Crítica de “Captain Fantastic”: Mi padre, el antisistema

Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

Imaginen a un padre que cría a su familia numerosa sin contacto alguno con videoconsolas o teléfonos móviles. Los niños leen los grandes clásicos de la literatura y saben recitar la Declaración Universal de Derechos Humanos, serían campeones de matemáticas y poseen habilidades físicas más propias de Juegos Olímpicos que de muchachos corrientes. Increíble, ¿verdad? Ahora imaginen que el padre es un hippie antisocial y trasnochado que educa a sus hijos en pleno bosque, que regala armas reales a sus hijos para enseñarles a cazar en la naturaleza salvaje y que, en pleno delirio antirreligioso, cambia la Navidad por el “día de Noam Chomsky”, autor antisistema de referencia entre la extrema izquierda estadounidense. Ya no suena tan bien.

El permanente choque entre el capitalismo y la cultura antisistema articula “Captain Fantastic” del director Matt Ross, una -cuanto menos interesante- fábula sobre la atípica vida de una familia criada en un entorno salvaje que se ve empujada a adentrarse en el mundo real a raíz de un evento trágico. El permanente dilema moral y ético de la crianza de los hijos está presente durante todo el relato, en el que vemos a un padre (Viggo Mortensen) tomar los caminos que considera más adecuados para su familia mientras delega en nosotros, los espectadores, la voluntad de decidir sobre la magnitud de sus incontables errores hacia sus hijos. Muy inteligentes pero tremendamente inadaptados.

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“Captain Fantastic” toca el drama familiar y la comedia de forma sorprendente y provocadora, suscitando la reflexión política y social sin renunciar a un cierto toque comercial. La evidente colisión entre la sociedad de consumo y el microsistema comunistoide en el que crece la familia da como resultado momentos incómodos, cómicos e incluso tiernos, que evolucionan desde un inicio engañosamente maniqueísta hacia un conflicto intelectual en el que todos nos acabaremos decantando.

Se agradece la interesante posición neutral de Ross, que muestra estar sobradamente capacitado para articular el relato sobre el amor de un padre que, en plena ceguera, comete aciertos y errores. Una fábula en la que se presentan las dos caras de la moneda, ambas con sus luces y sus sombras, pero girando en torno a una verdad: la de un padre que, en cualquier caso, siempre quiere lo mejor para sus hijos.

Puntuación: 3/5

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