
El caso Maricarmen es sólo la punta del iceberg y el árbol que no deja ver el bosque. Es la anécdota. Porque la crisis de la vivienda en España es un problema mucho más amplio, de raíces más profundas que está provocando una auténtica transformación del mercado que cada vez resulta más visible y habitual: pisos completos que se dividen en pequeñas habitaciones para multiplicar los ingresos por alquiler mientras miles de personas se ven obligadas a compartir vivienda ante la imposibilidad de acceder a un inmueble en solitario.
El caso recogido este domingo por LaSexta pone rostro a esta realidad. Eva paga 500 euros al mes por una habitación diminuta, con una cama prácticamente encajada bajo el techo y un cuarto de baño que lleva semanas inutilizado por una fuga y problemas de humedad. «No puedo dormir aquí ni habitar, ni respirar», denuncia.
La inquilina comparte la vivienda con otras tres personas y entre todos abonan alrededor de 2.000 euros mensuales. Ante la falta de una solución por parte del propietario, Eva asegura que ha tenido que dormir en un colchón colocado en el salón. El conflicto ha terminado además en acciones legales.
El testimonio coincide con una tendencia que muestran los datos del mercado. Según Idealista, el precio medio de una habitación en España alcanza los 425 euros mensuales, mientras que alquilar un apartamento de un dormitorio cuesta de media 984 euros. Es decir, vivir solo supone pagar un 132% más que alquilar una habitación. Quien puede permitírselo.
La consecuencia es que la habitación deja de ser una solución temporal para convertirse en vivienda permanente para trabajadores y familias que no pueden asumir el coste de un piso completo. Y una alternativa que usan miles de familias inmigrantes ante los altos precios.
Es precisamente sobre esta transformación sobre la que ha puesto el foco el portavoz nacional de Vivienda de VOX, Carlos H. Quero. El diputado ha definido en redes sociales el problema: «España es ya un gran piso patera en el que el estándar de vida ya no es la casa entera sino la habitación». Y el día a día de esa tipología de casas, ¿cómo se organiza? Quero lo explica: «Todo lo demás a compartir: vitrocerámica, nevera, sofá y ducha».
En su mensaje, el diputado describe este fenómeno como una transformación del modelo residencial: varias personas o familias ocupando espacios que anteriormente formaban parte de una vivienda convencional, compartiendo vida y estancias. Quero lo define como «chabolismo vertical» y sostiene que el alquiler por habitaciones permite que familias de fuera «donde antes vivía una española» paguen por separado cantidades que, juntas, superan ampliamente el alquiler tradicional de una vivienda. En su tuit lo deja claro: «Cuatro familias extranjeras donde antes vivía una española. Cada una paga menos, juntas pagan mucho más. Y alguien se forra».
El caso de Eva ilustra precisamente la primera parte de ese planteamiento: una vivienda dividida en habitaciones que genera cerca de 2.000 euros mensuales, mientras sus ocupantes afrontan unas condiciones que, según su testimonio, dificultan incluso dormir y utilizar uno de los baños.
¿Hay una causa directa?: «La inmigración masiva». Lo apunta Carlos H. Quero y lo desarrolla: «Cinco millones en cinco años, mientras se hacían menos de 100.000 casas al año, es un negociazo y una herramienta de primera para degradar condiciones habitacionales hasta niveles desconocidos en Europa».
La otra protagonista del reportaje televisivo, Ledis, también explica las dificultades. Trabaja cuidando a una persona mayor y asegura que, con un salario mínimo, pagar 600 euros por una habitación le deja apenas 300 o 400 euros para afrontar el resto de sus gastos.
Así, los dos relatos convergen en una misma realidad: el encarecimiento de la vivienda está empujando a más personas a compartir espacios cada vez más pequeños y caros. Y mientras, el problema de fondo, la inmigración masiva que provoca ese «chabolismo vertical», se alienta.