
España arde. Cuatro muertos, casi 400.000 hectáreas calcinadas, decenas de miles de evacuados y más de 150 pirómanos detenidos o investigados, mientras el Gobierno culpa al «cambio climático», ese concepto difuso e ideológico desde el que justifican las tropelías, las restricciones y el abandono al mundo rural.
La oleada de incendios tiene culpables: los pirómanos, para quienes sólo VOX pide endurecer las penas, y el bipartidismo que durante décadas ha dejado abandonados los montes, y ha vaciado los pueblos de quienes más y mejor saben proteger y cuidar la tierra. Cuando las llamas avanzan, PP y PSOE sólo saben reprocharse competencias y usar el fuego como arma arrojadiza para continuar la estafa.
La devastación actual es resultado de décadas de negligencia e irresponsabilidad. Las administraciones del Partido Popular y del PSOE recortaron más de la mitad del presupuesto para prevención de incendios en 13 años. El Gobierno sólo destina el 0,4% del gasto a dicha prevención, muy por debajo de la media europea. El resultado está a la vista: montañas convertidas en polvorines, bosques secos y pastizales abandonados.
Es consecuencia de la imposición de políticas erráticas y suicidas contra el pueblo español para cumplir agendas decididas por burócratas a los que nadie ha votado. El dogma climático que populares y socialistas defienden y ejecutan con sumisión impide limpiar los montes, impone burocracia y trámites infinitos que ahogan al agricultor, y una ideología radical que acaba con nuestra soberanía alimentaria, y que convierte hectáreas de terreno fértil en macroplantas eólicas y solares que arrasan la vida de las zonas rurales.
La solución pasa por volver a lo que siempre funcionó: sentido común y soberanía. Recuperar prácticas tradicionales como el pastoreo. Los cortafuegos y las limpiezas regulares. Dotar a los bomberos forestales de medios suficientes. Y poner pie en pared frente a los defensores de un fanatismo climático que una vez más pone en jaque la prosperidad de la nación.