 

La excusa que dieron es que las mujeres habíamos estado sometidas durante mucho tiempo y que se trataba de una discriminación positiva que lo que hacía era compensar esa discriminación social que habíamos sufrido en otras épocas. Yo alucinaba. Esto sucedía en 2004. Esto se lo cuentas a mi abuela, que para abrirse una cartilla tenía que ir con mi abuelo, y ¡claro que sí!; pero en el 2004, ¿las mujeres de verdad necesitábamos que se nos resarciese de algo que había sucedido hace 50 años? Así nos lo vendieron y España, como sociedad, lo compró.

—¿Existieron presiones políticas sobre el TC?

—Sí, esto lo supimos hace dos años. Entre otros, Alfonso Guerra reconoció que al TC se le presionó y el TC cedió a esa presión. En cualquier otro país del mundo, reconocer algo así habría sido un escándalo mayúsculo, porque estamos hablando de que en España el poder político tiene capacidad de someter a uno de los poderes que garantiza el Estado de Derecho. Pero aquí no se pasó nada.

“Una supuesta agresión delante de los niños es suficiente para se produzca la suspensión de la patria potestad”

—16 años después de su promulgación ¿se puede decir que la LIVG es una ley eficaz? ¿Hay menos muertes de mujeres por maltrato?

—No, ni van a morir menos. La violencia cero no existe. Ahora mismo el ser humano no puede llegar a la violencia cero en ningún tipo de violencia. Jamás va a poder ser eficaz una ley que está creada sobre una mentira. Esto no es más que un eslogan. En España, los hombres que matan a una mujer por el hecho de ser mujer son residuales. Normalmente se trata de problemas graves de pareja y discusiones que se llevan al límite. También hay mujeres que matan. Las mujeres también matan por celos, por alcohol, por drogas, por enfermedades mentales no tratadas o tratadas y que atraviesan una crisis… Hay mil motivos por los que un hombre o una mujer mata a otro ser humano. 

—Uno de los argumentos que se esgrimen para justificar los excesos de esta ley es el alto número de muertes de mujeres, también se dice que esta ley ha puesto de relieve la lacra social que es la violencia machista. Otra cosa que choca es oír hablar de “sentencias ejemplarizantes”. ¿Cómo encajan estas ideas con el Derecho con mayúsculas?

—Cuando salió la sentencia de la manada y hubo una ratificación por un tribunal superior, salió una ministra y dijo que esa sentencia era fruto de la presión de la calle. En ese momento, yo le dije a mi marido que sentía la necesidad de tres cosas: 

Primero, tenía que releer lo que me enseñaron porque, al parecer sin que yo me hubiera dado cuenta, había desaparecido. Yo creí que la ley la aplicaban los jueces de forma garantista, que la ley había dejado de aplicarse en la calle hacía muchos siglos.

Segundo, si éste es el Derecho que España iba a empezar a aplicar, el Derecho de la ideología y de quién presiona más en la calle; en la que se presiona en sus propias casas a jueces que dictan sentencias; España ya no vive en un Estado de Derecho, sino en una dictadura. 

Tercero, si esto es lo que nos espera a partir de ahora y esto es lo que se va a permitir, mis días como abogada están contados. Yo no voy a defender el Derecho de las calles y de la presión. Yo no voy a participar, por el amor que le tengo a esta profesión, en que a un ser humano lo juzgue una turba. Me dedicaré a plantar lechugas si es necesario.

—¿Las mujeres somos víctimas?

—Yo, no. Irene Montero parece que sí, o por lo menos vive de querer convencer a otras mujeres de que considerarte víctima puede hacerte la vida más fácil. Yo me niego y me siento muy insultada. Yo no soy víctima. Mi madre no es víctima. Mi abuela no fue víctima. Mi hija no es víctima y mis nietas, si algún día las tengo, no serán víctimas. Son personas. Y mi marido no es un violador ni mi hijo tampoco. Mi padre, tampoco. 

—Respecto a los aspectos prácticos de la LIVG, si yo -mujer-, agredo a mi pareja -hombre- ¿qué puede hacer él?

—Callarse.

Ahora es necesario decir a los hombres que denuncien, a pesar del riesgo de acabar detenido. No se puede ser una persona víctima y callada por miedo, porque entonces se es doble víctima

—¿No puede denunciarme?

—Si quiere acabar detenido, sí. Si el hombre va a una comisaría, lo que le van a decir off the record la mayoría de los agentes es: “mejor tranquilízate y vete para casa”. Porque lo que pasa la mayor parte de las veces es que si un hombre denuncia por agresión, el agente tiene que llamar a la mujer. Ella irá y dirá que ha sido en defensa propia porque él le llamó zorra, putón o le pegó también, lo que sea. Ella se va para casa con una citación para un juicio rápido al día siguiente y el hombre queda detenido.

—Conclusión, que un hombre agredido es mejor que no denuncie.

