
Cuatro años después de aquel sonoro portazo, Pedro Sánchez sigue ocultando las verdaderas razones que le llevaron a fulminar a José Luis Ábalos en julio de 2021. El episodio, sin embargo, dejó una escena reveladora: el ministro de Transportes, sorprendido y desconcertado, llegó a preguntar al presidente si al menos le reservaba algún cargo. La respuesta fue un seco «no».
La conversación, que tuvo lugar tras una convocatoria personal en Moncloa, puso fin a la etapa de uno de los hombres más leales a Sánchez, al que acompañó desde aquellos viajes en Peugeot recorriendo las agrupaciones socialistas para recuperar el poder en el PSOE. «José Luis, aquí termina un largo viaje que hemos hecho juntos«, le dijo Sánchez entonces, según revelan ahora fuentes socialistas a Abc.
Ábalos, que no quería quedar como un simple diputado raso, inquirió: «¿Hay algo para mí?«. La negativa dejó clara la desconfianza del presidente, pese a que su sustituta, Raquel Sánchez, acabó siendo premiada con la presidencia de Paradores.
En su entorno explican que la intención del destituido no era tanto buscar una colocación cómoda como evitar que su cese se interpretase como un castigo. «A José Luis lo dejaron tirado como un clínex», lamentan personas próximas. Su salida abrupta lo marcó dentro del partido: muchos vieron en la decisión de Sánchez un mensaje de desconfianza total, que lo dejó aislado entre los suyos.
A toro pasado, algunos justifican la maniobra de Sánchez por lo que vendría después: el estallido del caso Koldo y las investigaciones sobre contratos opacos en su ministerio. Ábalos, no obstante, permaneció en el Congreso y mantuvo su actividad política, incluso cuando su abogado le ha recomendado pactar con la Fiscalía para reducir riesgos en la causa judicial. Él se niega, convencido de su inocencia, más allá de haber enchufado a Jésica Rodríguez en su gabinete.
En 2021, el exministro incluso estuvo dispuesto a asumir el cese como una decisión propia, alegando motivos personales: su matrimonio hacía aguas y temía que sus desavenencias acabasen trascendiendo y generando un escándalo. Hoy, a la luz de las revelaciones sobre la relación con Jésica Rodríguez, aquellas preocupaciones parecen más comprensibles. Pero fue Sánchez quien quiso dejar claro que la decisión era suya y sólo suya.
Respecto al fondo de la cuestión, distintas versiones apuntan a que Sánchez ya había escuchado rumores de corrupción que más tarde cristalizarían en el caso Koldo. También se mencionaron en Ferraz los comentarios maliciosos sobre el estilo de vida del ministro, que varias dirigentes socialistas no dudaron en airear, en la línea de las sospechas sobre su vida privada que él mismo temía que salieran a la luz.
Pese al portazo, Ábalos no desapareció. Sánchez lo incluyó en las listas del PSOE para las generales de 2023 y hoy sigue como diputado —en el Grupo Mixto tras su expulsión del grupo socialista—. También aspiraba a un retiro dorado en Bruselas: le habían «garantizado» un puesto en las listas para las europeas de 2024, con un mandato cómodo y bien pagado hasta su jubilación. Pero en febrero de 2024 estalló la operación Delorme, con la detención de Koldo García, su hombre de confianza, lo que precipitó su salida del grupo parlamentario y la apertura de un expediente antes incluso de que la investigación le señalara formalmente.