Violaciones en la Polonia ‘liberada’, la brutal estrategia militar comunista

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Polonia, repartida en 1939 entre la Unión Soviética de Stalin y la Alemania de Hitler acabó en manos germanas en su totalidad desde 1941 hasta que en la ofensiva de enero de 1945 las tropas del Ejército Rojo iniciaron su reconquista. Esta acción militar recibió el nombre de Guerra de Liberación Soviética, aunque a juzgar por sus consecuencias a corto y largo plazo constituyó, muy al contrario, una guerra de total sometimiento.

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Dejando de lado la ocupación comunista hasta finales de los ochenta que fue brutal, y que trataremos más adelante en este blog, durante la campaña militar se desarrolló una represión despiadada contra la población femenina por medio del uso estratégico de las violaciones.

Los abusos sexuales de los soldados soviéticos sobre las mujeres fue parte de la estrategia militar de la URSS, como ya vimos en el caso de Alemania, y tenía un componente de limpieza étnica a la vez que la destrucción de la estructura social de las comunidades polacas. Las heridas de guerra causadas por este tipo de actuaciones quedaron abiertas durante generaciones y no se habló de ellas hasta principios de los años noventa, cuando el comunismo no era en Polonia sino un reciente pero felizmente olvidado pasado.

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Todas las ciudades que el Ejército Rojo fue tomando militarmente padecieron las agresiones sexuales en masa y sistemáticas por parte de las tropas que, supuestamente, se presentaban como liberadoras del yugo nazi.

De los tres cuerpos de ejército lanzados sobre Polonia, el más brutal en esta violencia contra las mujeres fue el dirigido por el mariscal Ivan Stepanovich Koniev, conocido como general Koniev, que asoló el sur del país. Así en ciudades como Chestokova, Biala, Radomsko y, sobre todo, en Cracovia, las violaciones fueron brutales.

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En esta última ciudad del sur de Polonia los cálculos de los propios delegados soviéticos designados por Stalin establecieron que el 10% de las mujeres mayores de 13 años habían sido violadas por soldados del Ejército Rojo. Tal fue la magnitud de la barbarie que estos funcionarios redactaron y enviaron a Stalin una carta en la que se pedía que se parase la brutalidad y se tomasen “severas medidas disciplinarias” contra los violadores.

 

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Ni que decir tiene que no hubo respuesta alguna desde Moscú. Es más, las mujeres de las poblaciones que eran conquistadas por los comunistas se refugiaban en las Iglesias de las localidades, algo que lejos de facilitar su defensa o protección fue un agravante ya que solamente consiguió concentrar a las víctimas para los soldados comunistas.

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