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Crítica: El Becario, ternura… y nada más

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Empeñada en meterse en la categoría de película de sobremesa, El Becario (Nancy Meyers) se conforma con la amabilidad y el optimismo sin dobleces para narrar la curiosa relación laboral entre un becario de 70 años y una joven directiva. Si bien es cierto que la película deja buen sabor de boca y provoca más de una sonrisa, también lo es que apenas se esfuerza en aprovechar su potencial con un guión muy predecible y estereotipado.

La presencia de Robert De Niro y Anne Hathaway es la mejor cara de una comedia que, a pesar de contar con un trasfondo de gran interés, apenas va más allá de los estereotipos y presenta una realidad simple, demasiado amable y casi ninguna sombra. De pasada, Nancy Meyers toca en El Becario cuestiones de gran calado como la conciliación laboral y familiar de las mujeres directivas y la igualdad en la empresa, pero sin llegar en ningún caso a articular el mensaje trascendental que pedía el guión.

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Un Robert De Niro cumplidor y perfectamente adaptado a su papel y una Anne Hathaway muy sonriente que se pone los tacones de El Diablo Viste De Prada (David Frankel, 2006) protagonizan una película tierna sobre un jubilado que regresa al mundo laboral convertido en becario. Como cabe esperar, su experiencia laboral y vital tiene impacto en una empresa donde la media de edad de los trabajadores es de 30 años y donde pasa de ser tratado con condescendencia a ganarse la aprobación y la amistad de sus compañeros y su jefa, a quien enseña a recuperar las riendas de su vida.

Sin ambición por innovar o rascar más allá de su superficie, El Becario se conforma con un guión plano y reiterativo sobre la bondad y la experiencia, salpicado con diálogos inteligentes que quedan olvidados en su conjunto por el empeño en seguir una línea demasiado convencional, sin momentos memorables ni personajes cautivadores. No obstante, consigue, de forma indudable, el objetivo que se propone: inyectar una dosis de optimismo a dos horas de película que dejan un buen sabor de boca… y nada más.

Puntuación: 2,5/5 

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