La guerra tecnológica entre Washington y Pekín abre una oportunidad para la industria española
Elon Musk recurre a tecnología vasca para su fábrica de chips en Texas tras el cerco de Trump a China
Elon Musk recurre a tecnología vasca para su fábrica de chips en Texas tras el cerco de Trump a China
Elon Musk. Europa Press.
Por LGI
19 de junio de 2026

La ofensiva de Donald Trump para reducir la dependencia tecnológica de China ha abierto una oportunidad inesperada para la industria española. Varias empresas especializadas en sistemas eléctricos, principalmente del País Vasco, negocian y cierran pedidos destinados a las futuras fábricas de chips impulsadas por Elon Musk en Texas.

Ante las restricciones estadounidenses sobre determinados equipos y componentes chinos, los intermediarios del empresario norteamericano han comenzado a buscar proveedores alternativos capaces de suministrar tecnología fiable para instalaciones críticas.

Entre las compañías españolas contactadas figuran Arteche, Ingeteam, Ormazabal y ZIV, todas ellas vinculadas al tejido industrial vasco, además de las firmas toledanas Imefy e Inael Electrical Systems, según recoge The Objective.

Los equipos se destinarían, entre otros proyectos, al laboratorio experimental de semiconductores que Tesla prepara dentro de su complejo industrial de Austin y a Terafab, la gran iniciativa conjunta de Tesla, SpaceX y xAI para fabricar procesadores de inteligencia artificial.

Una planta piloto de 3.000 millones

El primer proyecto consiste en una fábrica experimental o Research Fab situada dentro de los terrenos de la gigafactoría de Tesla en Austin. La instalación requerirá una inversión aproximada de 3.000 millones de dólares y estará destinada a producir unos pocos miles de obleas de silicio al mes.

Su finalidad no será fabricar chips a gran escala de forma inmediata, sino probar diseños, corregir errores y acelerar el desarrollo de nuevos procesadores. Entre ellos figura el Tesla AI5, llamado a desempeñar un papel esencial en los vehículos autónomos, los robots humanoides y las infraestructuras de inteligencia artificial de Musk. Las primeras pruebas podrían comenzar a finales de 2026.

En paralelo, Tesla, SpaceX y xAI trabajan en Terafab, un proyecto mucho más ambicioso con el que Musk pretende controlar toda la cadena de producción de semiconductores y reducir su dependencia de fabricantes externos. Intel se ha incorporado a la iniciativa y aportará su experiencia en diseño, fabricación y empaquetado de chips avanzados.

Tecnología española para proteger los procesadores de Musk

Las empresas españolas no fabricarían directamente los semiconductores, pero suministrarían una parte esencial de la infraestructura que permite producirlos sin interrupciones. Entre los equipos negociados se encuentran celdas eléctricas de media tensión que funcionan como interruptores y fusibles industriales, capaces de cortar el suministro en milisegundos cuando detectan un cortocircuito o una variación peligrosa.

Esta protección resulta crítica en una fábrica de chips. Una sobrecarga puede destruir procesadores en producción, equipos de litografía valorados en cientos de millones o sistemas completos de inteligencia artificial. Ormazabal cuenta con experiencia en este tipo de dispositivos, mientras otras compañías españolas fabrican transformadores preparados para soportar cargas continuas y extremas sin sobrecalentarse.

Los equipos pueden transmitir datos en tiempo real sobre su estado, detectar fallos antes de que provoquen apagones y garantizar una alimentación estable a las instalaciones. Las empresas también ofrecen centros eléctricos prefabricados: estructuras de hormigón o metal que llegan a la obra con transformadores, celdas y cuadros ya instalados, conectados y probados.

Trump golpea la dependencia de China

El interés por los proveedores españoles coincide con el endurecimiento de la política estadounidense frente a la industria tecnológica china. La Administración Trump ha ampliado los controles sobre la transferencia de equipos y tecnologías capaces de favorecer la producción de semiconductores avanzados en China, especialmente aquellos destinados a inteligencia artificial y aplicaciones de doble uso.

Washington considera que conservar la ventaja tecnológica en este sector constituye una cuestión de seguridad nacional. Las restricciones están obligando a las empresas estadounidenses a reorganizar sus cadenas de suministro y buscar componentes en países aliados, en lugar de recurrir a fabricantes chinos.

El movimiento beneficia a empresas europeas capaces de ofrecer tecnología especializada, aunque también expone la debilidad de una Europa que desarrolla componentes de alta calidad pero carece de proyectos industriales de la escala de los impulsados en Estados Unidos.

La inteligencia artificial dispara el consumo eléctrico

El auge de la inteligencia artificial ha convertido el suministro energético en uno de los principales desafíos tecnológicos. Los grandes centros de datos y las fábricas de chips necesitan cantidades enormes de electricidad para alimentar los procesadores y mantener refrigerados los equipos.

Una interrupción de apenas unos segundos puede paralizar la producción y provocar pérdidas millonarias. Por eso, los sistemas de protección, transformación y distribución eléctrica se han vuelto tan estratégicos como los propios semiconductores. Las compañías españolas encuentran aquí una oportunidad para incorporarse a una cadena tecnológica dominada tradicionalmente por Estados Unidos, China, Taiwán, Corea del Sur y Japón.

Musk quiere fabricar sus propios cerebros electrónicos

El entramado empresarial de Musk ya diseña chips específicos para sus principales proyectos. Tesla desarrolla los procesadores FSD, que analizan en tiempo real las imágenes captadas por las cámaras de sus vehículos para ejecutar funciones de conducción autónoma. También trabaja en chips destinados a entrenar modelos de inteligencia artificial con los millones de horas de vídeo recopiladas por su flota.

Neuralink, por su parte, ha diseñado procesadores capaces de registrar la actividad neuronal y permitir que personas con parálisis controlen dispositivos mediante el pensamiento. Con Terafab, Musk pretende dar el siguiente paso: dejar de limitarse al diseño y controlar también la producción física de los chips.

La apuesta de Trump por aislar tecnológicamente a China está acelerando ese proceso y, al mismo tiempo, abriendo espacio para que la industria española participe en uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos del mundo.

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