—En teoría, sí. En la práctica, no. Sucede lo mismo que pasaba con las mujeres a mediados del siglo pasado, que había que convencerlas para que denunciaran; ahora es necesario decir a los hombres que denuncien, a pesar del riesgo de acabar detenido. No se puede ser una persona víctima y callada por miedo, porque entonces se es doble víctima.

Aunque sí deben saber las posibles consecuencias de hacerlo, claro.

—Si yo hoy me peleo con mi pareja, llamo a la policía y digo que me ha sacudido una bofetada, ¿qué sucede a partir de esa llamada? ¿qué proceso desencadena?

—En minutos aparecerá en tu casa una media de dos o tres patrullas, con dos agentes cada una. Llegan, te separan a ti en una habitación y a él en otra. Os preguntan por separado qué ha pasado. Digas lo que digas tú, que eres mujer, se te creerá. Diga lo que diga él, no se tiene ni siquiera en consideración. Él sale detenido y pasa la noche en el calabozo. Si es viernes y no hay juzgado de guardia, estará hasta el lunes. Si no, hasta el día siguiente. 

Si hay hijos, lo normal es que se ponga una orden de alejamiento; así que el hombre tendrá media hora para ir con la policía a coger sus 4 cosas de casa y largarse.

Si no ponen orden de alejamiento porque no se han creído nada, igualmente ponen unas medidas civiles. En esas medidas civiles, la custodia de los hijos es para la madre, sí o sí; la casa también y al hombre le imponen una pensión alimenticia y un régimen de visitas para ver a los hijos, que en el mejor de los casos es de 4 días al mes.

—¿Vigiladas?

—Depende de lo que haya denunciado, sí. En ese caso, tendrá derecho a una hora cada 15 días o cada semana.

—¿Qué pasa con los hijos en caso de que continúe el proceso penal y el proceso de divorcio? En todo ese tiempo hasta que haya sentencia firme, que puede ser largo, la relación del padre con los hijos se puede hacer irrecuperable.

—En el proceso penal pueden pasar dos cosas: si se archiva el procedimiento, el hombre sigue con las medidas que se habían puesto de visitas mientras dura el proceso de divorcio. No está condenado, pero el proceso sigue en el juzgado de violencia de la mujer.

Si el procedimiento penal continúa, depende de los hechos denunciados, se puede privar al hombre de la patria potestad y puede estar años sin ver a sus hijos.

—Es frecuente que la gente confunda patria potestad con custodia ¿Cuál es la diferencia?

—No me extraña que lo confunda la gente, porque la confunden muchas veces los jueces en su aplicación a propósito y muchos fiscales también.

La patria potestad y la guardia y custodia son, a la vez, un derecho y una obligación que los padres tienen respecto a los hijos.

La patria potestad tiene que ver con todo aquello que son decisiones importantes en la vida de los hijos y que corresponde tomar a los padres. Por ejemplo, en qué colegio estudian, si van a un colegio laico o no, si se mudan de población etc.

La guardia y custodia no es, ni nada más ni menos, que el cuidado básico y diario que tiene un progenitor que tiene a sus hijos a cargo en ese momento. Pero la guardia y custodia no te otorga el poder de tomar decisiones relevantes para tus hijos. Y aquí esto se salta a la torera.

—¿La patria potestad es renunciable?

—No. Te la pueden suspender o retirar, pero tú no puedes renunciar a ella. Cuando se priva a alguien de la patria potestad, se le priva de sus derechos, pero no de las obligaciones que supone. En ese caso, no puede ver a sus hijos, no puede decidir nada de sus vidas, pero sigue teniendo que pasar la pensión alimenticia y pagando todo igual que antes.

—¿Cuáles son las principales causas de privación de patria potestad?

—Son múltiples. Desde la acusación de abuso sexual de los hijos, o decir que me llamó puta con los hijos delante y se asustaron un montón. Es decir, una supuesta agresión delante de los niños es suficiente para se produzca la suspensión de la patria potestad.

¿Y sabes qué es lo peor y que mucha gente desconoce? Cuando estos padres llevan muchos meses, incluso años separados de sus hijos, los que después consiguen demostrar su inocencia, pasa algo brutal que jamás entenderé (hice un vídeo sobre esto). Si inician un proceso para pedir la custodia compartida, les dicen que como el niño hace mucho tiempo que no ve al padre o pasa poco tiempo con él, habría que hacer un proceso de adaptación y claro, si es muy pequeño le va a provocar más perjuicios que beneficios. Si es mayor, pues ya para lo que le queda…

De esta forma, se lo han quitado para siempre. A mí siempre me hice gracia cuando dicen que como un padre lleva 9 meses sin ver a sus hijos, hay que llevar al niño a un punto de encuentro para que no se traumatice. Yo digo siempre que nací en un pueblo gallego marinero maravilloso, donde había mucha gente embarcada en la marina mercante, con lo cual había padres que pasaban muchos meses fuera de sus casas. Ahora me pregunto si cada vez que llegaba el padre de un compañero, en lugar de ir al muelle a darle un abrazo, tendrían que haber llevado técnicos psicosociales que le dijeran: “mira niño, éste es tu papá, pero seguramente te vas a traumatizar porque hace muchos meses que no lo ves y vamos a ir poquito a poco”.

