
El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, propondrá al resto de países de la Unión Europea la creación de un nuevo impuesto dirigido a los grandes patrimonios, una medida que gravaría con un 2 % a las fortunas superiores a 100 millones de euros y que, según sus cálculos, permitiría recaudar hasta 67.000 millones de euros en el conjunto comunitario para reforzar las políticas sociales.
La iniciativa será planteada durante una reunión informal de ministros de Empleo y Asuntos Sociales que se celebra en Chipre, y se enmarca en la ofensiva fiscal del ala más ideológica del Gobierno para incrementar la presión tributaria sobre las grandes fortunas. Desde el Ministerio de Derechos Sociales aseguran que este nuevo tributo serviría para fortalecer el llamado Estado social europeo.
«Debemos demostrar que el Estado social funciona y que es capaz de defender los intereses de la gente común, asegurando unas condiciones mínimas de bienestar, de libertad y de seguridad», afirmó Bustinduy. En la nota oficial, el ministerio califica la iniciativa como un «impuesto para los ultrarricos» que permitiría reforzar la política social en toda la UE.
El diseño del gravamen se basa en una propuesta del economista francés Gabriel Zucman, habitual referente de las tesis fiscales más intervencionistas. Según estimaciones del Observatorio Fiscal de la Unión Europea, solo en España este impuesto permitiría recaudar alrededor de 5.200 millones de euros, una cantidad que el ministro ha sugerido «destinar a programas contra la pobreza infantil».
Bustinduy defendió esta propuesta en declaraciones en vídeo distribuidas por el canal oficial de comunicación de la Comisión Europea, donde insistió en que se trataría de una «tasa mínima» del 2 % aplicada de forma coordinada entre los Estados miembros para evitar la fuga de capitales y la competencia fiscal entre países.
El ministro sostuvo que los 67.000 millones de euros que podrían recaudarse a escala europea permitirían financiar políticas sociales de gran alcance y reforzar la «cohesión social», además de sentar las bases para una mayor autonomía estratégica del continente. «Es la base sobre la que Europa debe asumir de una vez un papel independiente y autónomo en el mundo», señaló.