
Italia ha tomado una ventaja cada vez mayor sobre España en la gestión de los fondos europeos Next Generation. El Gobierno de Giorgia Meloni ya ha ejecutado 109.000 millones de euros entre subvenciones y préstamos, más del doble que los 45.000 millones movilizados en la práctica por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, según los datos oficiales de Eurostat recogidos por el economista Santiago Sánchez y citados por Vozpópuli.
El contraste desmonta uno de los grandes relatos económicos del Gobierno español, que durante los primeros años del Mecanismo de Recuperación presumió de estar a la cabeza de Europa en la recepción de fondos comunitarios. Sin embargo, desde octubre de 2023, Italia no sólo adelantó a España en desembolsos recibidos, sino que ha ido ampliando su ventaja en lo verdaderamente decisivo: la ejecución real del dinero en la economía.
El primer sorpasso llegó cuando Bruselas transfirió a Italia 39.000 millones de euros, frente a los 37.000 millones recibidos por España, debido al mayor cumplimiento italiano de reformas e hitos pactados con la Comisión Europea. Desde entonces, la distancia no ha dejado de crecer.
El Gobierno de Meloni ha combinado subvenciones a fondo perdido y préstamos en condiciones favorables para acelerar la llegada de fondos a empresas, proyectos e inversiones. España, en cambio, decidió no acceder a los 83.000 millones de euros en préstamos que la Comisión Europea había puesto a disposición de Moncloa, además de los cerca de 80.000 millones en transferencias.
La explicación oficial del Ejecutivo de Sánchez fue que el Tesoro español tenía acceso suficiente a los mercados para financiarse. Pero la lectura política es distinta: las dificultades para ejecutar los fondos, la burocracia, los retrasos en los grandes proyectos y la falta de coordinación entre administraciones terminaron rebajando la ambición del plan español.
Mientras Italia había recibido a finales del pasado año 89.000 millones de euros en préstamos, otros países del sur de Europa también optaron por aprovechar esa vía. Portugal recibió 3.400 millones y Grecia 11.400 millones. España, pese a tener una economía de tamaño comparable a la italiana, renunció a un instrumento que habría podido ampliar el impacto del plan de recuperación.
El problema español no es sólo de volumen, sino también de destino. Según el análisis de Santiago Sánchez, desde el inicio de los Next Generation España ha empleado alrededor del 34% de los fondos en inversión —formación bruta de capital fijo—, mientras que en torno a un 22% habría acabado destinado a gasto corriente.
Ese uso de fondos europeos para cubrir gastos ordinarios ya había sido advertido por expertos en ejecución presupuestaria y ha sido señalado también por el Tribunal de Cuentas. La sospecha es clara: parte del dinero que debía servir para transformar la economía española se ha utilizado para tapar agujeros de un Gobierno incapaz de aprobar presupuestos y dependiente de una arquitectura fiscal cada vez más tensionada.
La Comisión Europea evalúa ahora un nuevo desembolso para España, el sexto, por valor de 6.000 millones de euros. El Gobierno confía en recibirlo antes del verano y aspira a acceder a la séptima y última entrega antes de agosto, fecha límite para las subvenciones.