
El Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria ha interceptado en el Atlántico un velero cargado con cerca de 2,5 toneladas de cocaína y ha detenido a sus cuatro tripulantes, de nacionalidades argentina, uruguaya, colombiana y albanesa, según informa El País.
La embarcación, denominada Seute Deern y con bandera polaca, fue localizada a unas 400 millas de las costas gallegas por el buque de Operaciones Especiales Petrel I, después de varios días de seguimiento. Posteriormente fue remolcada hasta el puerto de Vigo.
El balance actualizado ofrecido en Galicia sitúa el cargamento en unos 78 fardos y alrededor de 2,5 toneladas de cocaína. El comunicado inicial de la Agencia Tributaria había contabilizado 70 fardos con un peso próximo a los 2.100 kilos.
Los cuatro hombres que viajaban a bordo fueron detenidos durante el abordaje. Las autoridades identifican a los tripulantes como un ciudadano argentino, otro uruguayo, un colombiano y un albanés.
Este último habría desempeñado un papel especialmente relevante: según la Agencia Tributaria, actuaba como «notario» de la organización criminal receptora, encargado de certificar ante el grupo que la operación se estaba desarrollando de acuerdo con lo pactado. Los detenidos están siendo investigados por presuntos delitos de pertenencia a organización criminal, contrabando y delito contra la salud pública.
La incautación forma parte de la denominada operación Doncella, una investigación iniciada en febrero y dirigida por Vigilancia Aduanera en Girona. Los agentes detectaron entonces una embarcación de vela de entre 13 y 15 metros que podía haber participado previamente en una operación ilícita en la zona fronteriza entre España y Francia.
Las pesquisas permitieron identificar el Seute Deern, un velero tipo sloop de unos 14 metros de eslora y bandera polaca. Según la Agencia Tributaria, los indicios apuntaban a una organización especializada en facilitar embarcaciones de recreo para transportar grandes cantidades de droga a diferentes grupos criminales de Europa del Este y los Balcanes.
La operación no terminó en el mar. Mientras el Petrel I trasladaba el velero hasta Vigo, los investigadores detuvieron en Girona a un ciudadano chileno señalado como responsable de captar las embarcaciones utilizadas por la red.
Las autoridades buscan además a otra persona establecida en Barcelona, de nacionalidad española, que presuntamente se encargaba de custodiar las embarcaciones, proporcionar seguridad y detectar posibles seguimientos policiales. La investigación permanece abierta y no se descartan nuevas detenciones.
Los investigadores localizaron la embarcación en el puerto de Roses, en Girona, durante el pasado mes de junio y comenzaron a vigilar sus movimientos. El 11 de julio, el barco abandonó el puerto sin activar el sistema de identificación automática AIS, obligatorio durante la navegación en determinadas circunstancias.
A partir de ese momento comenzó un rastreo internacional en el que participaron la NCA británica y la DEA estadounidense, coordinadas a través del Centro de Análisis y Operaciones Marítimas en materia de Narcotráfico. Finalmente, el Petrel consiguió localizar electrónicamente la embarcación en la madrugada del 14 de septiembre, a unas 400 millas de Galicia.
Cuando los agentes abordaron el velero encontraron decenas de fardos distribuidos por diferentes zonas de la embarcación. El barco llevaba además una antena Starlink, un sistema que, según responsables de la Agencia Tributaria en Galicia, aparece cada vez con mayor frecuencia en embarcaciones utilizadas por narcotraficantes para mantener comunicaciones en alta mar.
El alijo ha sido trasladado a Vigo junto con los detenidos para su puesta a disposición judicial. La causa será instruida por la Audiencia Nacional.
La Agencia Tributaria encuadra la operación dentro de la lucha contra la denominada Ruta Atlántica de la cocaína. Las organizaciones utilizan embarcaciones de recreo, especialmente veleros, para desplazarse hacia zonas del Atlántico donde reciben cargamentos procedentes de Sudamérica y posteriormente tratan de introducirlos en Europa.
El uso de barcos aparentemente ordinarios permite a las redes intentar confundirse con el tráfico marítimo convencional y reducir las posibilidades de detección.