
La tragedia por el descarrilamiento de dos trenes en Adamuz ha reabierto un debate incómodo para el sistema ferroviario español. La inversión existe, pero su orientación plantea dudas. Un informe de la Comisión Europea revela que España destina la inmensa mayoría del gasto en alta velocidad ferroviaria a nueva infraestructura, mientras deja en un segundo plano el mantenimiento y la conservación de la red existente.
Según el noveno informe sobre la evolución del mercado ferroviario en la Unión Europea, publicado el 30 de julio de 2025, el gasto anual medio en alta velocidad en España ascendió a 1.480 millones de euros entre 2018 y 2022. De esa cantidad, 1.240 millones, el 84%, se dirigieron a nuevas inversiones para ampliar la red, frente a apenas 240 millones, el 16%, destinados al mantenimiento de las infraestructuras ya operativas, detalla Vozpópuli.
El propio documento subraya que «España, Francia e Italia siguen liderando las inversiones en alta velocidad, lo que contribuye a mejorar la conectividad y reducir los tiempos de viaje en todo el continente». Sin embargo, el desglose comparativo sitúa a España como el país que menos peso concede al mantenimiento. Francia, segundo por volumen de gasto con una media anual de 1.360 millones, dedica un 34% a conservación y renovación, y un 66% a nuevas inversiones.
El sesgo inversor se ha intensificado con la llegada de los fondos Next Generation. España ha recibido una inyección multimillonaria orientada a la modernización ferroviaria, con prioridades claras como la digitalización, la sostenibilidad y la creación de nuevas vías. Ese diseño ha elevado el volumen de obra nueva, pero no ha corregido el desequilibrio con el gasto corriente de mantenimiento.
En este reparto destaca el papel de Adif. No existe ninguna entidad, pública o privada que haya recibido tantos fondos europeos. Desde 2021, la empresa estatal figura de forma recurrente como el mayor receptor. A octubre de 2025 acumulaba 5.877 millones de euros, de los que 2.915 millones correspondían a su filial de alta velocidad.
Los datos más recientes de Eurostat confirman que esta lógica no se limita a la alta velocidad. En 2024, España gastó 4.319 millones de euros en infraestructura ferroviaria. De ellos, 3.636 millones, el 84%, se clasifican como inversión, y sólo 683 millones como mantenimiento. De nuevo, el 16% del total.
Eurostat considera infraestructura tanto los terrenos y construcciones de vías como edificios, puentes, túneles y elementos fijos asociados. En el apartado de inversión, sólo computan las nuevas infraestructuras o las obras de gran calado que mejoran la capacidad o el rendimiento original. El mantenimiento ordinario, el que garantiza la seguridad y el estado de la red, permanece estancado.
El contraste resulta aún más evidente al observar la evolución del tráfico ferroviario tras la liberalización del mercado en 2021. La entrada de Ouigo y, después, de Iryo disparó la demanda. El número de pasajeros en alta velocidad pasó de 13,5 millones en 2021 a 40 millones en 2024, según datos de Adif y de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.
En ese mismo periodo, la inversión en alta velocidad aumentó de 1.216 millones a 2.459 millones. El tráfico de viajeros creció un 197%, mientras que la inversión lo hizo un 102%. Casi la mitad. Los gastos destinados a mantener la capacidad y el estado original de la infraestructura, en cambio, no sólo no crecieron, sino que retrocedieron ligeramente respecto a antes de la pandemia.