
La inflación en España ha dejado una factura directa en los hogares: las familias han tenido que recortar en torno a 400 euros su gasto anual en alimentación, según constata el Banco de España en la última Encuesta Financiera de las Familias (EFF) 2024.
El ajuste, que afecta de lleno a la economía doméstica, refleja un deterioro claro del poder adquisitivo de los ciudadanos, especialmente en los productos básicos. El supervisor advierte de que este recorte no responde a un cambio de hábitos voluntario, sino a una «fase de intensa perturbación inflacionista» que ha obligado a los hogares a apretarse el cinturón.
El informe subraya que «este episodio inflacionista redujo de forma notable la capacidad adquisitiva de las familias y encareció de manera generalizada su cesta de consumo», evidenciando el golpe directo de la crisis de precios sobre el día a día.
Entre finales de 2022 y finales de 2024, el gasto mediano anual en alimentación cayó de 6.400 a 6.000 euros, lo que supone un ajuste real de 400 euros en apenas dos años. Una cifra que ilustra la magnitud del impacto en la cesta de la compra.
La raíz del problema, según el organismo, se encuentra en el efecto dominó iniciado por el encarecimiento energético. «Primero a través del componente energético y posteriormente mediante su traslación a los alimentos», detalla el documento.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan esta escalada: el precio de los alimentos pasó de subir un 4,8% interanual en enero de 2022 a dispararse hasta el 15,7% en diciembre de ese mismo año. La situación empeoró a comienzos de 2023, con picos del 16,6% en febrero y del 16,5% en marzo.
Pese a que la inflación general se moderó desde el máximo del 10,8% alcanzado en julio de 2022 hasta el 2,8% a finales de 2024, el alivio fue más aparente que real. El propio Banco de España reconoce que esta caída fue «impulsada sobre todo por la bajada de los precios energéticos», mientras que los alimentos mantuvieron una presión constante.
En paralelo, las rentas de los hogares experimentaron una mejora estadística. La renta media anual se situó en 46.300 euros y la mediana en 36.100 euros en 2023, con aumentos reales del 4,6% y del 7,8%, respectivamente. Sin embargo, este incremento no compensó el encarecimiento del supermercado.
El resultado, según el supervisor, es un fenómeno que desmonta el relato de recuperación: los salarios suben, pero el ciudadano pierde capacidad real de compra. En la práctica, «las familias no comen electricidad», por lo que la bajada de la energía no ha servido para aliviar el golpe de los alimentos.
El informe también alerta de que el impacto no ha sido homogéneo. Las familias con menores ingresos, los jóvenes, los trabajadores y los hogares de entre 65 y 74 años han sufrido con mayor intensidad este ajuste forzoso en la cesta básica.
En concreto, el 20% de los hogares más vulnerables han registrado las mayores caídas en su presupuesto alimentario, evidenciando que la inflación alimentaria ha golpeado con más dureza a quienes menos margen tenían.
Este desfase entre ingresos y precios, con una inflación de dos dígitos en alimentos frente a unos salarios que no logran seguir el ritmo, explica el sacrificio económico que ahora queda reflejado en las estadísticas oficiales.