Vamos a ver, ¡es acojonante!

—Si a mí me interesara ser declarada mujer maltratada y no tengo pareja y no quiero ir al juzgado ¿tengo algún medio para conseguirlo?

—Sí. Vas a tu ayuntamiento y dices que has tenido una relación esporádica -basta una noche- y que te ha humillado, te ha maltratado y te ha causado un daño psicológico irremediable. Te preguntarán qué síntomas tienes. Yo te digo lo que tienes que decir: que no puedes dormir; que tienes llanto espontáneo; que a veces tienes temblores; que cuando te dicen algo lo tomas como una orden y bajas la cabeza porque tienes miedo, porque te minusvaloras, pero que no es culpa de esas personas, sino que es culpa tuya. Todo esto son decálogos que puedes encontrar en páginas web donde te dicen cuáles son los síntomas para declararte maltratada. Yo te digo a ti que te lees una página de éstas y en 5 minutos pasas por mujer maltratada. Pasas cualquier tipo de examen psicológico y das el perfil. Yo lo he pasado para hacer la prueba.

—Cuando salgo del ayuntamiento, ¿qué ventajas tengo que no tenía antes de entrar?

—Para empezar, una ayuda que, depende de los hijos que tengas y de la comunidad autónoma, puede ir desde los 426€ hasta los 1.100€. Si tú te quieres ir de tu empresa, pero quieres cobrar el paro a pesar de ser tú quien se va, por ser una mujer maltratada tienes derecho a paro. 

Tienes ayudas al alquiler, al comedor de tus hijos, tienes becas para estudiar una carrera de forma gratuita en la UNED, tienes puntos para conseguir trabajo de interino en los ayuntamientos, en las diputaciones, en las autonomías y en trabajos estatales. Si haces un doctorado, tienes puntos. Y si eliges a una mujer, aunque no seas maltratada, como directora del proyecto, tienes un punto más.

—¿Las denuncias falsas existen o son una leyenda urbana tal y como dicen las feministas? La realidad es que las estadísticas oficiales son bajísimas. 

—Los datos dicen que son el 0,0169. Para que una denuncia falsa salga en la estadística es necesario que haya una resolución que diga que es falsa. 

—¿Qué tiene que hacer un hombre víctima de una denuncia falsa para ser resarcido?

—Primero: tiene que interponer una querella por denuncia falsa contra esta señora, aportar sentencia firme y, si en el proceso se dice que no lo condenan porque no ha habido pruebas suficientes, no es considerada denuncia falsa. 

Segundo: si no tiene derecho a justicia gratuita, se lo tiene que pagar él y una querella es cara. Tercero: es un procedimiento que puede durar años.

Cuarto: los castigos que reciben son multas de 800 o 1.000 euros.

—¿No hay cárcel por denuncia falsa?

—Ninguna ha entrado en la cárcel. Sólo la de ahora del pegamento. Pero además de esto, el fiscal o el juez, cuando está delante de un delito de falsa denuncia debería deducir testimonio; hay veces que los casos son tan evidentes que hasta hay grabaciones y los fiscales se niegan a deducir testimonio voluntariamente.  Sólo lo hacen si es algo tremendamente escandaloso como lo del pegamento y si se hace público. Si no, te ponen todas las puñeteras trabas del mundo para que tú no puedas acreditar que es falsa. Todas. Te lo digo yo que he denunciado un montón de veces. Por eso es muy difícil cuantificar las que son falsas, porque sólo se consideran las 4 o 5 que no pueden de ninguna manera tapar. Por eso sale esa estadística tan baja.

—Si en una pareja del mismo sexo, uno agrede a otro, ¿qué ley se les aplica?

—El Código Penal. 

—Pero en el caso de una pareja de mujeres, ¿la maltratada no tiene derecho a protección y a todas las ayudas que has dicho antes?

—Ninguna.

—El Ministerio de Igualdad tiene una dotación económica desorbitada, ¿en qué se emplea ese dinero?

—No se sabe porque no se puede auditar y nadie dice nada porque, si lo haces, estás cuestionando la LIVG. Andalucía lo hizo hasta donde pudo con el cambio de gobierno. Se encontraron con que sólo el 3% del presupuesto había ido a parar a las mujeres maltratadas. El resto, más de un 40% iba a fundaciones que lo único que hacían con ese dinero era pagar el sueldo de los creadores de las fundaciones. Lo demás se iba en cartelería, chochocharlas y cosas así.

—¿Millones en divulgación de ideología?

—Sí.

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Una entrevista de Carmen Álvarez Vela para La Gaceta de la Iberosfera

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