El anunciado acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán apenas tendrá reflejo inmediato en el bolsillo de los conductores españoles, ya que la prevista caída de los precios internacionales del petróleo quedará neutralizada por una decisión del Gobierno de Sánchez que encarecerá los carburantes a partir del próximo 1 de julio.
Según adelanta El Economista, el Ejecutivo de Sánchez devolverá las cargas fiscales de los combustibles a sus niveles anteriores, una medida que provocará un incremento cercano al 13% en los precios que pagan los consumidores en las estaciones de servicio.
El principal factor de incertidumbre sigue siendo el impacto que tuvo el cierre del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta. La interrupción del tráfico marítimo y el cierre temporal de numerosos pozos petrolíferos han dejado secuelas que, según estimaciones de la industria, tardarán al menos tres meses en resolverse incluso en el escenario más favorable.
En paralelo, las grandes compañías energéticas comienzan a beneficiarse de una creciente prima por escasez. Un informe de S&P Global Market Intelligence, concluye que los analistas han reducido un 1,9% las previsiones de producción energética mundial para 2026, equivalente a 1,5 millones de barriles diarios de petróleo equivalente, mientras elevan un 57% sus estimaciones de beneficios para el sector.
La revisión, sin embargo, no afecta por igual a todas las regiones. Estados Unidos, Iberoamérica y los países nórdicos aparecen como los grandes beneficiados por la restricción de oferta, mientras que Oriente Medio continúa sometido a los riesgos derivados de las interrupciones de producción y transporte.
En el lado opuesto figuran productores alejados de los principales focos de tensión geopolítica. Empresas como Devon Energy han elevado significativamente sus previsiones de producción y beneficios, impulsadas por una mayor capacidad para cubrir parte del déficit global de oferta.
También Petrobras se sitúa entre las compañías favorecidas.