'Ser es defenderse'
RAMIRO DE MAEZTU
Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

FRAP, ‘viejos republicanos’ que seguían matando en la Transición

Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) otro grupo terrorista de inspiración marxista que en los años finales del franquismo sembró de muerte el camino de lo que hemos dado en llamar Transición. Fundado por Julio Álvarez del Vayo, ex ministro de Estado republicano durante la Guerra Civil y diputado socialista. Su pertenencia a los gobiernos más radicales del Frente Popular durante la Guerra Civil, los que armaron a las milicias y fomentaron la persecución religiosa y el exterminio de los “derechistas”, los gobiernos que permitieron la creación de las chekas y que miraron hacia otro lado cuando se fusilaba en Paracuellos, Camuñas, Valencia, Aravaca,…

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No es de extrañar que una persona que colaboró con esos desmanes durante la guerra, tras la derrota de su bando se obcecase en seguir con el terrorismo. Primero desde las filas del Partido Comunista de España, pero cuando Santiago Carrillo decidió enmascarar el reguero de sangre que había producido, junto a un bunquer defensor de las bombas y el tiro en la nuca, creo varios grupos terroristas hasta que logró volver a asesinar.

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En 1963, Álvarez del Vayo creó la Unión Socialista Española (USE), tras su fracaso, junto a varios socialistas radicales, a principios de los setenta creó el Frente Español de Liberación Nacional (FELN), con el que no logró sino que algunos sicarios pusieran pequeños artefactos explosivos sin más consecuencias. Finalmente, y ya en 1973, logró la fusión de algunos miembros del Partido Comunista de España (marxista-leninista) y de Vanguardia Socialista para crear el FRAP. Y con este nuevo proyecto consiguió su objetivo: volver a asesinar. El grupo terrorista de Álvarez del Vayo tiene el dudoso honor de haber sido presentado en sociedad de forma pública en París y cuyo nacimiento fue ratificado por once organizaciones comunistas y socialistas.

 

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La primera víctima del FRAP fue un joven subinspector de la Policía, adscrito a la brigada Político Social que fue asesinado tras sufrir una emboscada en las proximidades de la estación de Atocha, en la calle Santa Isabel. Acudió el 1 de mayo de 1973, junto a otros compañeros del cuerpo a disolver una manifestación que portaba banderas rojas con la hoz y el martillo y, cuando estos salieron corriendo, otro grupo apostado en la esquina de la calle del Doctor Mata les atacaron con machetes, causando la muerte de Juan Antonio Fernández Gutiérrez y heridas graves a otros cuatro agentes. Como consecuencia de los hechos, fueron detenidos un centenar de jóvenes que habían participado en las manifestaciones en esa zona.

Unos meses después, el 27 de julio del mismo año, el FRAP cometió su segundo asesinato, esta vez en Barcelona. La víctima fue Francisco Jesús Anguas Barragán, el verdugo, Salvador Puig Antich. La víctima, a quien se ha olvidado en los últimos cuarenta y dos años, fue descrita así por alguien que la conoció: “Paquito Anguas era un policía atípico. Es decir, que escapaba del cliché habitual del poli franquista. No era gordo, ni sudoroso, ni envuelto en humo de Celtas, ni tenía bigote recortado, ni gritaba 20 maldiciones por minuto. Anguas era flaco, pequeñito, pelirrojo, con la cara sembrada de pecas. Parecía el hermano menor de los Hollister. Tenía entonces 23 años, aunque aparentaba menos. Le apasionaban las mismas cosas que a mí: el cine y los libros, sobre todo”. Lo escribía el periodista de El País, Marcos Ordoñez, en un artículo en el que comentaba su relación con la elaboración de la película dedicada al asesino que le acribilló con una pistola Astra del 9 largo.

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Dos años después, en agosto de 1975, era asesinado otro policía, Lucio Rodríguez Martín. Su muerte revela el sinsentido de la existencia de los grupos terroristas. El joven agente, que no llevaba ni un año en el cuerpo, prestaba servicio de vigilancia en la puerta de las oficinas de Iberia. Los asesinos habían robado un coche y buscaban una víctima fácil e indefensa. Lucio Rodríguez recibió los disparos por la espalda y su cuerpo fue abandonado, dándose a la fuga los cuatro miembros del FRAP que fueron detenidos dos horas después. Tres de ellos serían condenados a muerte.

Un mes después era asesinado el teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez, adscrito a la sección de Tráfico, cuando se dirigía desde su coche, aparcado en la calle, a su casa. Los autores de este asesinato también fueron detenidos rápidamente. En la operación policial que siguió al asesinato fueron detenidas 36 personas integrantes del FRAP, entre ellos el presidente del Movimiento contra la Intolerancia, Esteban Ibarra Blanco.

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En Barcelona caía asesinado en septiembre de 2015 otro policía, Juan Ruiz Muñoz, de 49 años. Cuando volvía de prestar servicio a su casa, fue disparado por la espalda y rematado en el suelo, pero en lugar de descerrajarle un tiro de gracia, los dos asesinos se ensañaron con él dándole varios cortes con armas blancas en el cuello y en la espalda.

La última víctima de los FRAP fue asesinada dos semanas después. El policía Diego del Río Martín que prestaba servicio de vigilancia en las dependencias de la Seguridad Social de Barcelona. Varios miembros del grupo terrorista asaltaron las oficinas para robar los 21 millones de pesetas que había en ellas y, para lograrlo, asesinaron a del Río e hirieron al compañero que prestaba servicio con él.

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