
La crisis de la vivienda en España continúa agravándose y amenaza con intensificarse durante los próximos años. El Banco de España estima que el déficit habitacional alcanza ya las 750.000 viviendas, una cifra que supera en 150.000 inmuebles la calculada hace apenas dos años y que refleja la creciente distancia entre la creación de hogares y la capacidad del mercado para absorber esa demanda.
La advertencia figura en el informe anual correspondiente a 2025 presentado este miércoles por la institución que dirige José Luis Escrivá, donde se pone de manifiesto que el problema ha dejado de afectar exclusivamente a las rentas más bajas para extenderse también a las clases medias e incluso a los hogares con mayores ingresos, hasta convertirse en un «enorme problema social».
«Los datos no son muy halagüeños», reconoció el director general de Economía del Banco de España, David López Salido, durante la presentación del informe, en la que alertó de que el desequilibrio entre oferta y demanda seguirá aumentando como consecuencia de la evolución demográfica y de las dificultades para incrementar el parque residencial.
La principal consecuencia de esta escasez de vivienda es el encarecimiento sostenido de los precios de compra y alquiler, una situación que está expulsando a un número creciente de ciudadanos del mercado de la propiedad. Según el informe, la proporción de hogares que viven de alquiler ha aumentado en 6,3 puntos porcentuales desde 2007 hasta situarse en el 20,2% en 2025, un nivel similar al registrado a comienzos de los años ochenta.
La situación resulta especialmente complicada para los jóvenes. Entre los hogares cuyo principal sustentador tiene menos de 30 años, la tasa de alquiler se ha incrementado en 15,4 puntos porcentuales desde 2007, hasta alcanzar el 54,7%.
Además, el esfuerzo necesario para acceder a una vivienda en propiedad se ha disparado. Las personas jóvenes necesitan destinar el equivalente a 7,5 años de renta neta para adquirir un inmueble. En grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga, ese esfuerzo supera los diez años de ingresos. De media, los hogares españoles que viven de alquiler deberían dedicar 6,8 años de renta neta para convertirse en propietarios.
El deterioro del acceso a la vivienda queda reflejado también en la participación de los jóvenes en el mercado inmobiliario. Si en 2007 las personas de entre 18 y 35 años representaban el 41% de las compras de vivienda, en 2025 apenas alcanzaron el 22%, prácticamente la mitad.
El informe también identifica problemas estructurales en el sector de la construcción. Únicamente el 7% de los afiliados a la Seguridad Social trabaja en la construcción, cuatro puntos menos que en 1999, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.
Ante esta situación, el Banco de España considera que las soluciones deben centrarse en aumentar la oferta. «No se ataja el problema con medidas por el lado de la demanda, sino del lado de la oferta», afirmó López Salido. Entre las propuestas destacan la construcción de vivienda pública asequible, una mayor implicación de las administraciones locales, el impulso a la construcción industrializada, la rehabilitación de inmuebles y la movilización de viviendas vacías.